México: de la Huasteca al desierto

La Huasteca potosina: un oasis natural

El jardín surrealista

Fuera del país, lo más conocido de México es el Caribe. Pero estando en el país, mucha gente nos hablaba de algo totalmente desconocido para nosotros: la Huasteca potosina. Todos insistían en que debíamos conocer el jardín surrealista, nos hablaban de las golondrinas, de las cascadas, pero no lográbamos imaginarnos el lugar. Recién entendimos bien qué era cuando llegamos allí.

Saliendo de San Miguel de Allende, pasamos por la Peña de Bernal, otra de las maravillas naturales de México y el tercer monolito más grande del mundo. Ahí pasamos una noche y al día siguiente desviamos un poco el camino: en lugar de ir a la ciudad de San Luis Potosí, nos fuimos a la Huasteca, una región de pura selva, clima húmedo y caluroso y mucho verde. La primera parada fue en Xilitla para conocer las famosas Pozas de Edward James, un jardín escultórico enorme en medio de la selva donde este James levantó construcciones de concreto estrambóticas, algunas que parecen no tener sentido o función específica. El jardín parece un laberinto con escaleras que van y vienen y algunas que no llevan a ningún lado, callejones sin salida, puertas a la nada y hasta cascadas y piscinas naturales de agua. Con Nico nos divertimos perdiéndonos un buen rato por el jardín, sacando fotos y sintiéndonos dentro del cuento Alicia en el país de las Maravillas. Dormimos una noche en la puerta del lugar y al día siguiente seguimos camino.

Divirtiendonos en el Jardín Surrealista
Divirtiendonos en el Jardín Surrealista

El Sótano de las Golondrinas

En ningún lado conseguíamos informarnos sobre cómo llegar a este tal sótano desde donde más de un millón y medio de vencejos (similares a las golondrinas) salen y entran todos los días a la misma hora. Y no pudo ser más oportuno el encuentro con David y Andrea. Ellos nos tocaron bocina en la carretera y al frenar nos dimos cuentan que eran los tripulantes de Zaigua, su Kombi con la que fueron desde México hasta Ushuaia. Antes de salir de viaje, estuvimos a punto de encontrarlos en Buenos Aires pero no habíamos podido concretar el encuentro. Sin dudas el destino sabía que teníamos que conocernos en algún momento. Ellos acababan de venir del sótano y nos explicaron cómo llegar, además de recomendarnos otros lugares y darnos consejos sobre los caminos a tomar. Además quedamos en vernos en Austin (Texas), donde viven ahora.

Para ir al sótano primero llegamos al pueblo de Aquismon. Desde allí tomamos un camino bastante empinado, que Dora se bancó muy bien, hasta el lugar donde se empiezan a bajar más de 500 escalones hasta la boca del gran pozo donde anidan los vencejos de cuello blanco y los loros verdes. Cada día por la madrugada, millones de aves salen casi a la vez desde el pozo y retornan al atardecer. El espectáculo es único. Nosotros llegamos a la tarde y como era temprano casi no había gente. Pudimos ver en total silencio como miles de pájaros volaban rodeando el sótano y se metían cayendo en picada a una velocidad impresionante para vencer las corrientes de aire ascendente cálido que suben desde el fondo del sótano. También nos animamos a asomarnos al pozo para ver el fondo que tiene una profundidad de 512 metros (claro que primero nos atamos con una soga). Este fue uno de los momentos de contacto con la naturaleza que más vamos a recordar por ser algo tan diferente e inesperado.

Esa noche encontramos, gracias a la recomendación de Andrea y David, un buen lugar para dormir frente al río y al otro día seguimos camino hasta las cascadas.

Viendo a las golondrinas volver a sus nidos
Viendo a las golondrinas volver a sus nidos

La Cascada de Tamul

El camino para llegar a la cascada no es nada fácil. De la carretera hay que tomar una salida y hacer 5 kilómetros de camino de ripio, llegar a una tranquera, pagar 20 pesos, seguir un poco más, abrir otra tranquera, hacer otros 2 kilómetros de un camino de tierra desastroso, pasar a través de un camping donde hay que pagar 20 pesos más (si es que aparece alguien que cobre), caminar bordeando el río unos 20 minutos y bajar unas empinadas escaleras. Pero vale la pena! La cascada y el río que se forma tiene un color turquesa y si uno se aleja un poquito hasta puede meterse al agua en una pequeña playita. Con el calor que teníamos no dudamos un segundo y nos dimos un chapuzón sin ropa aprovechando que no había nadie.

