Bolivia: el país de las experiencias

Bolivia es un país contradictorio. Por un lado el caos, por otro, la templanza de su gente. Adaptarse y entenderlo no es fácil, nos costó, nos cuesta todavía. Lo bueno es que hablando con otros viajeros nos dimos cuenta que no éramos los únicos que sentíamos estas contradicciones. Lo importante es comprender que es otra cultura, lo difícil es entender por qué, si estando tan cerca de Argentina, somos países tan diferentes.

Estos 15 días en Bolivia vivimos de todo. Si bien pensábamos quedarnos un mes, nos sentimos satisfechos con lo que conocimos y la verdad es que pudieron más nuestras ganas de volver a Perú, el país de nuestros amores y donde nació, sin que nos diéramos cuenta, la idea de este viaje.

Tupiza y el bloqueo

Después de pasar la mañana más fría de todas en La Quiaca, cruzamos la frontera con Bolivia por Villazón sin problemas y sin revisión de ningún tipo. Un sello nos autorizó a quedarnos por tres meses en el país vecino. El primer destino fue Tupiza, una linda ciudad, prolija y calurosa que nos obligó a sacar la ropa de verano que teníamos bien guardada. Caminamos, descansamos, sacamos fotos y empezamos a empaparnos de todo lo nuevo que vendría: otra moneda, otra comida, otra forma de hablar, otras, otras, otras. Después de dos noches allí, decidimos ir para Potosí. Salimos temprano después de que un mecánico regulara el punto del distribuidor de la Kombi para prepararnos para la altura, y a los 5 minutos de tomar la ruta, nos vimos obligados a frenar por un bloqueo. Sabíamos que entramos a Bolivia en un periodo complicado (a un mes de las elecciones presidenciales) y donde los bloqueos son moneda frecuente. Esta vez eran los jubilados pidiendo por un bono. Algunas horas pasaron y como no teníamos nada mejor que hacer, nos quedamos esperando que abrieran ya que había rumores de que dejarían pasar algunos autos. Hicimos nuevos amigos, cocinamos fideos en la Kombi que compartimos con un taxista, nos reímos de un grupo de alemanes que se creyeron que podían convencer a los señores de levantar el corte y que salieron corriendo asustados, y esperamos… Recién a las 19 se levantó el bloqueo y pudimos pasar. Pero como ya estaba oscuro decidimos parar a dormir en Santiago de Cotagaita y atrasar nuestra llegada a Potosí un día más.

Tupiza
La barrera que nos impidió el paso

Potosí y la calidez entre tanto frío

Del calor de Tupiza llegamos a la helada y alta Potosí. Lo primero que nos llamó la atención fueron las calles finitas y la velocidad de los autos (pero esto mejor se los contamos más abajo). Gracias a Karen, una señora que contactamos por Coachsurfing, terminamos en la agencia Potoc’hij Tours, donde Toño y Vicky, una pareja de guías, nos abrió las puertas como si nos conocieran de toda la vida. Toño viene de una familia de mineros, su abuelo, su padre y él trabajaron en las minas. Por suerte, “El Lobo” (como lo llamaban ahí adentro), pudo cumplir su sueño de abrir su propia agencia de turismo. Como no podía ser de otra forma, visitamos las minas con él, quien nos contó con toda la sensibilidad que lo inunda, su experiencia allí dentro y la forma de vida que llevan los miles de mineros que entran por esos túneles durante 10 horas por día para ganarse el peso. Sin dudas es una experiencia muy movilizante. Cuando dentro del túnel nos encontramos con Miguel, un chico de 15 años que estaba empezando a trabajar ahí para reemplazar a su padre que se estaba por jubilar, Toño nos dijo que le podíamos preguntar lo que quisiéramos. Nos quedamos helados y sin decir una palabra. Miguel tenía cara de niño pero era todo un hombre al hacerse cargo de lo que le tocaba. Si bien la OIT prohibió el trabajo infantil en las minas, la regulación sostiene que pueden trabajar ahí personas desde los 14 años, es decir, niños. Toño nos contó, entre miles de cosas interesantes, que como dentro de las minas se pierde la noción del tiempo, los mineros mascan coca al entrar y cuando ya el efecto se va pasando, es hora de un descanso. Además, conocimos el ritual que se hace al Tío, una figura que representa al diablo y al que hay que hacerle ofrendas con coca, alcohol y cigarrillos para que este cuide a los mineros de cualquier accidente y se obtengan buenos minerales.

