Volver a casa

Un viejo ambiente con aire nuevo

Al poco tiempo de cumplir un año de viaje, tomamos un avión a Buenos Aires para poder ir al casamiento de la hermana de Nico que nos había avisado unos días antes de la partida que se casaba. Al principio no estábamos muy entusiasmados con la idea de tener que cortar el viaje para volver, pero los últimos meses ya andábamos necesitando un poco del cariño de nuestra familia y nuestros amigos que tanto extrañábamos. Necesitábamos sentir esa sensación de “estar en casa”. Así que ese corte de dos meses nos vino muy bien y disfrutamos cada momento por completo. Los primeros días nos sentíamos tan cómodos con esta nueva realidad y tan sorprendidos como si nunca la hubiéramos vivido. Nos resultaba raro esto de abrir una heladera y que estuviera llena de cosas ricas, no tener que pedir permiso para usar el baño, darnos duchas calientes (todos los días!), poder poner los pies arriba de la mesa o andar en patas por la casa. ¡Qué fácil es acostumbrarse a la comodidad! Sí, pero con los días nos empezamos a aburrir de lo cotidiano y sentíamos la necesidad de que era hora de seguir. Dos meses fue el tiempo necesario para llegar, disfrutar y juntar ganas de volver al camino.

Muchos nos preguntaban qué sentíamos de volver. Y eso es algo difícil de explicar. Decíamos que era como estar en una nube, ya que no nos sentíamos parte de esa realidad. Estábamos en un lugar conocido y familiar pero a la vez no estábamos haciendo lo mismo que hacíamos cuando llevábamos ese tipo de vida en la rutina. Ahora nos encontrábamos en el mismo lugar pero sin horarios, ni trabajos, ni despertadores, ni corridas. Todos los que nos rodeaban estaban acelerados, pero nosotros desentonábamos. Tuvimos que adaptarnos un poco a ese ritmo pero también pudimos transmitir un poco de la paz y armonía que traíamos con nosotros. Algo que muchos pensaban sobre nosotros era que después de haber convivido 24 horas en un lugar chico durante un año, la relación podía desgastarse (o alguno terminaría matando al otro). Pero al volver, nos dimos cuenta que ese año fue el mejor de nuestras vidas y que, en lugar de habernos matado, nos unió más. Por más cursi que suene, nos acostumbramos tanto al otro que no podíamos pasar un día separados.

Agenda completa

No sé si fue casualidad (aunque no creo en las casualidades), pero esos meses pasó de todo! Pudimos estar presentes en varios casamientos, vivimos tiernos nacimientos, festejos de cumpleaños y tristes pero necesarias despedidas. Compartimos muchas charlas, repetimos las mismas anécdotas varias veces sin cansarnos y, sobretodo, comimos todo eso que anhelábamos. En ningún otro lado encontramos la oferta y variedad de comida como en nuestros pagos. ¡Gracias Argentina por tus picadas, asados, alfajores, postres y tortas!

Con ojos de turista

Además de compartir con la gente que más queremos, estos dos meses de visita en Buenos Aires nos permitieron descubrir cosas que si nunca nos hubiéramos ido de viaje, tal vez no hubiéramos tenido en cuenta. Caminar por la Ciudad de Buenos Aires es como una visita al pasado. No hace falta hacer un recorrido turístico por los lugares clave, simplemente con ir por cualquier calle y levantar la vista, uno puede apreciar un paisaje arquitectónico de otra época. Cada lugar construido detalladamente guarda hechos históricos y porque no, vivencias de personajes célebres de nuestro país. Un deleite para arquitectos, historiadores y curiosos. Ni hablar de la oferta cultural que de lunes a lunes ofrece la ciudad en todos los ámbitos del arte y que si nos pusiéramos a detallar no terminaríamos jamás.

