México: Relax y gastronomía en Oaxaca

Bajamos la montaña, volvimos a guardar las medias y sacar las ojotas y después de dormir en el camino un par de noches, llegamos desde San Cristóbal de las Casas a la costa de un nuevo estado por conocer: Oaxaca (pronúnciese “Uajaca”)

Cada una de las playas que recorrimos de la costa oaxaqueña fueron diferentes y en cada una vivimos algo distinto y especial.  A pesar de que no hacemos surf y no somos tan amigos de las olas, nos encantó la costa del Pacífico mexicano y la preferimos a la del Caribe. Es difícil de explicar, se siente en el ambiente el relax y la buena onda de la gente en cada lugar.

Playa La Bamba: la soledad

La primera playa a la que llegamos fue La Bamba, totalmente desconocida para muchos y nada turística. Llegamos de casualidad haciendo unos kilómetros de tierra desde la ruta hasta llegar a la costa. Sobre la playa lo único que encontramos fue un austero restaurante cuyo dueño, Osvaldo, nos dio la bienvenida a la comunidad de 320 personas y nos dijo que podíamos estacionar ahí sin problema. Osvaldo nos contó que a esa playa van de vez en cuando algunos turistas que buscan un lugar tranquilo donde hacer surf. Ese día había bastante viento y eso evitó que nos cocináramos porque no había nada de sombra. A la tarde salimos a caminar por los médanos y apreciar la soledad y vastedad de esa tranquila playa. A la noche disfrutamos de la luna que se mostraba para nosotros solos.

La bamba
Solos en Playa La Bamba

Bahías de Huatulco: arrecife soñado

Después de un día de descanso en La Bamba seguimos camino y llegamos, también de casualidad, a las playas de la Bahía de Huatulco. Descubrimos una zona súper turística especialmente diseñada para estadounidenses y canadienses y con turismo local durante los fines de semana. Huatulco tiene 9 bahías, más de 30 playitas y una reserva natural. Llegamos a Bahía La Entrega donde nos habían dicho que se podía estacionar en el parqueo público frente a la playa y dormir ahí. Cuando nos metimos al mar para refrescarnos, descubrimos un impresionante mundo submarino. Casi toda la bahía tiene un gran arrecife de coral donde se puede nadar tranquilo ya que está cerrado con boyas para que no pasen las lanchas. Nunca vimos peces tan grandes y tanta cantidad como ahí. Pasaban por al lado de uno sin asustarse. Estuvimos dos noches ahí y antes de seguir viaje recorrimos algunas de las otras bahías como Tangolunda, Chahué y La Cruz y visitamos el centro de La Crucecita. También pasamos por los bomberos para pedir indicaciones y eran tan buena onda que nos llenaron todos los bidones con agua potable.

Bahía La Entrega en Huatulco
Bahía La Entrega en Huatulco

Zipolite: al desnudo

Habíamos escuchado dos cosas sobre Zipolite: fiesta y nudismo. Una playa de excesos. No estábamos seguros si nos iba a gustar esa onda. Por las dudas la primera noche nos estacionamos bien lejos del centro para evitar la música de los bares, pero descubrimos que en realidad no había nada de esa joda que pensábamos, sino todo lo contrario, un ambiente muy tranquilo y despreocupado.

En Zipolite nos encontramos con nuestra amiga Tere que vino a México de vacaciones. Compartimos unos lindos días con ella recorriendo las playas y viendo nublados atardeceres que servían como excusa para hacer una picadita con el extrañado Fernet (bebida muy popular en Argentina). Ahí probamos las famosas Tlayudas típicas del lugar. Son como una especie pizza pero de masa de maíz bien finita y tiene quesillo, carne, aguacate, lechuga, etc.