La primera lluvia desde que dejamos Buenos Aires nos tocó al salir de las minas. El frío y el viento no ayudaron, pero de alguna manera el clima hostil coincidía con el ambiente y las sensaciones que acabábamos de vivir. Si bien los siguientes días también fueron de frío, Toño y Vicky lograron que nos quedáramos en Potosí. Con su amabilidad, entrega y unos mates de coca diarios, compartimos historias increíbles que si las contáramos nunca terminaríamos nunca de escribir esto.

minas
El lugar donde nos vestimos de mineros

Al día siguiente visitamos el Ojo del Inca, una laguna natural de agua termal en donde solían ir a bañarse los incas. Ahora la gente también va a bañarse (con shampú y todo) y hasta a lavar la ropa. Ese día justo había un bautismo de un grupo evangelista. Laguna multifunción.

El domingo 14 de septiembre fue un día que nunca nos vamos a olvidar. Sin dudas una de las experiencias más raras, graciosas e inesperadas. Salimos con Toño, Vicky, otro guía amigo llamado Nando y Marina, que es -como la define Toño- su guía espiritual andina, a visitar a las comunidades de Caltapi y Caiza, en las afueras de Potosí. El plan original era ir en bus hasta Caltapi y caminar por tres horas hasta llegar a Caiza. Allí tomar un bus de vuelta y estar para la tarde en Potosí. A diferencia de otras agencias, lo que buscan con esto Toño y Vicky es fomentar un turismo vivencial, donde las comunidades más aisladas puedan también vivir del turismo y, al mismo tiempo, el extranjero pueda llevarse otras experiencias, ver la forma de vida de estas comunidades y compartir unos días con ellos.

Un cambio de planes de último momento hizo que fueramos primero a Caiza, en donde conocimos y entrevistamos a Felix, habitante de toda la vida de allí y dueño de un hospedaje rural. Desde ahí empezamos una larga caminata que de 3 horas que debía durar se terminó convirtiendo en un trekking de 5 horas. Llegamos a la tardecita a Caltapi Alto en donde repartimos a los chicos del pueblo  la ropa que nos habían dado en Jujuy para donar. Allí conocimos a Doña Flora y Mariano, quienes nos abrieron las puertas de su casa y compartieron mote (maíz) y un queso de cabra casero recién hecho. Con la panza llena, el corazón feliz y el atardecer en nuestra espalda, caminamos hasta Caltapi Bajo en donde todo el pueblo se había reunido en una sola casa a festejar el fin de la época de cosecha. Después de dos días de festejo, la chicha había hecho efecto en los pobladores que intentaban contarnos algo difícil de descifrar. Con la atención, dedicación y amabilidad que los caracteriza, enseguida nos llenaron las manos de platos de comida y chicha y, aunque ya estábamos llenos, no podíamos rechazarlos porque se podían a ofender.

Cuando decidimos que era hora de volver, nos enteramos que la ruta por donde pasaban los buses estaba a una hora y media caminando. Teniendo en cuenta que estaba completamente oscuro,  que no llevábamos linternas y que quizás ningún bondi frenaría a levantarnos, la mejor opción era quedarnos a dormir en Caltapi. Nos ofrecieron instalarnos en un salón comunitario y mientras esperábamos a que nos abrieran, pasó un camión de minerales que nos llevó hasta la ruta. Como no había lugar en la cabina, nos subimos atrás con la carga (venía lleno de piedras!), nos abrigamos bien y vimos el cielo más estrellado de nuestras vidas. El camionero nos dejó en una estación de servicio y ahí hicimos dedo para llegar a Potosí. Bueno, “hacer dedo” en Bolivia no existe, ya que hasta los autos particulares te cobran por llevarte. Por suerte paró una camioneta que tenía suficiente lugar para los seis y nos alcanzó hasta la ciudad. Dora nos esperaba en un estacionamiento bien guardadita. Que linda sensación la de llegar a casa después de un día lleno de experiencias.