La Cascada de Tamul para nosotros solos
La Cascada de Tamul para nosotros solos

El Puente de Dios

Este lugar es otra cascada pero muy diferente a la anterior. El acceso es un poco más fácil y uno se puede tirar desde arriba hacia un gran pozo de agua azul bien oscura. Dentro del pozo hay varias sogas que lo cruzan para que uno pueda agarrarse porque la corriente es muy fuerte. También se puede nadar hasta dónde cae una parte de la cascada y darse una ducha natural. Como ya se estaba yendo el sol y el agua estaba un poco fría, salimos, nos secamos y buscamos una buena gasolinera para pasar la noche.

Un chapuzón en el Puente de Dios
Un chapuzón en el Puente de Dios

Real de Catorce: un pueblo de película

Del calor y la humedad de la selva, pasamos a la sequía y al frío del desierto. Real de Catorce es un pueblo que hasta hace unos años era “fantasma”. Antes era un pueblo minero y cuando se dejaron de explotar las minas aledañas, todos se fueron. Pero alguien lo descubrió y se dio cuenta que era un gran destino turístico. Así es como volvió a renacer, pero manteniendo sus viejas casitas y construcciones que parecen abandonadas. Para llegar hay que hacer unos 25 kilómetros por un camino de adoquines y atravesar un puente de 2 kilómetros y medio. Por ese puente antes pasaba un tranvía y es el único acceso a la ciudad. Como es tan finito, uno debe esperar a que una persona le avise cuando puede cruzar. Así se forma una fila de vehículos de cada punta del túnel que espera su turno para pasar. Como llegamos en fin de semana largo la mayoría de las calles estaban llenas de puestos de venta de artesanías, dulces típicos y comida que tapaban un poco las construcciones originales. Real de Catorce es muy bonito pero nos tocaron unos días de frío extremo, donde una neblina cubría el pueblo y daba un panorama desolador aunque interesante y un tanto místico. Con tanto frío, dormir en la Kombi no se hizo fácil. Pero por suerte el último día salió el sol, salimos a caminar y pudimos disfrutarlo un poco más.

Atardecer de sol en Real de Catorce
Atardecer de sol en Real de Catorce

Monterrey: momento de despedida

La última ciudad que visitamos en México fue Monterrey y al llegar ya nos sentíamos más en Estados Unidos que en México por sus puentes y autopistas que cruzan por todos lados y sus modernos edificios. Pero lo que más nos impresionó fue que si bien es una ciudad prácticamente llana, la montaña está ahí bien cerca, las construcciones trepan la montaña que se impone con su enorme presencia a penas uno ingresa a la ciudad.

Monterrey: montaña y ciudad
Monterrey: montaña y ciudad

En Monterrey conocimos a varios de los clubes de Volkswagen que, como en otros lugares, nos invitaron a comer, nos regalaron camisetas, golosinas, recuerdos y sobretodo nos dieron mucho cariño. Conocimos también a José Luis, que a sus 73 años viajó con su esposa desde Monterrey hasta Alaska en sólo 13 días. Y ahora piensa en el próximo viaje pero esta vez hacia el sur. Todo un ejemplo de voluntad a seguir! Otros nuevos amigos que nos llevamos de esta ciudad son Rudy y Malu, a quienes conocimos en Real de Catorce y con quienes pasamos un lindo día de piscina y parrillada. En Monterrey aprovechamos también para hacer nuevas postales, pero esta vez con las frases en inglés. Ready to go!

Partimos de la ciudad de los regios y nos fuimos a Nuevo Laredo donde para nuestra sorpresa nos recibió en la entrada todo el club Volks Nuevo Laredo. Disfrutamos de una última comida y en caravana nos acompañaron con sus vochos hasta el puente que cruza a los Estados Unidos. Con todo listo para cruzar la frontera, ansiosos, nerviosos y muy conmovidos por tanta generosidad, nos despedimos de México deseando volver algún día y con mucho entusiasmo para comenzar a conocer el país numero 14 de este viaje. Ahora más que nunca podemos decir: “VIVA MÉXICO CABRONES!”

Nuevos amigos mexicanos
Nuevos amigos mexicanos
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2 thoughts on “México: de la Huasteca al desierto

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