Sorprendente Guatemala

Antigua, histórica y fotogénica

¡Llegamos a la frontera número 10 del viaje! Y la única en donde el Instituto de Turismo nos llenó de mapas, pulceras y regalitos para darnos la bienvenida. Después de atravesar rápidamente (o no tanto por el tráfico) la Ciudad de Guatemala, llegamos a Antigua. Desde los primeros metros uno queda encantando con esa ciudad: sus calles empedradas, sus edificios antiguos y bien conservados, su colorido, sus muchas iglesias y su vista que exhibe desde casi cualquier lugar a los tres volcanes que la rodean: el de Agua, el de Fuego y el Acatenango. Antigua es una ciudad muy interesante porque fue la capital del país, sufrió varios terremotos y siguió saliendo adelante, pero tras el terremoto de 1773 decidieron trasladar la capital a la actual Ciudad de Guatemala. Durante varios años Antigua quedó abandonada, lo que permitió que hoy se pueda apreciar la arquitectura de esa época. Con el tiempo se fueron restaurando los edificios más importantes y la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad. Una semana alcanzó para que nos quisiéramos quedar por mucho tiempo. Pero quizás en otro momento, ahora la meta es llegar a Alaska este verano (en julio) y no podemos retrasarnos mucho.

Por las calles de la Antigua
Por las calles de la Antigua
Ruinas de la Catedral de Antigua
Ruinas de la Catedral de Antigua

Lo primero que hicimos al llegar, como ya se estaba haciendo de noche, fue buscar el camping de la policía de turismo que, nos habían dicho, se podía acampar gratis. Al entrar nos aclararon que podíamos quedarnos sólo por 3 días y que no prestaban ningún servicio. Entre una cosa y otra terminamos quedándonos 7.

En Antigua hicimos muchas cosas, la Kombi no se movió y todos los días la recorrimos a pie para descubrir nuevos rincones. Visitamos sus iglesias y conventos, algunas en ruinas y otras restauradas, subimos al Cerro de la Cruz donde se tiene una linda vista de la ciudad y los volcanes, tomamos mate en la plaza principal mientras veíamos al Volcán de Fuego tirar humo, fuimos a una muestra de fotos de Guatemala y tuvimos la suerte de coincidir con un Festival de Cine al que asistimos a varias funciones que eran gratuitas. El día del cierre fuimos a ver una película llamada “La Guerra del Café” sobre la muerte (¿crimen o suicidio?) de un abogado guatemalteco. Para nuestra sorpresa, cuando terminó la función nos invitaron a pasar a un coctel espectacular en un lugar soñado. Comimos de todo: bastoncitos de mozzarella, bocaditos de pollo, tempura de pescado, pinchos de pollo y verduras, mini cazuelas de carne al champiñón, frutillas con chocolates y puro champagne. ¡No lo podíamos creer!

Vista de Antigua desde el Cerro de la Cruz
Vista de Antigua desde el Cerro de la Cruz

Además en Antigua nos contactamos con Rafa, un argentino que vive allí hace 7 años y que nos había escrito por Facebook. Él y su mujer Agustina pusieron un lindo hotel (Casa del Arco) y un bar con platos argentinos (Minga), super recomendable! Un día nos invitaron a comer un asado con amigos de todo el mundo: Perú, España, Estados Unidos y Guatemala. Comimos unos chorizos riquísimos con chimichurri, mollejas bien crocantes y pasamos un excelente día a pura charla y música. También nos invitaron a su casa a darnos una ducha y a almorzar una tortilla de papas con dulce de leche de postre y todo. ¡Nos recibieron tan bien que nos hicieron sentir como en casa!

Con Rafa y Agus en su casa de Antigua
Con Rafa y Agus en su casa de Antigua

Habiendo llegado un miércoles, decidimos irnos el domingo siguiente para visitar el famoso mercado de Chichicastenango cerca del Lago Atitlán. Pero la estábamos pasando tan bien que el sábado a la noche decidimos quedarnos unos días más. Y al parecer teníamos que quedarnos porque al día siguiente el Volcán de Fuego entro en erupción, expulsando lava a loco. Gracias a que el cielo estaba despejado, desde el camping pudimos ver perfecto las explosiones y el camino de lava que se iba formando. A medida que caía la noche se veía mejor el color rojo intenso de la lava. Lo miramos hipnotizados durante horas, con una mezcla de emoción, adrenalina y nervios. La gente del lugar nos dijo que hacía mucho que no se veía así. Fue de las cosas más sorprendentes que vimos en el viaje. Como no teníamos nuestra cámara para sacarle fotos, Bob, un viajero del camping nos pasó algunas y un video que les va a poner la piel de gallina!