Caltapi
En la casa de Doña Flora y Mariano en Caltapi Alto

Uyuni y el paseo obligado

Si vas a Bolivia no podés dejar de conocer el salar de Uyuni, el más grande del mundo. Para ir hasta Uyuni tuvimos que dejar la Kombi en Potosí y así evitar un camino complicado de montaña. Llegamos al pueblo al mediodía esperando conseguir algún tour al salar que todavía no hubiera salido. Esperamos una hora pero no apareció nadie para ir con nosotros, así que tuvimos que quedarnos a dormir ahí y tomar un tour al día siguiente. Recorrimos el pueblo y caímos en el lugar indicado para comer: rico y barato, donde van los locales y sin turistas a la vista. Dormimos en un hotel en donde te alquilaban las toallas y tuvimos que pagar por el papel higiénico y salimos al salar al día siguiente a la mañana. Conocimos el cementerio de trenes, el volcán Tunupa, la isla Inca Huasi y un hotel de sal. Sacamos muchas fotos, nos hicimos amigos de Nick, un inglés al que convencimos de que se tomara un colectivo a Villazón para conocer Argentina, y volvimos a Uyuni para tomarnos un bus de vuelta a Potosí.

Uyuni
El infinito Salar de Uyuni

Oruro y el encuentro inesperado

El camino de Potosí hasta Oruro es uno de los más lindos que vimos. Montañas, lagos, subidas y bajadas. Para que Dora no se apune, tuvimos que frenar a dormir en Challapata, un pueblo chico de calles anchas y pocos autos. Al día siguiente nos despertamos con la música en vivo tocada por los chicos de las escuelas de ahí, arrancamos la Kombi y paramos en el primer pueblito de la ruta que encontramos. Así fue como conocimos a los chicos de la Unidad Educativa Huancané y a sus profesores. Pasamos una linda mañana entre juegos, ciencia, dibujos y charlas.

Talleres
Después de una mañana de ciencia con los chicos de la Unidad Educativa Huancané

Después de tan pacifica mañana, la llegada a Oruro fue un tanto caótica. El tránsito de la ciudad volvió a atacar y no pudimos llegar a donde queríamos porque en cada calle que tomábamos había feria. Decidimos estacionar la Kombi y caminar. Recorrimos el mercado, la estación de trenes, las plazas, etc. Cuando ya estaba oscureciendo salimos con la Kombi a buscar un estacionamiento para dormir. Pero sólo recibíamos “no” como respuesta ya que en ningún lado nos podíamos quedar durmiendo dentro de la Kombi. Cuando ya no sabíamos que hacer, un chico nos golpeó la ventana. Resulta que había leído en un diario una nota sobre el viaje y nos había reconocido. Sin dudarlo, nos invitó a comer “salteñitas” (un intento de empanadas argentinas, son diferentes pero muy ricas). Él y su novia Ang, de Tailandia, nos invitaron también a dormir a su casa. Así que finalmente dejamos la Kombi en un estacionamiento y nos fuimos con ellos y otros dos amigos de Pablo que estaban de visita en la ciudad. Los cinco fuimos a tomar un té muy raro al mercado. Se podía elegir para el dolor de estomago, para ayudar a los riñones, a los pulmones, etc. Todos de diferentes colores. Por suerte elegimos uno que no era verde y resultó siendo muy rico.

Copacabana y la sensación de libertad

Para ir de Oruro a Copacabana debíamos pasar si o si por La Paz. Tanto nos habían hablado del tránsito, los autos, los bloqueos, las subidas y bajadas que preferimos no entrar a la ciudad y asegurarnos de atravesarla por El Alto un domingo, pensando que debía haber menos gente. No sabemos si había menos gente que otros días, pero sin dudas nada tenía que ver con la quietud dominguera de los pueblos. Durante las casi dos horas que nos llevó atravesar la ciudad tuvimos sol, frío, viento y hasta lluvia y granizo. Llegamos a Calamarca con un día tan lindo que todo lo anterior parecía no haber existido. Conocimos a Francisco (todavía no estamos seguros si era el párroco del pueblo o sólo un buen tipo) que nos ofreció el jardín de su casa para estacionar la Kombi, agua y nafta a precio amigo (otro gran tema para tocar después).

El camino para llegar a Copacabana es precioso. El Titikaka inmenso, infinito, bañando las montañas nevadas, nos sentíamos en el sur de Argentina (es imposible cuando uno viaja no comparar los lugares con otros que conoce). Cruzamos la Kombi en una balsa y ahí conocimos a una pareja de Dallas, EE.UU., tan simpática que parecía sacada de una película. Con ellos después compartimos una noche en Copacabana donde nos invitaron a comer unas hamburguesas que al recordarlas todavía se nos hace agua la boca.

