Costa Rica pacífica

Aprovechamos nuestra visita a Buenos Aires y la fresca primavera que estamos viviendo, para recordar un poco nuestro paso por las playas del pacífico de Costa Rica.

Playa Conchal: un cumpleaños especial

“Es la playa más linda de todo Centroamérica” habíamos leído por ahí. Todos la recomendaban y tenían razón. Llegar no es lo más fácil ya que los últimos metros hay que hacerlos por la playa (por suerte la arena es bien firme y pasa cualquier vehículo) y después hay que subir y bajar una montañita no muy apta para grandes transportes pero que Dora se bancó muy bien. Al llegar lo primero que nos llamó la atención fue el agua turquesa y calma, a pesar de estar en el Pacífico. Conchal se caracteriza por su arena blanca formada por millones de pedacitos de conchas, que desafortunadamente cada vez son menos ya que la gente se lleva bolsas como recuerdo para decorar su casa. Como era fin de semana y había bastante gente, decidimos seguir por el camino de tierra que bordeaba la costa para encontrar un lugar más tranquilo. Llegamos a una parte casi sin gente, estacionamos bajo unos árboles y fuimos corriendo al agua. Esa sería nuestra casa los siguientes diez días. El lugar era ideal para nosotros ya que un Hotel Resort es el propietario de casi todas las hectáreas que dan la playa (la costa es pública por lo que el hotel empieza del otro lado del camino que bordea la playa). Esto hace que no haya otros alojamientos ni restaurantes ni negocios. Además hay seguridad y limpieza. Nos instalamos pasando el hotel (ya que en la puerta hay algunos puestos de artesanías y alquiler de caballos, cuatriciclos, etc.) donde hay una reserva natural (también propiedad del Resort), no hay nada construido y es súper tranquilo.

Conchal fue muy especial para nosotros, fue la playa que más nos gustó y donde siempre hablamos que nos gustaría volver. Fue difícil recorrer otras playas después de haber estado ahí porque no podíamos evitar la comparación.

Pero además de su belleza, fue la compañía que tuvimos esos días y las cosas que hicimos. Un día antes de llegar, nos encontramos en la ruta con el Pelado y su compañera de viaje Caro. También nos reencontramos con Silvia y Luis, la familia viajera de Viajando por el Mundo. Con ellos pasamos el cumple de Lola con unos ricos chorizos a la parrilla y cerrando el día con un chapuzón en el agua más transparente que hayamos visto a la luz de la luna.

A pesar del calor y la sequía, al dormir frente al mar el aire es diferente. El lugar era ideal, no nos queríamos ir. Disfrutamos de noches de luna y noches llenas de estrellas fugaces, siestas a la sombra, juegos de cartas y tereré, convivimos con mapaches, ardillas e iguanas y asistimos a algunas bodas en la playa en las que nos colamos para sacar fotos. Decidimos seguir para darle la oportunidad a otros lugares y porque no nos queríamos quedar con la intriga.

De salida pasamos por Tamarindo, una ciudad súper turística llena de extranjeros pero salimos un poco abrumados de tanto comercio. También recorrimos otras playas como Flamingo, Potrero, Penca, Prieta, Danta y Dantita.

Playa Conchal, un paraíso terrenal
Playa Conchal, un paraíso terrenal

Bahía del Pirata: el tesoro escondido del Pacífico

Por recomendación de una amiga que había vivido en Costa Rica, fuimos en busca de la Bahía del Pirata. Después de preguntar varias veces cómo llegar y de hacer un par de kilómetros de camino de tierra, llegamos a una playa desierta y muy linda. Nos instalamos ahí durante todo el día mientras llegaba gente a sacar alguna foto, darse un baño y seguir. A la noche no quedó nadie, toda la playa era para nosotros y para un pequeño gatito que insistía en subirse a la Kombi. Al día siguiente tuvimos la visita inesperada de un grupo grande de vacas que salieron a caminar por la playa y de un toro no muy simpático que parecía querer embestir la Kombi.

Bahía del Pirata invadida por vacas
Bahía del Pirata invadida por vacas

Sámara y Ostional: una experiencia única

Bajando por la Península de Nicoya llegamos a Playa Sámara. A pesar de ser un pueblo bastante turístico, mantiene su autenticidad y tranquilidad. Dormimos frente a la playa y al día siguiente averiguamos cómo hacer para ir a ver las tortugas desovar en Playa Ostional. Por suerte, a pesar de ser varios kilómetros de ripio, el camino no estaba tan mal ya que hacia unas semanas habían sido las fiestas de la región y habían trabajado para mejorar los caminos. De pasada conocimos otras playas como Las Garzas y Nosara, donde se ve una movida muy fuerte de ecoturismo y yoga. Llegamos a Ostional y descubrimos que en el pueblo no había absolutamente nada más que una pequeña calle principal. Después de preguntarles a algunos residentes nos mandaron al Refugio Nacional de Vida Silvestre donde pudimos hablar con una guía y nos contó cuándo y cómo se pueden ver a las tortugas. Pero de esto ya les hablamos en detalle en esta nota.