También pudimos mirar cosas que nos llamaban la atención en otros países y reflexionar “¿si no conociéramos Buenos Aires y estaríamos viajando, qué pensaríamos de ella?” Descubrimos que en muchos lugares hay Wi-Fi libre, algo que nos resultaba muy útil en otros países. Aprovechamos a usar el transporte público que sentimos que funcionaba mejor que antes, especialmente los trenes urbanos que en casi ninguno de los países que pasamos se ven. Otra cosa que disfrutamos y pudimos apreciar, es la gran cantidad de espacio verde que hay dentro de la ciudad. Uno no tiene que irse a las afueras para poder hacer deportes al aire libre, hacer un pic-nic o darle de comer a los patos en una laguna. Alcanza con recorrer los bosques de Palermo y otros tantos grandes parques para echarse una siesta bajo la sombra de un árbol. Con respecto a los precios llegamos a una contradicción. Muchos nos preguntaban si Argentina era un país caro o barato. Nos dimos cuenta que es las dos cosas. Vale aclarar que en Argentina hay dos tipos de cambio, el del mercado cambiario oficial (9,5$/USD), el cual está restringido a ciertas operaciones y el del mercado paralelo (15$/USD) que apareció ante la restricción para adquirir dólares en el mercado oficial. Por eso, para alguien que llega con dólares (y los cambia en el mercado paralelo), los precios son similares al resto de los países que conocimos y hasta algunas cosas son bastante más económicas que en otros lados. Pero para los argentinos que viven ahí y que cobran su sueldo en pesos argentinos (el cual es calculado con el dólar oficial), la vida diaria no resulta muy barata.

Y así de repente pasaron 60 días. Con varios kilos de más en la panza y otros tanto en alfajores que nos trajimos, volvimos a Costa Rica a buscar a Dora que nos esperaba con ganas de seguir camino. Encontrarnos con ella, por más ridículo que suene, fue emocionante. Una gruesa capa de polvo la cubría por afuera pero al abrir sus puertas fue como si nos sonriera. Toda ordenada, limpia, prolija, chiquita, radiante. Fue como si ella misma se hubiera puesto linda para recibirnos. Y otra vez, nos sentimos en casa.

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9 thoughts on “Volver a casa

  1. Queridisima Lola que regalo recién al abrir la compu y ver KOMBI PA`L NORTE . Que placer volverme a encontrar con tus magnificos relatos llenos de vida y color ! Ese magnifico don que tienes para hacernos revivir las experiencias de ustedes. La descripción del encuentro con Dora ,genial . !l Le faltaba hablar !
    Para nosotros fue muy bueno verlos , rozagantes y felices !……..yo conservo aun la emoción de la despedida , pero ADELANTE ! todavía hay mucho por ver . Un beso enorme para vos y Nico , los quiero muchoooo Martha.

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  2. Mis queridos Nico y Luli:y nuevamente en la ruta.Que inmensa alegria me dan tus palabras,Luli adorada.
    Saber que despues de un año y pico de viaje, con los trastornos que seguramente habran tenido,y querer volver a lo mismo es porque, realmente, les gusta y entusiasma lo que estan haciendo, y el paseo por aca seguramente tambien lo han aprovechado.Una pena no haberlos visto antes de irse, pero bueno, segui escribiendo que tus noticias son como verlos personalmente.Sigan disfrutando, conociendo y cuidandose como siempre les digo.Un beso mas que inmenso para los dos.

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  3. Mis queridos Nico y Luli: nuevamente caminando junto a Dora que con tanta paciencia los ha estado esperando.No te imaginas la inmensa alegria que me producen tus palabras Luli adorada,porque si despues de casi un año y medio quisieron seguir con el viaje pese a los trastornos que seguramente han tenido,llamese baño, cama, comida etc etc es porque realmente eligieron muy bien el hacerlo.Lamento tanto pero tanto no haberlos visto antes de irse, pero no importa, segui escribiendo Luli que es como si estuvieras aca contando todo lo que hacen.Les mando un beso mas que inmenso a los dos y sigan conociendo y,disfrutando la tranquilidad de poder hacer los que mas ganas tengan.

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