En Copacabana sentimos la necesidad de no hacer nada. Disfrutar del lago, el paisaje, el sol, los atardeceres y sobre todo, de charlar y conocer gente. Después de casi 5 días ahí, ya teníamos amigos o conocidos de todas partes del mundo y no hacíamos una cuadra sin saludar a alguien. Creo que eso es lo mejor de quedarse unos días en un lugar. Lograr acomodarse y sentirlo propio. No nos quedamos más porque, como dijimos antes, Perú nos llamaba de una forma muy fuerte y no veíamos la hora de volver a nuestro ombligo del mundo, Cusco.

Copacabana
La vista del lago Titikaka desde Copacabana

Algunas cosas sobre Bolivia (basadas en nuestra experiencia):

El tráfico

A principio dijimos que Bolivia es caótico y en esto tiene mucho que ver el tránsito. Los conductores y choferes no parecen ser las mismas personas que atienden los negocios o que uno ve en la calle, con esa pasividad que los caracteriza. Dentro del auto se convierten y lo único que importa es pasar primero, no importa si eso significa chocar. Por suerte salimos invictos de golpes pero lo que genera quedarse en medio de un congestionamiento de autos es puro estrés.

Siempre tratamos de ir a los pueblitos, pero a veces no nos quedó otra que meternos en las ciudades. En las calles en donde no hay mercado, hay autos estacionados. Además son tan finitas que sentíamos que no íbamos a pasar. El GPS muchas veces nos jugó en contra al mandarnos por contramano o por calles que resultaban ser escaleras. Y el gran tema fue el estacionamiento: ¿la dejamos en la calle o pagamos una cochera? Pequeñas desventajas de viajar con movilidad (como le dicen acá).

Otra cosa que hay que tener en cuenta cuando se viaja a Bolivia en auto, son los peajes. Siempre hay que guardar los tickets porque te los piden en el peaje siguiente. A veces se puede pagar un tramo todo junto (8 bolivianos) o en dos partes (4 y 4). En general, después del peaje viene un control policial en donde te piden la declaración jurada que te entregan al entrar al país y muchas veces te hacen pagar 2 bolivianos. Siempre que nos dijeron eso solicitamos el ticket, pero claro que no tienen ningún ticket porque es algo que no deberían cobrar. Al salir del país desde Copacabana primero pasamos por la aduana porque sabíamos que de 13 a 14 cerraba, hicimos los trámites de la Kombi, y después pasamos a migraciones. Como un solo señor atendía, se hizo un poco larga la espera, pero logramos salir 12.45, justo a tiempo antes de que cerrara la aduana. Nos subimos a la Kombi y vimos que la barrera estaba cerrada y con candado. Quisimos ir a preguntar a la aduana pero ya estaba cerrada! La policía no nos podía ayudar porque no tenían llaves y no sabía dónde estaba el señor que las tenía. Nuestro mal humor creció. Habíamos llegado a tiempo y por un señor que decidió irse antes a almorzar, tuvimos que esperar hasta las 14.

La nafta

Uf! Todo un tema. Si bien ya nos habían advertido que cargar nafta en Bolivia no era fácil, no creímos que se nos iba a complicar tanto. Para los bolivianos la nafta sale 3,74 el litro pero para los extranjeros 9,74. En muchas estaciones de servicio directamente no nos cargaban por tener patente extranjera. El método que aplicamos era el siguiente: yo iba con un bidón a pedir nafta y tratar de negociar el precio, algo intermedio entre los 3 y los 9 pesos. La diferencia obviamente se la queda el playero, que pasa la compra como si la hubiera hecho un boliviano. Algunas veces funcionó, otras nos dijeron que no pueden vender nafta en bidón.  Esto es por el contrabando y porque la gasolina es uno de los componentes para hacer la cocaína. Un día tuvimos que recorrer tres estaciones de servicio distintas para poder llenar el tanque, pero lo conseguimos! Trabajo difícil.

La comida

La oferta de comida que se ve en todos lados en Bolivia es comparable a la de México. No importa la hora, uno puede comprarse una sopa, un almuerzo completo o un plato de pollo y arroz en cualquier lugar. Los mercados son los lugares de comida por excelencia. Al mediodía (desde las 10.30 en realidad) se llena de gente que va a comer el plato del día. En estos lugares por 10 bolivianos te sirven sopa, plato principal (en general pollo, fideos o un revuelto con carne) y postre. Otro clásico es el pollo broaster, también conocido como pollo frito, que siempre viene acompañado de arroz y papas y ronda los 12 bolivianos.

