USA: los regalos de Alaska

((For the English version see below))

Llegar a la última frontera no es algo de todos los días. Es EL momento con el que veníamos soñando desde que salimos. Nos nos costaba imaginarnos ahí, lo podíamos ver, casi sentir, pero a la distancia. A medida que los kilómetros que nos separaban de Alaska se acortaban, los nervios y la emoción brotaban por todos lados. No tenemos cábalas ni rituales antes de cruzar las fronteras, pero antes de salir de Canadá los dos sentimos la necesidad de poner la música bien fuerte, elegir las canciones que nos gustan y que nos acompañaron todo el camino y cantar con todas nuestras ganas, mientras algunas lágrimas saladas se iban mezclando con nuestras voces. Nos miramos, nos reímos, también nos peleamos y nos amigamos, todo en pocos kilómetros. Las emociones estaban a flor de piel. Nos volvimos a ver a nosotros mismos saltando en el cartel que nos da la bienvenida a Alaska, ese icónico cartel. Y esta vez lo sentíamos cerca. Y estaba más cerca de lo que pensábamos ya que apareció antes de cruzar la frontera. “¿Qué? ¿Cómo puede ser que nos den la bienvenida si todavía no cruzamos?”

 

La última frontera

Todavía sin entender que hacíamos ahí, nos sacamos fotos con el cartel pero con un gusto amargo. No nos imaginábamos ese momento así, no podíamos festejar si todavía no habíamos hecho frontera. Es como gritar el gol antes de meterlo. No nos sentíamos con ganas de festejar, de saltar, de gritar, de llorar. Simplemente nos nos sentíamos. Sólo queríamos cruzar y que fuera real, concreto, efectivo. Que pudiéramos decir “llegamos”. Y si festejábamos y nos abrazábamos y en la frontera a alguien se le ocurría decir que no podíamos pasar… ¿qué haríamos? Nos tomamos un tiempo en el cartel para sacar muchas fotos, asimilar todo y juntamos fuerzas para hacer esos metros que faltaban hasta la casilla de trámites de frontera.

Una vez allí, presentamos nuestros pasaportes  y nos pidieron el papel con el permiso que nos habían dado en la frontera de entrada desde México. Le dijimos a la oficial de migraciones que el papel, como bien decía el mismo que había que hacer, lo entregamos al salir de USA cuando entramos para Canadá. Todo hubiera estado bien si no hubiera sido porque en nuestros pasaportes no teníamos el sello de entrada, sello que, al ingresar al país, preguntamos si no tenían que ponérnoslo y nos dijeron que no era necesario. Estaban equivocados. Como no teníamos ninguna prueba material de que habíamos entrado de forma legal, la oficial nos pidió que bajáramos de la Kombi y entráramos a la oficina. Íbamos a explotar de los nervios. Nunca habíamos tenido ningún problema en ninguna frontera, justo en la última, en la entrada a Alaska nos tenía que pasar esto! Buscó nuestros datos en la computadora y yo aparecía, pero Nico no. Nos moríamos de ganas de gritar y decirle que no podía ser porque habíamos entrado juntos. Se fijó nuevamente pero con el número de pasaporte anterior y apareció! Como Nico tiene dos pasaportes (uno que está vencido pero tiene pegada la Visa de USA y el nuevo con diferente numero) lo habían registrado con el pasaporte viejo, por eso no aparecía al principio. La mujer nos imprimió nuevamente el papel del permiso que habíamos entregado y nos lo abrochó al pasaporte. Nos dijo que sólo lo entreguemos la última vez que vayamos a salir del país. Respiramos hondo y salimos de la oficina. Ahora sí, ¡estábamos en Alaska! Estallaron las lágrimas por el estrés y el miedo al rechazo, pero a la vez por la felicidad de estar ahí. Ahora sí, habíamos llegado!

Camping, calor y alces

Para nuestra sorpresa, en Alaska hacía calor, mucho calor. Lo primero que hicimos fue ir con Maga y Joel, los Amerikombiando con los que seguíamos viajando, a un camping gratuito frente a un lago. El lugar era tan lindo y tranquilo que decidimos quedarnos dos noches, hacer un fogón, cocinar pan casero, practicar un poco de yoga y hasta Joel se animó a meterse al agua que estaba bastante fría. La lluvia no dejaba de amenazar así que hicimos una cruz de sal en la tierra que funcionó y retuvo la lluvia durante esos dos días. El segundo día asistimos a una charla que daban en el camping sobre los alces de Alaska. Todavía no habíamos visto ninguno pero aprendimos mucho sobre ellos. Lo que más nos llamó la atención fue que los machos pueden medir más de 2 metros (sin contar los cuernos) y que pierden naturalmente sus grandes cuernos todos los años en Agosto. También aprendimos que en Alaska hay más muertes por accidentes de tránsito con alces que por ataques de osos. Nos fuimos con muchas ganas de ver alces, sólo que esperábamos verlos de lejos y no frente a nosotros en la ruta.

Estábamos muy entusiasmados y no veíamos la hora de conocer todo lo que Alaska iba a mostrarnos. Más adelante comprendimos que cada animal que pudimos ver, cada escenario natural, cada momento en Alaska es un regalo. Ver un alce, una familia de osos, estar cerca de un glaciar o poder ver el Denali despejado (la montaña más alta de Norteamérica que suele estar cubierta por nubes) es un regalo y hay que agradecer de poderlos ver y no darlo por sentado.

Días de camping /Camping days
Días de camping /Camping days

Valdez: explosión natural

Originalmente no estaba en nuestros planes desviarnos tanto para conocer este pueblo de una de las bahías del sur de Alaska, pero nos hablaron muy bien de ese lugar y nuestro pensamiento fue: “estamos en Alaska ahora, ¿cuándo vamos a volver?” Así que nos desviamos unos cuantos kilómetros que valieron la pena. En el camino pasamos la noche frente a un río. Lo bueno de Alaska es que, como nos dijeron, si no hay un cartel que indique lo contrario, se puede hacer. Por eso fue muy fácil encontrar increíbles lugares donde estacionar para pasar la noche. Antes de llegar vimos el glaciar Worthington y unas cascadas que se podían apreciar desde la ruta.