Desove de tortugas en Playa Ostional
Desove de tortugas en Playa Ostional

Monteverde: días de trabajo

Para cortar un poco el aire de playa, nos fuimos a Monteverde, un pueblo en la montaña muy turístico que nos habían recomendado. Lamentablemente nos decepcionó bastante, parecía que nadie hablaba español y todo lo que se podía hacer era pago: caminatas, ríos, parques, etc. Un poco de mal humor por todo el camino destruido que habíamos tenido que pasar para llegar  y sin saber qué hacer, estacionamos en el centro y se empezó a acercar gente a sacar fotos de la Kombi y a preguntar del viaje. Así que cambiamos un poco las caras y aprovechamos para vender nuestras postales y artesanías. Como nos fue tan bien decidimos quedarnos dos días más para aprovechar.

Montezuma: un dulce chapuzón

Bajamos de la montaña y volvimos a la costa. Pasamos dos noches en Caldera donde José del club de Volkswagen de San José nos prestó su casa rodeada de árboles frutales y una vista privilegiada, donde aprovechamos a descansar. Con las pilas renovadas, nos tomamos el Ferry para cruzar al sur de la Península de Nicoya. Antes de llegar a Montezuma pasamos por un supermercado a comprar comida para los días siguientes y unos ricos chorizos que hicimos a la parrilla en la playa. Durante los días que pasamos en este lindo pueblito no pudimos meternos al mar porque justo esa semana las olas no daban tregua y se hacía difícil darse un baño. Por suerte pudimos refrescarnos luego de una linda caminata bordeando un río, en las cascadas de agua dulce de Montezuma, donde también nos trepamos a las rocas para tirarnos de diferentes alturas y disfrutamos de los clavados que los más intrépidos y experimentados se animaban a hacer.

Cascada de Montezuma
Cascada de Montezuma

Santa Teresa: colonia de argentinos

De allí hicimos unos kilómetros más y nos mudamos a Santa Teresa, un pueblo lleno de argentinos que está creciendo mucho y donde se pueden encontrar desde hoteles económicos a hoteles exclusivos y restaurantes con comidas de todo el mundo. Santa Teresa tiene una calle principal muy larga que corre paralela a la playa. La primera noche dormimos alejados del centro porque no encontrábamos ninguna entrada a la playa hasta que después nos indicaron cómo llegar a la costa por otro camino. También pasamos un día en Brunela, el hostel de Juan un argentino que Lola había conocido hace algunos años. Él nos invitó a quedarnos a dormir pero aprovechamos un rato el wi-fi y volvimos a nuestro hogar frente al mar.

La playa de Santa Teresa cuando baja la marea
La playa de Santa Teresa cuando baja la marea

Jacó: ciudad surfer

Volvimos a tomar el Ferry de vuelta al continente y fuimos para Jacó, una playa de ciudad no muy linda pero muy popular entre los ticos y sobretodo famosa por sus buenas olas para el surf. Antes de llegar pasamos por el río Tárcoles que está repleto de cocodrilos y se pueden ver desde un puente. En Jacó nos reencontramos con amigos viajeros y estacionamos en la puerta de la policía que está frente a la playa. Uno de los policías, muy simpático y dispuesto a ayudar, nos contó sobre el programa de protección de huevos de tortuga que empezaron a realizar hace algunos años. Gracias a este programa llamado “Tortuga Segura”, los mismos policías se encargan de buscar los huevos de tortuga dejados por la playa y los ponen dentro de un área protegida para que puedan nacer las tortuguitas y estén a salvo de los depredadores.

Programa "Tortuga segura" en Jacó
Programa “Tortuga segura” en Jacó

Manuel Antonio: rodeados de naturaleza

El Parque Nacional Manuel Antonio es uno de los más visitados de Costa Rica. Nuestra idea era recorrerlo pero al descubrir que la entrada salía 15 dólares por persona, cambiamos de opinión. Nos instalamos en la playa afuera del parque que era muy linda y donde constantemente venían a visitarnos monos y perezosos. Vimos atardeceres mágicos y vivimos una tormenta de película de terror. Allí conocimos a Simón y Giselle, dos viajeros que venían bajando desde México en su impecable Kombi amarilla. Pasamos algunos días con ellos, aprendimos nuevos juegos de dados y cartas e hicimos una rica comida con pan casero y arepas a la parrilla, humus y frijoles molidos.

Camping viajero en Manuel Antonio
Camping viajero en Manuel Antonio

Una semana después, volvimos a San José para tomarnos el avión a Argentina. Pensamos que nos íbamos a cansar de tantos días de playa, pero los disfrutamos mucho y no vemos la hora de volver a pasar por ahí!

Para ver más fotos hacé clic acá.

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