Los dulces son muy populares acá. Helados, jugos de frutas en bolsita, chupetines y hasta yogurt en sachet individual se pueden conseguir en cada esquina. Sin dudas vivimos, tentados de probar todo, pero por el bien de nuestros estómagos, tratamos de no hacerlo.

Otra cosa que nos llamó la atención en la cantidad de restaurantes de comida “italiana” dirigidos  a los turistas. Las cartas en inglés, pizzas carísimas, pastas y hamburguesas. Todo por el triple del precio del almuerzo que elegíamos nosotros.

Las indicaciones

Preguntar por la ubicación de un lugar, dónde queda tal calle o dónde conseguir tal cosa es riesgoso en Bolivia ya que uno puede terminar en cualquier lado. La respuesta más común es “ahicito nomás”, pero Toño nos dijo que si alguien nos responde eso, es que en realidad está muy lejos.

Las negociaciones

En Bolivia todo se puede regatear, desde una artesanía, las verduras en el mercado, un pasaje de colectivo o una excursión. No está mal visto hacerlo y uno siempre se entera que hay otro al que le cobraron menos, así que es bueno ejercitar este arte para que no lo agarren desprevenido. Nosotros también aplicamos el trueque: antes de salir del país cambiamos un bidón de nafta vacío que ya no usábamos por un calentador de agua. Algunos cambian artesanías por comida, pasajes, etc. Es cuestión de rebuscárselas.

Más fotos de Bolivia acá y el video completo haciendo clic aquí.

Anuncios

23 thoughts on “Bolivia: el país de las experiencias

  1. Recorri Bolivia y Peru hace tiempo ya, en el 96. Por lo que leo, evitaron La Paz y no se si pasaron por Tiawanako… Ojala lo puedan hacer al regreso. La pPaz es increible, caotica y atrapante. y Las Ruinas Sagradas de Tiawanaku, te conmueven… te sacuden… Son muy anteriore a Macchu Picchu y no se puede creer el nivel de esas costrucciones. (despues te enteras que los incas los conquistaros…ahi entendes…)
    Les mando un abrazo y un deseo de buenas rutas. Hernan (que en FB firma Alinatura Productos Organicos)

    Me gusta

    1. Hola Hernan! No, no pasamos por La Paz. Cuando se viaja con kombi hay que dejar algunas cosas de lado y priorizamos nuestra tranquilidad. La Paz tiene cosas increíbles que por suerte pude conocer hace unos años. Lo bueno es que siempre se puede volver! Un saludo. Lola

      Me gusta

  2. Saben que no me pierdo ni una de las entregas de ustedes… recién pensaba.. de alguna manera es como vivir en vacaciones.. lo cierto, es que -cuando vuelvan- no van a ser los mismos… Tal vez ya empezaron a cambiar…

    Me gusta

  3. Hola chicos, yo soy la señora de Diego un compañero del papa de Nico del trabajo, lamentablemente no pudimos ir a despedirlos pero no nos perdemos nada de lo que publican, ni las fotos, ni los comentarios. Gracias por hacernos vivir su viaje, es como cuando leemos un libro y nos transportamos y de paso aprendemos un poco de geografía, de historia y de otras culturas. Les mandamos un beso enorme y les deseamos muchísima suerte en todo su viaje!

    Me gusta

  4. Lindo lindo lindo!!!
    Siempre estoy esperando ansioso nuevas notícias.
    Es realmente increible todas las experiencias que estan viviendo.
    Mucho orgullo de ustedes!!
    Todo lo mejor y como dicen acá.
    Pa frente!!
    Abrazo
    Patricio

    Me gusta

  5. Buenas! Los molesto por acá también (además de en su facebook!) Mi nombre es Andrés y junto con mi novia estamos planeando, para dentro de 20 días, viajar desde Montevideo Uruguay a Argentina, Bolivia y Perú. Los puedo molestar con una pregunta?? Que papeles precisaron para pasar por las aduanas de Argentina-Bolivia y Bolivia-Peru?? Llevaron la Libreta Internacional de Pasos por Aduana, Libreta de Conducir Internacional, bla bla bla o simplemente las cosas “normales”?? Muchas muchas gracias!!!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s