Camino a Valdez / In our way to Valdez
Camino a Valdez / In our way to Valdez

Valdez nos recibió con un sol radiante. Lo primero que hicimos fue ir al criadero donde estaban llegando los salmones a dejar sus huevos ya que era todo un espectáculo ver la cantidad de peces nadando contra la corriente, y esperábamos también ver a algún oso hambriento. Había demasiada gente y los osos no aparecieron, pero aprendimos que los salmones volvían ahí a dejar sus huevos porque era donde habían nacido y, lamentablemente, después de ponerlos, iban a morir. Era impresionante verlos nadar con tanto esfuerzo luchando contra el agua corriendo en su contra. También vimos muchos aprovechando la cantidad de peces para pescar, algo que está permitido pero que requiere un permiso y no se puede hacer cerca del criadero. Nos quedamos como hasta las 10 de la noche disfrutando del paisaje, del atardecer tardío y del show que los lobos marinos nos estaban dando al cazar los peces.

Al otro día decidimos hacer algo que no solemos hacer: tomar un tour. Nos habían recomendado tanto el viaje en el barco Lulubell que lo meditamos y volvió nuevamente esa pregunta a nuestras cabezas: “¿cuándo vamos a volver?”. Fuimos a la oficina del tour y la señora fue tan simpática que nos cobró el precio más bajo y nos regaló uno de los 4 pasajes. A las 11 embarcamos con destino al glaciar Columbia. En el camino vimos nutrias flotando y haciendo la plancha tranquilamente mientras comían ostras que acababan de buscar en el fondo del mar. También nos cruzamos con varias comunidades de lobos marinos, unos pájaros muy raros que viven en cuevas llamados Puffin birds que son característicos de Alaska y hasta disfrutamos de un grupo de delfines que jugaban al lado del barco. El premio final fue el imponente glaciar. Habíamos salido con calor del puerto de Valdez y al llegar ahí nos tuvimos que abrigar con todo lo que teníamos. Estuvimos un buen rato bien cerca del glaciar y pudimos ver como una gran parte cayó al agua dejando al descubierto el hielo azul profundo y provocando que los pedazos de hielos que flotaban alrededor nuestro se movieran. Yo nunca había visto un glaciar tan de cerca y fue muy emocionante. Sin duda Alaska nos estaba mostrando lo mejor de sus regalos.

Glaciar Columbia
Glaciar Columbia

Esa tarde volvimos al criadero y nos sorprendió ver muchos más salmones que el día anterior. Tampoco vimos osos así que nos fuimos a dormir en un lugar muy tranquilo que habíamos encontrado donde solía estar el pueblo de Valdez antes del terremoto en 1964. Al otro día descansamos ya que el tour de todo el día en el barco nos había agotado un poco y fuimos al centro de información turística a conectarnos a internet y de ahí a probar suerte nuevamente con los osos. No nos queríamos dar por vencidos tan rápido. Pasamos la tarde esperando a que alguno apareciera para comer, pero no hubo caso. Así que decidimos nosotros ir a comer y preparamos unas ricas pizzas caseras hechas a la parrilla. Para el postre se sumó una pareja de alemanes que estaba viajando en auto por Alaska y Canadá.

Al otro día nos preparamos para tomar la ruta de nuevo pero decidimos darle una última oportunidad a los osos. Volvimos cerca del criadero y esperamos unas horas. Cuando estábamos por irnos apareció un Grizzly y lo pudimos ver pescando salmones. Nos despedimos de Valdez agradecidos por haber podido disfrutar de toda su naturaleza y de unos días de sol pleno.

Grizzly cazando salmones / Grizzly bear fishing salmon
Grizzly cazando salmones / Grizzly bear fishing salmon

Valdez no es sólo un lugar en donde abunda la naturaleza sino que además tiene una historia interesante. En 1989 hubo un importante derrame de petróleo de la compañía Exxon Valdez. Fue la peor tragedia ecológica de toda la historia de Alaska ya que el petróleo se extendió más de 2.000 kilómetros por la costa. En Valdez también termina el poliducto que comienza en Prudhoe Bay y tiene una extensión de 1.287 kilómetros. Éste lleva el petróleo que se extrae en el norte a lo largo de todo el estado. En Valdez se embarca en busques-tanques para ser trasladados a diversas refinerías que lo transforman en combustible.

Como todo lo que uno recibe también tiene que darlo de alguna forma, después de todo lo que habíamos podido ver en Valdez, era nuestro turno de hacer algo por otros como forma de agradecimiento. De camino a Anchorage, una de las ciudades más importantes de Alaska, frenamos a ver desde un mirador el glaciar Matanuska (si algo hay en Alaska son glaciares). Era tarde y la vista no muy buena, después de haber estado tan cerca del Columbia nada era muy impactante (nada hasta que llegamos al glaciar Exit, pero eso se los contamos más adelante). Cuando nos disponíamos a irnos del mirador para buscar un lugar donde dormir, se nos acercó una familia china que estaba de vacaciones y se había quedado sin gasolina en el motorhome que habían alquilado. Tenían que estar a la madrugada en Anchorage devolviendo el vehículo y tomarse un avión ese mismo día. Como nosotros íbamos a pasar la noche por ahí y sabíamos que había una gasolinera cerca que abría a la mañana, le dimos casi todo el combustible de nuestras dos Kombis. Todo el proceso llevó unas dos horas pero el hombre estaba tan agradecido que, además de pagarnos la gasolina, nos regaló unas ricas hamburguesas que nos pusimos a cocinar en el momento ya que eran más de las 12 y no habíamos cenado.