El Volcán de Fuego explotando en Antigua
El Volcán de Fuego explotando en Antigua

Finalmente, el miércoles siguiente al haber llegado, y tras la inquisidora pregunta de la policía de hasta cuando pensábamos quedarnos, arrancamos para Chichicastenango.

Chichicastenango, más que un mercado

Los jueves y los domingos Chichicastenango es un lugar muy diferente al resto de la semana. Mientras los demás días todo parece relativamente tranquilo, los días de mercado la ciudad se revoluciona: camionetas que llegan desde todos lados, turistas de acá para allá, vendedores de las  cosas más extrañas y un mercado que parece infinito. Nosotros llegamos un miércoles y dormimos en una estación de servicio donde conocimos a José, un español que viajó con su camioneta por todo el mundo. Al día siguiente nos levantamos bien temprano para recorrer la ciudad pero no sólo el mercado. Lo primero que hicimos fue ir a las iglesias, donde se ven las paredes y el techo negro del hollín que dejan velas. También fuimos al cementerio que, a diferencia de lo que uno se imagina al pensar en un cementerio, es un lugar muy colorido. Allí pudimos presenciar los rituales de origen maya que se mezclan con símbolos católicos. Para llevar a cabo el ritual de ofrenda se arma un espacio con pasto en donde se ubican velas e incienso, se esparcen pétalos de flores y se ponen huevos, cerveza y azúcar en forma de ofrenda. Después se prende fuego todo.

Colorido cementerio de Chichicastenango
Colorido cementerio de Chichicastenango
Ritual maya en la iglesia de Chichicastenango
Ritual maya en la iglesia de Chichicastenango

Habiendo visto esto, fuimos para el mercado en donde comprar algo es todo un tema. Nada tiene un precio fijo, todo depende de la negociación entre el vendedor, que pone un precio inicial mucho más alto que el real, y el comprador, que advertido de esto intenta bajar el precio al mínimo conveniente para su bolsillo. Algo de 300 quetzales puede terminar saliendo 100 o menos. Después de dar algunas vueltas y conseguir aguacates muy baratos y algunas artesanías para revender en otros lugares, volvimos a la Kombi y seguimos viaje.

Iglesia Santo Tomás, en medio del mercado de Chichicastenango
Iglesia Santo Tomás, en medio del mercado de Chichicastenango

Panajachel, el virus y el lago que no fue

El Lago Atitlán es uno de los destinos más visitados por los turistas. Sin dudas la vista del lago con los volcanes que lo rodean es única y, según dicen, los pueblitos que se ubican en la orilla del lago tienen una mística especial. Como los caminos para llegar a esos pueblos no son aptos para Kombis, nuestra idea era hacer base en Panajachel, uno de los pueblos más importantes del lago, y visitar los otros pueblitos yendo en lancha.

El Lago Atitlán y sus volcanes
El Lago Atitlán y sus volcanes

Pero los planes cambiaron. Ese día yo me había levantado con casi todo el cuerpo brotado. Pensamos que era algo alérgico y tomé un antihistamínico pero no hizo efecto. Para cuando llegamos a Panajachel el rash se había extendido por todo el cuerpo incluyendo la cara. Decidimos pasar la noche ahí y viajar al día siguiente a la Ciudad para consultar con un médico. Fuimos a la Clínica que nos mandó el seguro médico donde me sacaron sangre y detectaron que tenía un virus pero que no sabían cual era. Estaba descartado el Dengue, Mononucleosis y Chikingunya, asi que lo más probable era que tuviera el Virus Zika, parecido al Chikingunya pero con síntomas más leves. Como no hay tratamiento para los virus, me mandaron de vuelta como llegué, pero más tranquila de que no era nada grave. Lo raro fue que no estuvimos en ninguna zona donde haya Virus Zika. Con Nico llegamos a la conclusión de que me lo contagié en el camping de Antigua (donde empecé con dolor de cabeza), donde se estaba quedando una pareja de holandeses que habían tenido el virus. Probablemente un mosquito les picó ahí y después decidió picarme a mí. Los días siguientes me dolieron un poco las articulaciones de las manos y de los tobillos y por la noche sentía la cara muy caliente y me ardían las orejas, ¡rarísimo! Por suerte los síntomas fueron leves, no duraron mucho, no tuve que hacer reposo ni me dio fiebre. Si no me brotaba ni me daba cuenta de que tenía algo.