Atardecer y licuado con Tere
Atardecer y licuado con Tere

Cuando Tere siguió su camino, con Nico nos sumamos a la onda del lugar y dejamos los trajes de baño de lado. Pensábamos que iba a ser algo incomodo, pero todo lo contrario, se sintió muy natural. La mayoría de la gente que va a esa playa hace nudismo (el 80% tienen más de 50 años) y no se preocupa por los demás. Eso fue lo que nos gustó, cada uno andaba en la suya y se manejaba libremente como si estuviera en su casa. Eso hizo que nos animemos y fue una experiencia totalmente positiva y recomendable. No hay nada mejor que meterse al mar sin preocuparse porque las olas corran la bikini! Lo único medio molesto son los vendedores que se acercan demasiaaaado para ofrecerte algo.

Nudismo en Zipolite
Nudismo en Zipolite

Mazunte: buena vibra

Muy cerca de Zipolite está Mazunte, un lugar con una onda más hippie donde suelen ir los jóvenes de vacaciones o a pasar la temporada. Yo había estado allí hace 4 años y noté que el pueblo creció mucho. A pesar de ser un lugar pequeño, tiene lindas posadas, restaurantes, tiendas y cafeterías. La vez anterior que estuve por allí, el mar había estado tan violento que después de varias sacudidas, me daba miedo meterme. Esta vez me amigue con ese mar, estaba tranquilo y con alguna que otra ola para dejarse flotar. Pasamos unos días de pleno sol con Tere y compartimos comidas caseras hechas en la Kombi y en el hostel donde se quedaba ella frente a la playa.

Puerto Escondido: ventas y nuevos amigos

A diferencia de los otros pueblitos de playa, Puerto Escondido es una gran ciudad. Desde ahí Tere se tomó el bus a Chiapas y para su despedida nos animamos a probar las famosas micheladas (cerveza con chile, limón, sal y salsa inglesa entre otras cosas). El sabor no era del todo feo pero preferimos las cheladas que venían solo con limón y sal. La playa principal de Puerto Escondido, Zicatela, no nos pareció gran cosa durante el día, todo estaba como congelado. Aunque a la noche se transformó. Los negocios abrieron, se prendieron las luces y apareció la gente y la movida nocturna. Antes de irnos a dormir, pasamos por un bar en la playa donde nos invitaron con unos tragos gratis. Esa noche dormimos en la calle y como fue bastante ruidoso al día siguiente decidimos buscar otro lugar. Por esas cosas del destino, conocimos a Diana, una argentina que se acercó a la Kombi y nos contó que vivía ahí hacía más de diez años. Nos invitó a quedarnos en su increíble casa ubicada a unos kilómetros del centro. Ahí festejamos el cumple de Nico con asado, cervezas y una preciosa vista al mar donde se podía apreciar la bioluminiscencia.

Vista de la casa de Diana en Puerto Escondido
Vista de la casa de Diana en Puerto Escondido

Como llegamos a Puerto Escondido un fin de semana largo, aprovechamos para ponernos a vender durante el día. Estacionamos frente a la entrada de un hotel donde todos los huéspedes, en su mayoría estadounidenses súper amables y buena onda, nos compraron artesanías y postales y hasta nos regalaron comida casera hecha por ellos. Nos llevamos nuevos amigos que nos esperan por allá arriba para cuando crucemos la frontera.

San Agustinillo: encuentro sudaca

Cuando volvimos para Zipolite, desde donde se toma la ruta para subir a la ciudad de Oaxaca, pasamos por San Agustinillo, otra pequeña playa con una linda bahía y un mar ideal para nosotros. Ahí nos encontramos con la Kombi Sudaca: Majo, Lucho, su bebé Simón y su perra Laika que viajan en Kombi desde hace 6 años. En principio pasamos solo a saludar porque cada uno agarraba caminos diferentes, pero terminamos quedándonos todo el día, charlando, cocinando juntos y riéndonos de anécdotas viajeras. Esa noche un bar instaló una pantalla de cine en la playa y vimos una película con pochoclos (palomitas de maíz) de regalo y todo.

Con Kombi Sudaca en San Agustinillo
Con Kombi Sudaca en San Agustinillo

San José del Pacifico: renacer

Nos despedimos de la playa por un buen tiempo (suponemos que la próxima vez que veamos el mar va a ser en California) y subimos la montaña nuevamente rumbo a la ciudad de Oaxaca, capital de la provincia. En el camino decidimos parar a dormir en un pueblito que nos habían recomendado, San José del Pacífico. Es un pueblo pequeño cuya calle principal va subiendo la montaña. Se hizo bastante conocido hace unos años porque cerca de allí vivía María Sabina, una famosa curandera que aplicaba un uso ceremonial y curativo a los hongos alucinógenos.