Anchorage: días de hogar, pesca y familia

Hace un tiempo, Lorena, una argentina que vivía en Alaska, nos había escrito por Facebook diciéndonos que podíamos ir a su casa cuando estemos en Anchorage. Justo a los días de entrar en Alaska nos volvió a escribir y reiterar la invitación. En lugar de 2 éramos 4 y en vez de una Kombi eran 2. Pero nos recibió tanto ella como su marido Miki y sus tres hijos Mathi, Ralf y Sofi, con los brazos más que abiertos, como si nos conociéramos de siempre. Lo que iban a ser unos días se convirtieron en semanas. Nos sentíamos tan cómodos que nos queríamos irnos y ellos tampoco querían dejarnos ir. A penas llegamos a la casa lo primero que sentimos fue olor a empanadas. Lore estaba cocinando para vender empanadas argentinas y juntar plata para su hermana que debía operarse y enseguida pusimos manos en la masa para ayudarla. Al otro día nos sorprendió con un desayuno con waffles y así arrancó el rally gastronómico que disfrutamos en su casa, donde nos sentimos muy cerca de Argentina a pesar de la distancia.

Los días siguientes fueron tranquilos pero de mucha actividad. Como los días estaban nublados y con bastante lluvia pasábamos muchas horas en la casa y en el supermercado. Aprovechamos el lugar que teníamos y el incentivo de Lore para cocinar y comer todo eso que extrañábamos: milanesas, ñoquis, tortas, alfajores, papas fritas, etc. Adoptamos una nueva familia y ellos nos adoptaron a nosotros como sus hijos mayores.

El fin de semana nos llevaron a hacer algo característico de Alaska en el verano: pescar salmones con redes en la desembocadura del río Kenai. La pesca está regulada y sólo se puede sacar un número determinado por familia y para consumo personal, no para venta. En teoría nosotros no podíamos pescar porque no somos residentes, pero teníamos que vivir la experiencia aunque fuera sólo por un ratito. Para pescar nos fuimos hasta la Península de Kenai. La primera parada fue en Alyeska donde hicimos con Miki una caminata por un bosque muy lindo. Esa noche llegamos a su cabaña cerca de Seward donde hicimos chorizos a la parrilla. Al otro día Miki se tuvo que ir a trabajar temprano de vuelta a Anchorage y fuimos con Lore y los chicos hasta el lugar de la pesca. El día estaba feo, lluvioso y frío, pero no nos detuvo. Al mal tiempo, buen asado. Nico y Joel se encargaron de prender la parrilla bajo un paraguas y después de comer, las chicas nos animamos a meternos al agua. Maga, Lore y yo nos pusimos los trajes de agua, agarramos la red y nos metimos. La gente estaba callada y concentrada, hace horas estaba esperando un pez. Nosotras, escandalosas, a penas nos metimos pescamos uno. No podíamos creerlo. Salimos a los gritos y muy tentadas. Los demás pescadores debieron odiarnos en ese momento! Nos quedamos un rato más pero ya hacía mucho frío y volvimos a la cabaña calentita. A las 12 de la noche me cantaron el feliz cumpleaños y al otro día volvimos a Anchorage para festejarlo con pizzas caseras y torta de brownie con dulce de leche.

Pesca de salmones en Kenai / Fishing salmon at Kenai
Pesca de salmones en Kenai / Fishing salmon at Kenai

El viernes a la noche fue muy intenso. Primero fuimos a comer a lo de una familia colombiana amiga de Lore y Miki. De ahí con Lore y sus amigas a un bar que nos habían recomendado. Cuando llegamos nos dimos cuenta de que era un bar gay y había un show de transformistas. Por suerte era todo muy recatado y parecía más en broma que otra cosa. Nos divertimos viendo como se les acercaban a Nico y a Joel y hasta aflojamos un poco el cuerpo bailando música latina. Cuando volvimos a la casa nos estábamos por ir a dormir cuando vimos que esa noche iba a ver mucha actividad de auroras, así que en pijama nos subimos al auto y fuimos a un lugar alto de la ciudad desde donde se tuviera una buena vista. Al final no vimos nada pero esa fue la primera de muchas noches de vigilia tratando de cazar auroras.

El fin de semana fuimos a ver varios de los partidos de fútbol de Ralf. Ahí conocimos a una familia mexicana muy buena onda con la que compartimos unos chorizos y hamburguesas. El domingo, después de ver la final y de almorzar con las demás familias de los miembros del equipo de fútbol, nos fuimos a una reunión de viajeros en lo de una pareja alaskeña. Ellos habían ido con su Kombi desde Alaska hasta Argentina y Maga y Joel los habían conocido en Guatemala. También conocimos a otra pareja que recién arrancaba su viaje hacia el sur y estaban muy entusiasmados. Sacamos fotos con todas las Kombis y como estábamos en Alaska, comimos salmón en cantidad y en diversas presentaciones, entre otras delicias.

Encuentro con viajeros kombinautas / Travelers meeting
Encuentro con viajeros kombinautas / Travelers meeting

Los días que siguieron fueron de mucha cocina. Hicimos empanadas y alfajorcitos de maicena caseros para vender y participamos de un Festival Internacional en un parque de Anchorage. Ahí, además de vender nuestras cosas, probamos platos de todo el mundo. Aunque los alfajorcitos les ganaban a todos.

Unos días después recibimos una increíble sorpresa. Otra familia, la de Roy, Liz, sus 4 hijitos y los abuelos, a quienes habíamos conocido en Canadá unas semanas atrás, se acababan de mudar desde Arizona a Anchorage y nos escribieron para decirnos que fuéramos a una gomería donde habían 4 ruedas nuevas para la Kombi esperándonos. Ellos habían visto que los zapatos de Dora ya no daban para mucho más y sin decirnos nada nos compraron las ruedas! ¿Se dan cuenta por qué siempre decimos que hay más gente buena que mala en este mundo?

Anchorage fue muy generoso con nosotros. ¿Qué más podíamos pedir? Pero Alaska todavía se guardaba algunos regalos más.