Visita al médico en Guatemala City
Visita al médico en Guatemala City

Piedra libre al Quetzal

Después de la visita obligada al médico, seguimos camino para el norte. Antes de llegar a Cobán frenamos en un lugar llamado El Ranchito del Quetzal, una reserva en donde se suelen ver varios Quetzales, el ave nacional de Guatemala que es tan conocida como difícil de ver. El 90% de los guatemaltecos nunca lo vieron. Allí hicimos una caminata bordeando un río y estando atentos a cualquier movimiento o destello de colores que pudiera llamarnos la atención. Terminamos la caminata un poco defraudados de no haber encontrado nada y mientras comíamos algo en la Kombi, nos avisaron que había aparecido un Quetzal. Dejamos todo como estaba y salimos corriendo a verlo. Era un macho, fácil de reconocer por su cola larga. Los colores brillantes verde, rojo y turquesa lo hacen inconfundible. Nos quedamos un buen rato mirándolo y esperando a que volara para poder apreciar bien sus alas. Con un rápido movimiento se cambió de rama y ahí lo pudimos ver. Así permaneció unas cuantas horas comiendo y descansando.

Del Ranchito nos fuimos a otra reserva, esta vez de orquídeas. Se trataba de Orquigonia cuyo dueño es Panchete, un famoso fanático de Volkswagen que recibe a viajeros todos los años. Él y su mujer Karla nos invitaron a comer a la casa y a la presentación del almanaque que hacen todos los años con el club de VW La Fusca. Pasamos varios días lluviosos en Orquigonia y ahí dejamos descansando a Dora para irnos a Semuc Champey.

Con Panchete, Karla y Melina en Cobán
Con Panchete, Karla y Melina en Cobán

Semuc Champey, el paraíso perdido

Llegar al Parque Semuc Champey no es nada fácil. 50 kilómetros por una carretera asfaltada pero en pésimo y casi 20 más de ripio estado separan a la ciudad de Cobán de este paraíso perdido. Quizás es por esto que todavía no se ve tan explotado y sigue sorprendiendo a todo el que va. Advertidos sobre el camino, decidimos dejar la Kombi en Cobán y tomarnos un bus hasta Lanquín, pueblo más próximo al parque. El viaje de 2 horas no fue del todo cómodo ya que en la camioneta que tendría capacidad para 13 personas íbamos como 20. Desde Lanquín la única forma de llegar al parque es en 4×4, así que nos bajamos del mini bus y nos tomamos una camioneta que tardó casi una hora en hacer 10 kilómetros por el mal estado del camino. Llegamos al hostel donde nos íbamos a hospedar esa noche que queda casi en la puerta del Parque y es de los pocos hospedajes en el lugar y dejamos nuestras cosas para ir al parque. Semuc Champey significa “donde el río se esconde en la montaña” y es tan especial porque se ve como el río que baja violento y caudaloso se mete dentro de una formación de piedra caliza de 300 metros de largo y vuelve a salir. Sobre esa piedra cae el agua pura de la montaña y se forman piscinas naturales de un color turquesa increíble. Uno se puede meter y nadar en las piscinas y hasta dejarse caer por las pequeñas cascadas que se forman. Para poder apreciar la magnitud del lugar y su belleza, lo mejor es subir al mirador y fue lo primero que hicimos. Una dura subida de media hora vale la pena porque desde allí se ve la entrada del río y la salida y las piscinas rodeadas de pura naturaleza. Bajamos para refrescarnos en las piscinas que estaban más frías de lo que pensábamos y después de sacar un par de fotos, volvimos al hostel donde pasamos el resto de la tarde y donde nos sentimos un poco de vacaciones.

Vista de las piscinas de Semuc Champey desde el mirador
Vista de las piscinas de Semuc Champey desde el mirador