Con Francisco después del Temazcal
Con Francisco después del Temazcal

Estacionamos afuera de la iglesia donde nos dejaron dormir y vimos un atardecer de película. Al otro día nos levantamos tempranito y fuimos a lo de Francisco, un señor que hace 40 años que se dedica a hacer temazcales. Un temazcal es una ceremonia ritual indígena similar a un sauna moderno pero con otro significado. Consiste en un pequeño cuarto hecho de piedra y barro donde se va echando agua sobre unas hierbas que está arriba de piedras calientes, esto genera un vapor que purifica el cuerpo y el alma. El temazcal sería como el vientre de la madre tierra donde uno al salir es como si renaciera. Antes de entrar, Francisco nos explicó bien todo el proceso. Nosotros mismos le íbamos tirando el agua para regular la cantidad de vapor que queríamos. Francisco nos acercó un rico té para que tomáramos y entráramos en calor. De repente el frío desapareció y empezamos a transpirar. Cuando uno siente demasiado calor puede oler un ramo de hojas y plantas frescas que sirven para reanimarse. Un rato después, Francisco nos alcanzó un tarro de miel y dijo que nos la pasemos por el cuerpo para limpiar la piel y curarla de cualquier daño que tenga. Al principio dudamos un poco, pensábamos “¿cómo nos vamos a sacar todo este pegote?”. Pero al transpirar, la miel se fue derritiendo y desapareciendo. Aprovechamos para hacernos masajes y relajarnos. Una hora y media después, le dijimos a Francisco que estábamos listos para salir y nos esperó con un masaje de barro. Después nos tiró agua tibia con hierbas para lavarnos, un poco de agua fría que nos congeló el cuerpo y de nuevo agua tibia para terminar. Un trago de mezcal para terminar de calentar el cuerpo dio el cierre a esta experiencia diferente y super recomendable. Nos fuimos todos flojitos, relajados y felices.

Oaxaca: city tour

Antes de entrar a la ciudad de Oaxaca, nos desviamos unos 20 kilómetros para ir a Tlacolula, donde nos esperaba Pepe, quien nos había escrito por Facebook. De camino pasamos por Santa María del Tule y vimos su famoso árbol de más de 2.000 años y 14 metros de diámetro. Es realmente gigante!

Cuando llegamos a Tlacolula, Pepe nos llevó a comer a la tienda de su mujer donde probamos las memelas (tortillas de maíz del tamaño de un plato con frijoles molidos y queso, champiñones, pollo, carne o lo que uno guste), también nos convidaron con empanadas de amarillo (de pollo) típicas de la zona y más tarde probamos los tacos de cochinita pibil. ¡Imperdibles! Con la panza llena, estacionamos frente a lo de Pepe que descubrimos que era mecánico. Nico se puso a engrasar la Kombi y revisar los frenos y se dio cuenta que las cintas de freno delanteras se habían quebrado así que pusimos manos a la obra y las reparamos con la ayuda de Pepe. Al día siguiente conocimos a la mamá de Pepe y a su hermana Carolina que también tienen casa de comidas y a su papá que también es mecánico. Todos súper amables nos preguntaron del viaje y nos recibieron de la mejor forma.

En Tlacolula con Pepe
En Tlacolula con Pepe

Una vez que tuvimos todo listo, nos despedimos y fuimos a Hierve el Agua, que son unas piscinas naturales arriba de una montaña formadas por aguas termales pero frías. Como estaba fresco no nos animamos a meternos. Después de apreciar ese bello paisaje seguimos un sendero y bajamos hasta descubrir una cascada petrificada por la gran cantidad de sedimentos y minerales presentes en el agua, proceso similar a la formación de estalactitas y estalagmitas. El agua había dejado una forma tan rara en la piedra que parecía tallada a mano.