Dora en el Festival Internacional. / Dora at the International Festival
Dora en el Festival Internacional. / Dora at the International Festival

Kenai: magia blanca

Fue difícil tomar de nuevo la ruta después de tanta comodidad. Pero el invierno no nos iba a esperar y teníamos que empezar a movernos. Así que tres semanas después de haber llegado a Anchorage, nos despedimos y fuimos de nuevo a la península de Kenai para hacer algunas cosas que teníamos pendientes. Llegamos al glaciar Exit y nos sorprendió ver el rápido retroceso que tuvo en los últimos años por el calentamiento global. Pasamos la noche en un área de descanso y, milagrosamente después de tanta lluvia, amaneció soleado. Empezamos a recorrer un sendero para tener una mejor vista del glaciar y cuando llegamos al mirador nos sentíamos tan motivados que decidimos seguir caminando hasta el final del camino, en total unos 14 kilómetros de ida y vuelta. El camino era todo el subida por la montaña y muy lindo. Poco antes de llegar al final nos encontramos que todo estaba cubierto de nieve y nos divertimos intentando esquiar. Nos metimos en cuevas congeladas, vimos cabras de montaña y osos. Lo disfrutamos tanto que no sentíamos el cansancio del ascenso. Parecía mágico. Lo mejor estaba en el final, el sendero terminaba en un infinito campo de hielo blanco. Y ahí descubrimos que no parecía, era mágico.

Cuando volvimos a las Kombis estábamos agotados. Habíamos caminado 9 horas, nuestros pies no daban más. Pero sentíamos la satisfacción de haber llegado hasta el final. Pasamos otra noche en el área de descanso cerca del glaciar y al otro día fuimos al pueblo de Seward a conocerlo y dar una vuelta. De ahí pasamos por el glaciar Explorer pero no nos quedamos ya que la lluvia amenazaba con volver, así que decidimos seguir viaje. Como teníamos que pasar si o si por Anchorage para ir más al norte, volvimos a lo de Lore donde nos quedamos dos noches más. De despedida hicimos empanadas árabes y compartimos la cena con unos amigos de México y Venezuela. El viernes al mediodía nos despedimos de todos con un poco de tristeza pero con la certeza de que volveríamos a verlos en algún momento.

Final del camino en el Glaciar Exit / End of trail at Exit Glacier
Final del camino en el Glaciar Exit / End of trail at Exit Glacier

Trapper Creek: la vida en el interior de Alaska

Cuando estábamos en Ecuador, hace más de 1 año y medio atrás, conocimos a una adorable pareja alaskeña: Rick y Kathy. Ellos estaban trabajando como voluntarios en un centro médico y nos dijeron que cuando lleguemos a Alaska podíamos ir a su casa. Como muchas veces pasa, no sabíamos si se acordarían de nosotros tanto tiempo después. Pero Kathy nos siguió escribiendo. Así que desde Anchorage nos fuimos al pueblo de Trapper Creek en el centro del estado. Alejado de la ciudad, Trapper Creek es un lugar muy pequeño donde hay casas particulares, una tienda de antigüedades y una estación de servicio. No mucho más. Y como en cualquier pueblo chico, todos se conocen. Nos encontramos con Kathy de casualidad en la gasolinera y nos llevó a su cabaña, lugar que había construido junto a Rick con sus propias manos. Se notaba el amor que había en esa casa porque parecía de cuento, era muy acogedora, llena de libros, fotos y recuerdos por todos lados. Lamentablemente, Rick había fallecido unos meses atrás pero lo sentimos muy cerca en las historias que Kathy se dedicó a contarnos sobre él y sus forma de vivir y disfrutar la vida.

Como ese día Kathy tenía una reunión en un pueblo cercano llamado Talkeetna, fuimos con ella hasta ahí y aprovechamos a recorrer el pueblo que habíamos escuchado era muy lindo. Con poquitas cuadras, el pueblo estaba lleno de tiendas, bares y restaurantes. El sol nos acompañó casi todo el día y pudimos disfrutar la recorrida. A la tarde nos reencontramos con Kathy en un centro cultural de ahí para asistir a la proyección de una película sobre unos franceses que navegaron el río Colorado de USA en 1938. Intrépidos pioneros de la navegación en kayak.

De allí volvimos a lo de Kathy donde pasamos la noche. Al día siguiente nos preparó los típicos pancakes de Alaska (Sourdough Pancakes) hechos con una levadura que está viva desde la época de la fiebre del oro en 1800. Históricos pancakes! Como acompañamiento probamos chorizo hecho con oso. Nos dio un poco de lástima e impresión pero la verdad es que eran riquísimos! Como era domingo y Kathy tenía el día libre, nos llevó a recorrer el pueblo. Primero nos mostró el servicio de ambulancias donde trabaja como paramédica, visitamos el centro comunitario que puede ser usado por cualquiera del pueblo, vimos el cementerio que esconde historias atrapantes y la casa donde vivió el primer habitante del lugar, ex propietario del terreno donde ahora está su cabaña. Además nos enseño sobre plantas locales y nos mostró su huerta, la que requiere un gran mantenimiento ya que después de cada invierno hay que volver a sembrar todo y empezar de cero. Juntamos algunas verduras de ahí con las que Kathy hizo después una ensalada que acompañó la sopa casera con carne de alce. A la tarde preparamos una tarta con frutos rojos también sacados de la huerta y fue una de las cosas más ricas que probé. Esa noche Kathy nos sorprendió con un salmón al horno con frutos del bosque, exquisito. En un solo día nuestro paladar se deleitó con varias delicias típicas de Alaska que hasta ese momento no habíamos conocido.

Vivir en esta parte de Alaska lejos de la ciudad no es tan fácil, sobretodo en invierno. Su casa no esta conectada a la red de electricidad, por lo que muchas de las actividades cotidianas deben hacerse a la antigua, como lavar la ropa a mano o calefaccionar con una estufa de leña. Quizás sea por eso que era tan acogedora y especial. Como no hay electricidad, utiliza paneles solares, que en invierno, por la poca luz que hay, tienen que apoyarse con un generador. El baño, como en la mayoría de las casas de la zona, se encuentra afuera. Es un baño seco sin puerta y con vista al campo, muy natural. La cabaña también cuenta con un sótano que mantiene de forma natural la misma temperatura durante todo el año y que sirve para almacenar alimentos.

Al día siguiente Kathy tenía que irse a trabajar, así que desayunamos con ella y nos despedimos muy agradecidos de haberla podido cruzar de nuevo, de los mimos en la panza que nos regaló y de poder conocer su mundo y mostrarnos un poquito cómo es la vida en el interior de Alaska. Fue ella quien nos enseño que cada cosa que uno puede ver en Alaska son regalos y es algo que me quedó retumbando en la cabeza en el resto del recorrido.