Al día siguiente fuimos a las Cuevas Las Marías, del otro lado del río frente al hostel. El paseo dentro de las cuevas es muy interesante porque, al estar inundadas, uno tiene que ir nadando con cuidado de que no se le apague su vela (lo único que hay para iluminar) para no quedar en total oscuridad. El tour con guía duró aproximadamente una hora y fue una experiencia única, muy emocionante y un poco terrorífica a la vez. Como era temprano fuimos de los primeros grupos en entrar y toda la cueva era nuestra. La recorrimos, nadamos, trepamos escaleras y sogas, subimos por paredes de roca donde caía el agua y llegamos a un profundo  pozo de agua al que los más valientes se dejaron caer desde una roca. La vuelta fue por el mismo camino y ahí nos cruzamos con otros grupos bastante más numerosos que iban entrando. En un momento, teníamos que tirarnos por una especie de tobogán natural dentro de una roca donde va pasando el agua encima de uno. Mientras iban bajando uno por uno los demás miembros de nuestro grupo yo me desesperé, no había forma de que me metiera en ese tubo de roca y agua. El guía me dijo que tenía que ir por ahí porque el otro camino (que consistía en subir y bajar escaleras), estaba lleno de gente. Casi llorando le dije que no podía, que me daba muchísimo miedo y de repente desapareció entre las rocas. Con Nico nos quedamos esperando a que terminara de bajar toda la gente por las escaleras, una fila que parecía interminable, hasta que apareció por arriba el guía, freno la fila que bajaba y nos hizo subir. Salimos de la cueva contentos por la aventura pero yo todavía un poco temblorosa por la situación. Al final el tobogán no tenía más de 1 metro de largo y era menos terrible de lo que parecía, pero al no poder ver la salida, sentir al agua que caía sobre uno y no ver más que oscuridad, el panorama era aterrador. Sin dudas, una experiencia recomendable para los que no le tienen miedo al agua o al encierro.

Desde Semuc Champey nos tomamos nuevamente una camioneta a Lanquín y un bus a Cobán para buscar a Dora y seguir viaje.

Flores, la isla inundada

La siguiente parada después de un largo día de ruta fue la Isla de Flores, donde llegamos al atardecer y frenamos a dormir en la puerta de un hotel frente al lago Peten-Itza. Al día siguiente quisimos recorrer la pequeña isla a la que se accede por un puente desde la Ciudad de Santa Elena, pero nos encontramos con que una de las calles que da al lago estaba completamente inundada al punto de que los barcos llegaban hasta las puertas de las casas. Un panorama un poco desolador si se compara con años atrás donde el atractivo de la isla radicaba en la vista del lago desde la costa.

Tikal y Yaxha, iguales pero diferentes

El eslogan de Guatemala es “el corazón del mundo Maya” y al llegar a Tikal uno entiende por qué. Es imponente ver las pirámides restauradas de más de 50 metros y la selva tan viva rodeando esa ciudad maya oculta. Como llegamos a la tarde al parque, aprovechamos que ya no había mucha gente y fuimos a la playa principal de las ruinas a ver el atardecer. Esa noche dormimos en la Kombi en el estacionamiento de un hotel y al día siguiente recorrimos el complejo arqueológico durante toda la mañana. Subimos a la pirámide más alta desde donde se ve la inmensidad del parque y las puntas de las otras pirámides y caminamos durante horas sus senderos. El tamaño del lugar es impactante pero choca un poco la cantidad de tours y grupos de turistas copando todo. Además, al entrar al parque uno se encuentra con varios hoteles, restaurantes y camping y te cobran hasta por darte un mapa. Un poco espantados de todo esto, nos fuimos a Yaxha, otras ruinas mayas cerca de la frontera con Belice. Allí la entrada era mucho más económica que en Tikal y se podía acampar gratis hasta por tres días. Como también llegamos a la tardecita, recorrimos las ruinas, que están menos restauradas que Tikal, casi solos, y llegamos a la pirámide más alta para ver un atardecer mágico con vista de la selva y el Lago de Yaxha. Estar en lo alto de la pirámide con semejante vista, escuchar los monos aulladores y a la variedad de pájaros, respirar ese aire, transportarte en el tiempo. Sin dudas uno de los momentos más pacíficos y mágicos del viaje.

Y así nos despedimos de Guatemala para encarar los próximos meses en otro país que da que hablar, México allí vamos!

Plaza principal de Tikal
Plaza principal de Tikal
Atardecer desde las ruinas de Yaxha
Atardecer desde las ruinas de Yaxha

Para ver más fotos podés entrar acá y acá también. Y no te pierdas el video de este increíble país.

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3 thoughts on “Sorprendente Guatemala

  1. Queridos Nico y Lola fascinante el colorido relato ! lo fui leyendo despacito para no perder ningún detalle . Cuanto suspenso cuando se metieron en la cueva , el volcán en erupción ahhhhhh…..es único ! gracias por compartir y hacernos vivir esas vivencias. Cuídense mucho y sigan disfrutando ! y FELIZ AÑO NUEVO !
    con inmenso cariño Martha.

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