Piscinas naturales en Hierve el Agua
Piscinas naturales en Hierve el Agua

Ya de camino a la ciudad, pasamos por una fábrica de mezcal, bebida típica de la zona parecida al tequila pero con un gusto más ahumado y un rico sabor. Nos explicaron todo el proceso de fabricación y nos dieron de probar de varios tipos. Demasiado fuerte para nosotros y para esa hora de la mañana.

Cuando llegamos a Oaxaca lo primero que hicimos fue ir a visitar el Sitio Arqueológico Monte Albán. Quizás fue porque ya habíamos visto demasiadas ruinas pero no nos llamó demasiado la atención su arquitectura. Lo interesante del lugar es que fue uno de los pocos sitios en el mundo donde surge el Estado como sistema de gobierno. Desde allí se controlaban otras comunidades y los habitantes del Valle de Oaxaca debían pagar tributos.

Al día siguiente dejamos a Dora estacionada en una plaza y fuimos a recorrer el centro histórico, el zócalo, visitamos varios museos, iglesias y mercados. Probamos los famosos chapulines, una especie de grillos fritos con ajo o con chile, pero su sabor amargo fue difícil de digerir. También probamos el quesillo típico de la región que ya lo conocíamos pero aprovechamos las degustaciones gratis y compramos un poco para llevar. Otro producto típico de la zona es el cacao que también compramos para agregar a los cereales matutinos. Algo que nos sorprendió que comen como si fuera maní son dientes de ajo tostados con sal y chile. Nosotros que somos fanáticos del ajo es algo que podríamos adoptar perfectamente para todos los días. Al mediodía probamos uno de los platos típicos: el mole. Los moles son salsas que llevan casi 20 ingredientes. Hay negro, rojo, verde, amarillo, coloradito, etc. Nosotros probamos el estofado almendrado que es agridulce y viene con arroz y una pieza de pollo. Un sabor diferente pero muy rico. También comimos chorizos a la oaxaqueña con quesillo y frijoles. ¡Picantitos y riquísimos! ¡Los mexicanos sí que saben condimentar! De postre degustamos el Mazapán que es un dulce a base de maní muy parecido al Mantecol argentino pero todavía más rico, se deshace en la boca. ¡Una delicia!

Moles de colores en el mercado de Oaxaca
Moles de colores en el mercado de Oaxaca
"Deliciosos" chapulines
“Deliciosos” chapulines

 Nuestra última noche en la ciudad nos reunimos con dos Clubes de VW, la Hermandad de Automotores y la Vieja Escuela Familia Vochera que se organizaron para juntarse y recibirnos. Pasamos un buen rato, charlando, hablando de motores e intercambiando experiencias hasta que el frío pudo con nosotros y nos mandó a dormir.

Reunión con los Clubes de VW
Reunión con los Clubes de VW

Así terminamos nuestro recorrido por Oaxaca, un estado que sorprende con sus paisajes -desde su pacífica costa hasta su imponente montaña-, con su variada gastronomía y con su gente linda y solidaria.

Para ver más fotos entrá acá!

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4 thoughts on “México: Relax y gastronomía en Oaxaca

  1. Estoy repasando todo lo que escribieron y visitaron.Una maravilla imposible de olvidar.Si solo con leerlo disfruto tanto, me imagino como sera estar en tantos lugares distintos y con tantas cosas raras para nosotros.Espero que no se acostumbren al nudismo, no creo que puedan hacerlo en la pileta.jajaj.
    Como no se cuando volvere a meterme por aca, les quiero mandar a los dos un beso enorme y desearles muy Felices Pascuas.Imposible guardarles los huevitos de pascua que como siempre esconderemos acordandos tambien de ustedes.Besos y abrazos.

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    1. jajaja me hiciste reir! No te preocupes que lo del nudismo lo dejamos en Mexico jajaja.
      Y seguro que el año que viene cuando estemos por ahi sigue habiendo algun huevito escondido que quedo sin buscar, como pasa siempre! Te mandamos un beso grande y felices pascuas!!!!!

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