Cena con amigos en lo de Kathy / Diner with friends at Kathy´s house
Cena con amigos en lo de Kathy / Diner with friends at Kathy´s house

Denali: el grande se dejó ver

Hace varios días que estábamos intentado ver el Denali, la famosa montaña más grande de Norteamérica. No hay que ir hasta el Parque Nacional del mismo nombre para verla. Como es tan grande es visible desde casi cualquier lado. Pero no es fácil porque en general está nublado. Sólo un 20% de los visitantes del parque logran verlo. Nosotros todavía no habíamos tenido suerte, hasta que salimos de lo de Kathy. Cuando agarramos la ruta lo vimos. Gigante, blanco, macizo, imponente. Buscamos un buen lugar para disfrutarlo y sacarle fotos antes de que se cubriera de nuevo.

Antes de llegar al Parque Nacional, frenamos en el camino a dormir. Encontramos un lindo lugar frente a un río con una excelente vista para ver auroras. Cocinamos tarde para hacer tiempo y aguantar despiertos , preparamos las cámaras y esperamos. Pero no hubo suerte. Todavía había demasiada claridad como para verlas y la luz de la luna no ayudaba. Estábamos a mediados de agosto y recién se suelen empezar a ver a fin de mes o en septiembre.

Al día siguiente llegamos al parque y volvió la lluvia. Así que como no teníamos muchas ganas de caminar nos quedamos en el centro de visitantes y pasamos la noche en un área de descanso en las afueras del parque. Por suerte al otro día estaba completamente despejado y eso nos levantó el ánimo y las ganas. Hicimos algunas caminatas y pudimos ver el Denali despejado casi todo el día. El tercer día decidimos tomar un bus que entraba a otras áreas del parque donde no se puede llegar con vehículos particulares. El viaje demoró 8 horas ida y vuelta y, a pesar de que hacía frío, estaba lluvioso y la montaña estaba cubierta, pudimos ver muchísimos animales. Entre ellos alces con sus gigantescos cuernos (que todavía no habíamos podido ver ya que sólo habíamos encontrado hembras, que no tienen cuernos), una osa Grizzly con sus 3 oseznos y varios caribús.

El Denali se dejó ver / We could see the Denali
El Denali se dejó ver / We could see the Denali

Una historia muy especial

La próxima ciudad a conocer y lo más al norte que llegaríamos era Fairbanks. Pero antes de llegar pasamos por un lugar obligado de todo viajero: el Bus mágico. En 1992, el joven Chris McCandless decidió romper con el sistema, dejar a su familia y abandonar la vida como la conocía con un objetivo: recorrer Estados Unidos, Canadá y meterse en lo más salvaje de Alaska. Cuando logró llegar al interior de Alaska a fines del invierno encontró un autobús abandonado que usualmente utilizaban los cazadores como refugio. Pasó el verano ahí por su cuenta y cuando decidió volver a la ciudad, se encontró atrapado por los crecidos ríos con agua proveniente de deshielo que eran imposibles de cruzar. Lamentablemente no estaba preparado para eso y murió de inanición. Su cuerpo fue encontrado unos días después dentro del bus. Su historia se hizo conocida a través de un libro sobre su vida que luego se convirtió en la película “Into the Wild” (“Hacia rutas salvajes”) dirigida por Sean Penn. El bus original todavía se encuentra en el mismo lugar, pero llegar hasta él no es fácil en invierno y es imposible en verano por las mismas razones por las que él no pudo salir de ahí. Para hacer la película crearon una réplica que hace de museo con fotos y partes del diario de Chris y fue el que visitamos. Para algunos es un héroe, otros nunca pudieron entenderlo y lo critican. Lo importante, creo yo, es que él mismo antes de morir descubrió lo que tanto buscaba, que “la felicidad sólo es real cuando es compartida”.  

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Fairbanks: nuestro norte más norte

Casi todos los que nos cruzábamos en Alaska nos hacían la misma pregunta: “¿van a ir hasta Prudhoe Bay?”. Eso es lo más al norte que se puede llegar por carretera y nos tentaba mucho la idea. Pero averiguando un poco nos dijeron que el camino era todo de tierra y no estaba en buenas condiciones, así que por más ganas que tuviéramos, decidimos preservar la Kombi. No podíamos destruirla, todavía nos quedan muchos kilómetros por hacer. Por lo tanto, Fairbanks sería lo más al norte que iríamos.

Llegamos a la ciudad con la maldita lluvia característica de agosto que nos perseguía y pasamos dos noches estacionados en el Walmart que estaba lleno de otros motorhomes. Un día salimos a recorrer la ciudad y visitamos el Pioneer Park, un parque donde hay casas de la época de la fiebre del oro, museos, galerías de arte, juegos, etc. Tuvimos tanta suerte que justo llegamos el día en que festejaban el aniversario de un avión militar y había hot-dogs, bebida y torta gratis.

Saludos desde el Polo Norte

Cerca de Faibanks se encuentra el pequeño y simpático pueblo de North Pole, donde siempre es Navidad. Los postes de luz de la calle están pintados como si fueran bastones de caramelo y los nombres de las calles son todos alusivos como Saint Nicholas, Christmas, Holidays, etc. Y como no podía ser de otra forma, en el Polo Norte está la casa de Santa Claus. En realidad es una tienda de regalos a donde llegan miles de cartas de niños que piden sus regalos de Navidad. Dimos una vuelta por la tienda y nos divertimos leyendo algunas de las cartas que están pegadas en las paredes con insólitos pedidos. Además aprovechamos a mandarles postales a nuestras familias en Argentina que las recibieron unas semanas después con el sello del Polo Norte. ¡Les encantó la sorpresa!

En la casa de Santa Claus en el Polo Norte. / At Santa´s house at North pole
En la casa de Santa Claus en el Polo Norte. / At Santa´s house at North pole

Alaska Highway: la autopista más famosa

Desde el Polo Norte seguimos camino y tomamos la Alaska Highway. Esta autopista es muy importante porque fue construida en 1942 en sólo 8 meses con un propósito militar. Después del ataque Japonés a la base de Pearl Harbor, los gobiernos de Estados Unidos y Canadá consideraron que era necesario construir un camino accesible y seguro entre los estados del sur de USA y Alaska. La ruta tiene una extensión de 2.450 kilómetros y fue construida por 11 mil soldados y 16 mil civiles que tuvieron que soportar condiciones de vida adversas arriesgando su vida. Primero debieron combatir el barro de la primavera que provocó grandes complicaciones en la construcción. Con el verano llegó el calor y los mosquitos. Y el invierno no dio tregua, las temperaturas llegaron hasta los 60º bajo cero. Además debieron combatir enfermedades y soportar el aislamiento de esa área abandonada del mapa. Hay varios museos que cuentan la historia de la construcción de esta carretera y que muestran fotos, películas y hasta piezas originales de la época. Nosotros tuvimos la suerte de poder recorrer todos y cada uno de esos 2.450 kilómetros de ruta descubriendo los pequeños caseríos que, en 1942, se vieron transformados de la noche a la mañana.

Adiós Alaska!… ¿y ahora?

Las últimas paradas antes de irnos de Alaska fueron en Tok (antes llamado Tokio, pero le cambiaron el nombre durante la Segunda Guerra Mundial) y Chicken (nombrado así simplemente porque hay muchas gallinas según dicen). En Tok aprovechamos la biblioteca pública para conectarnos a Internet y hablar con nuestras familias y en las afueras de Chicken frenamos a dormir. Si bien sentíamos nostalgia por tener que despedirnos de Alaska, el frío ya se estaba sintiendo. Las puertas de las Kombis se fueron cerrando cada vez más temprano y se hacía más difícil levantarse cada mañana. La lluvia cotidiana no ayudaba. Todo indicaba de que era hora de seguir adelante y de que Alaska quedara en nuestros mejores recuerdos. Estábamos felices de haber podido disfrutar todos los regalos que este increíble estado nos había mostrado durante más de un mes. Sus incontables glaciares, sus soberbios animales y su fauna marina, su gran Denali, sus admirables salmones, su historia de pioneros y buscadores de oro, su salvaje interior, su gente.

Alaska fue desde que salimos el objetivo de este viaje. No porque el sueño estaría cumplido una vez que llegáramos, ya que lo fuimos cumpliendo a lo largo del camino gracias a todas las personas que fuimos conociendo y a los lugares increíbles que pudimos recorrer. Pero Alaska marca el fin del mapa, lo más al norte que iríamos. Y después de toda la adrenalina de cruzar y darnos cuenta hasta donde habíamos llegado, cayó la pregunta “¿y ahora qué?”. Y al cruzar la última frontera empezamos a sentir que este viaje estaba terminando. Si esto es lo más al norte no queda otra que empezar a bajar. Eso se sentía como un volver a casa y despedirnos de esta vida que tanto disfrutamos desde hace dos años. Pero no era lo que queríamos, no todavía. Así que volvimos a agarrar el mapa y barajar opciones. Alaska fue un lugar de mucho pensar y analizar. Todo el tiempo nos veíamos proponiendo nuevas ideas, recorridos. Las opciones son tantas que es difícil decidirse, lo bueno es tener esa libertad para elegir entre alternativas que no son impuestas por nadie, sino que uno mismo se plantea. Y así fue como marcamos nuevamente la ruta, esta vez la Kombi se va para el sur, pero no sin antes seguir recorriendo muchos lugares que todavía están pendientes en nuestra lista.

Cartel de salida de Alaska. Adios!!
Cartel de salida de Alaska. Adios!!

Note pierdas las fotos de Alaska acá y el video de nuestro paso por allí (hace click acá)

USA: Alaska´s gifts

Getting to the last frontier its no a daily thing. Is THE moment which we have been dreaming about since we started. We could imagine there, we could see it and almost feel it, but with distance. When the miles that separated us from Alaska were getting shorter, the nerves and emotion started appearing. We don´t have any tradition or ritual before crossing borders, but before going out of Canada we both felt the necessity of putting the music very loud, choosing the songs we like and sing with all our hearts while a couple of salty tears were mixing with our voices.  We looked at each other, we laughed, we also argued and reconciled again in just a few miles. Emotions were strong. We could see us again in the Alaska welcome sign but this time from a very short distance. And was more near than we thought because the iconic sign appeared before the border control. “What? How can it be that the give us the welcome but we haven´t cross yet?”

The last frontier

Without understanding what we were doing there, we took pictures with the Alaska sign but with a bitter taste. We haven´t imagine that moment like that, we couldn´t celebrate before crossing the border. We didn´t felt like celebrating, jumping, screaming or crying. We just didn´t felt. We only wanted to cross, to make it real, effective. We wanted to say: “we arrived”. And if we celebrated and hug and in the border control somebody told us we couldn´t cross, what should we do? We took our time in the sign to take pictures and gain strength to make de miles that separated us from the border.

Once there, we showed our passports and the migration officer asked for the permit paper they had given us when we entered the country from Mexico. We told her that we had gave away that paper before entering to Canada. Everything would be ok but we didn´t have the stamp in our passport of the entrance to the USA. We asked for the stamp when we entered but there they told us it was not necessary. They were wrong. As we didn´t have physical proves that we had entered by the legal way, the officer told us to park the bus and get into the office. We were going to explode of anxiety! It was the first time in all the trip that we had a problem in a border, and it had to be in Alaska! Why? The lady looked in the computer for our information and I appeared but Nico didn´t. She tried again with a different number and there he was. She printed another permit and told us to give it away only the last time we are leaving the country. We finally could take a deep breath and say “We are in Alaska!”. I started crying because of the stressful moment and for the happiness of being there.

Camping, hot and moose

Surprisingly, Alaska was hot. The first thing we did was to go with Maga and Joel, the couple that had been traveling with us, to a free campsite next to a lake. The place was so beautiful and quiet that we decided to stay for two nights, make a bonfire, bake bread, practice yoga and even Joel got courage and swam in the lake even though the water was quite cold. The rain didn´t stop threatening so we made a salt cross on the floor that hold back the rain for a couple of days. The second day of camping we participated in a talk about moose. We hadn´t seen any yet but we learnt a lot about them. What caught our attention was that moose can be more than 7 feet high (without the antlers) and that they lose their antlers every year around August. We also learnt that in Alaska there are most deaths by accidents with moose on the road that by bear attacks. Now we wanted to see one but not in front of us in the road.

We were very excited about what Alaska was going to show to us. Later we understood that each animal we could see, each natural scenery, every special moment in Alaska is a gift. To see a moose, a bear family, to be near a glacier or to see the Denali clear (the North America tallest mountain that is usually covered by clouds) is a gift and we have to be thankful if we can see them.

Valdez: natural explosion

Originally it wasn´t in our plans to go to this town of one of the bays in the south Alaska, but people talk so good about Valdez that we thought: “we are at Alaska right now, when are we coming back?”. So we decided to drive a few more miles that were worth it. In the way we stopped to spend the night in front of a river. The good thing about Alaska is that if there is no sign that says the opposite, you can do it. So it was very easy to find great places to overnight parking. Before arriving we saw the Worthington Glacier and some waterfalls from the road.

Valdez received us with a bright sun. The first thing we did was to go to the hatchery were the salmons were arriving to lay their eggs. It was a show to see such an amount of fish swimming against the tide and we also were expecting to see hungry bears. There were too many people so bears didn´t appear but we learnt that salmons we going to the hatchery because that was where they were born and, unfortunately, they were going to die after laying their eggs. It was impressive to see them fighting against the tide. We also saw many people taking advantage of that and fishing. It is allow but you need a permit to fish and it cannot be done near the hatchery. We stayed there until 10 pm enjoying a late sunset and the sea lions swimming and fishing.

The next day we decided to do something we usually don´t: take a tour. We were recommended so much the tour in the Lulubell that we gave a second thought and the question “when are we going to come back to Alaska?” appeared again. We went to the tour office and the lady was so nice that she only charged 3 tickets instead of 4 and with the lowest price she could. At 11 am we were getting on board to see the Columbia Glacier. In the way we saw sea otters floating peacefully and eating oysters that they pick from the bottom of the sea. We also saw many sea lion families and very strange birds that live in caves call Puffin birds that are traditional from Alaska and enjoyed watching the dolphins swimming around the boat. The best prize was the glacier. We spent an hour near it and could see how a very big part felt down exposing the blue ice of the glacier. I had never seen something like that, it was so exciting. Alaska was already showing the best gifts.

That evening we returned to the hatchery and we were surprise to see much more salmons than the previous days. We couldn´t see bears neither so we went to sleep to a very quiet spot were the old town of Valdez used to be before the earthquake of 1964. The next day we went to the Visitor Center to get wifi and from there we went back to the hatchery to try again with the bears. We didn´t want to give up so soon. We spent the afternoon there waiting for them to take a brunch but we didn´t have luck. So we went to feed ourselves and prepared homemade pizza. For the dessert time, a German couple that was traveling around Canada and Alaska joined the group.

The next day we got prepared to take the road again but first decided to give the bears a last chance. We returned near the hatchery and waited for a couple of hours. When we were about to leave, a Grizzly bear appeared to fish salmon! We said goodbye to Valdez and left very thankful for all we had seen.

Valdez is not only a place full of nature, but also has a very interesting history. In 1989 there was a very important oil spill from the company Exxon Valdez. It was the worst ecologic tragedy in all the history of Alaska. The oil extended from more than 2.000 km in the coast. At Valdez also finishes the pipeline that starts in Prudhoe Bay and that has an extension of 1.287 km. The pipeline carries the oil that is extracted in the north to all over the state. At Valdez they ship it to different refineries that transform it into fuel. 

As everything you receive you have to give it back in any way, after all the beautiful things we could see at Valdez, it was our turn to make something for others. In our way to Anchorage, one of the most important cities in Alaska, we stopped at a viewpoint of the Matanuska Glacier. It was late and the view not really good. After being so close to the Columbia Glacier nothing was so impressive (until we got to the Exit Glacier, but that we´ll tell you below). When we were about to leave, a Chinese family that was on holidays told us they had run out of fuel for they rented RV. They had to be early in the morning at Anchorage to return it and take a flight. As we were going to spent the night near there and we knew there was a gas station that opened the next morning, we have them all the fuel of our two VW Buses. Everything took about 2 hours and the family were so thankful that, in addition to paying the gas, they gave us hamburgers that we cooked in that moment because it was 12 am and we hadn´t eaten anything yet.

Anchorage: family days

Some time ago, Lorena, an Argentinean woman that lives in Alaska, wrote to us on Facebook to invite us to her home in Anchorage. Two days before entering Alaska she wrote to us again and reiterated the invitation. Instead of 2 we were 4 and in place of 1 VW Bus there were 2. She and her family (Miki, Mathi, Ralf and Sofi) receive us with arms wide open. A couple of days were turned into 3 weeks. We were so comfortable we didn´t want to go and they didn´t want us to leave.  The first thing we smell when we arrived was empanada. Lore was preparing to sell them and we instantly started to help her. The next day she surprised us with a breakfast with waffles and there was the start of a gastronomic rally. The next days we spent a lot of time in the house as it was rainy. We prepared all those dishes we missed so much like milanesas, ñoquis, cakes, alfajores, etc. We adopted a new famiy and they adopted us. We felt near home in spite of being so far away.

The weekend they family took us to Kenai to do something typical of Alaska in summer: deep netting fishing. Fishing is regulated and each family can take only a determinate amount of fish for personal use, not for selling. En theory we couldn´t fish because we are not residents, but we had to try it at least for some minutes. The first stop in our way to Kenai peninsula was at Alyeska were we hike in the woods with Miki, Lore´s husband. That night we arrived to their cabin near Seward were we cooked sausages. The next day Miki left early to Anchorage because he had to word and the rest of us went to the river to fish. The day was rainy and cold pero that didn´t stop us. Nico and Joel were in charge of preparing the meat to have lunch under an umbrella and in the afternoon the girls took courage and entered to the water. Lore, Maga and I put the water suits, grabbed the net and went in. All the people was quiet and concentrated, waiting for a fish. We were laughing and shouting and a couple of minutes after we entered the water, we caught a salmon! We couldn´t believe it. The other fishers must have hated us. We stayed for a while but it was getting to cold so we returned to the cabin to have a hot meal. At 12 am everybody sang the Happy Birthday for me and the next day we returned to Anchorage to celebrate it. With homemade pizzas and brownies cake.

The following friday night was very intense. First we went to to house of Lore´s friends that are from Colombia. After that we went with Lore and her friends to a bar that was recommended. When we arrived we realized it was a gay bar and there was a quick-change artist´s show. Luckily everything was demure and it looked like it was a joke. We dance for a while and then went back home. When we were about to sleep, we realized that night was good to see the Northern Lights. So we got into the car in pijamas and went to the tallest point of the city. Unfortunately, we couldn´t see anything but that was the first of many nights trying to see them.

During the weekend we went to see Ralf´s soccer matches. There we met a very nice Mexican family which shared a meal with us. On Sunday, after watching the soccer final and having lunch with the families of the other players of the team, we went to a travelers meeting at the house of an Alaskan couple that had traveled to Argentina. There we also met another couple that were just starting their trip in their VW Bus. We took pictures of all the buses and ate a lot of salmon.

The following were cooking days. We made empanadas and alfajores to sell and participated in an International Festival at a park in Anchorage. There we could try dishes from different countries, but our alfajores were the best.

Days later we receive a great surprise. Another family, Roy´s and Liz´s, their 4 kids and grandparents who we met in Canada some weeks ago, had just moved to Anchorage and wrote to tell us that they had bought new tires for the bus.  They had seen that Dora´s shoes were too old and withput saying anything they bought the new tires. Now you see why we always say that there is more good people than bad people in this world?

Anchorage was very generous with us. What else could we ask for? But Alaska was still saving some more gifts.

Kenai: white magic

It was difficult to take the road again after being so comfortable. But the winter wasn´t going to wait and we had to start moving. So after three weeks in Anchorage, we said goodbye and returned to the Kenai peninsula to do some things we had pending. We arrived at Exit Glacier and got surprised when seen the fast regression it had in the last years because of the global warming. We spent the night at a resta area and after many days of rain, the next day was sunny. We took a trail to have a better view of the glacier and when we arrived to the viewpoint we felt so motivated and decided to keep on walking to the end of the trail. There were 14 km roundtrip. The trail was all uphill and beautiful. Near the end we could see everything covered by snow and had fun trying to ski. We also got into frozen caves, saw mountain goats and bears. We enjoyed it so much that we didn´t feel tired. Everything looked magic. The best was at the end of the trail were a huge white ice field appeared. And there we discovered that it didn´t look, it was magic.

When we went back to the buses we were exhausted. We had walked 9 hours, our feet hurt. But we felt the satisfaction of getting to the end. We spent another night in the rest area near the glacier and the next day went to the town of Seward. From there we went to Explorer Glacier but only saw it from the distance. As the rain was threatening to come back, we decided to keep on traveling. As we had to cross Anchorage to go to the north, we went to Lore´s house were we stayed to more nights. We prepared an excellent meal that we shared with other Latin American friends and on Friday we said goodbye with sadness but with the certainty that we were going to meet again.

Trapper Creek: life in the interior of Alaska

When we were en Ecuador, more than a year and a half ago, we met an adorable Alaskan couple: Rick and Kathy. They were volunteers at the local hospital in Mindo and they told us that when we arrived to Alaska we could go to their home. From Anchorage we went to Trapper Creek, a very little town with some houses, a gas stations, an antique store and not much more. We met Kathy by coincidence in the gas station and she took us to her cabin, a place that she and Rick had built with their own hands. You could see the love in that house, was very cozy, full of books, pictures and memories. Sadly, Rick had died a couple of months ago but we felt him near thanks to Kathy´s stories about him and his way of enjoying life.

As that day Kathy had a meeting in a town near there call Talkeetna, we went with her and walked around the town for a couple of hours. The sun was with us almost the entire day. In the evening we met Kathy again and went to a Cultural Center to watch a movie about a French trio who had navigated with kayaks the Colorado River of USA in 1938. Intrepid pioneers.

From there we returned to Kathy´s home where we spent the night. The next day she prepared sourdough pancakes, typical from Alaska, made with sourdough that has been alive since the gold rush in the 1800. Historic pancakes. We also tried bear sausages that were very good. As it was Sunday and Kathy didn´t have to work, she took us to know the town. We went to the ambulance service headquarters were she works as a paramedic, then we visited the community center and looked at the cemetery that hides very interesting stories. We also went to the house of the first habitant of the town, ex proprietary of the land where her cabins it´s now. Besides, she taught about local and medicinal plants and she showed us her garden that requires a lot of work because every year after winter she has to start everything again. We picked up some vegetables which Kathy used to make a salad that we ate with moose soup. In the afternoon she prepared a current pie also from the garden and it was one of the best things I ever tried. That night Kathy surprised us with salmon with berries. In only one day our palate was delighted with some of the best Alaskan dishes.

Living in this part of Alaska so far away from the city is not easy. Her house doesn´t have electricity so many daily activities have to be done by hand, like laundry or heating with wood. Maybe that was the reason of being so cozy and special. As there is no electricity, it uses solar panels that in winter, because of the limited light of the sun, have to back up with a generator. The bathroom, as many houses here, is outside and is call outhouse. Is a pit toilet without a door and with a nice view of the fields. The cabin also has a basement that keeps the same temperature during the year and is use to save food.

The next day Kathy had to work so we had breakfast with her and said goodbye. We were so happy we could see her again, very thankful of everything she cooked and of having the possibility to know how is life in this part of Alaska. She was the one who told us that everything you can see in Alaska are gifts and was something that I couldn´t stop thinking about in the rest of the trip.

Denali: the great one showed itself

We spent several days trying to see the Denali, North America´s biggest mountain. You don´t need to go to the Denali National Park to see it. As it´s so big is visible from almost everyplace. But is not so easy because is usually covered by clouds. Only 20% of the visitors of the Park can see it. We could see it when we went out from Kathy´s house. Gigantic, white, solid, imposing. We looked for a good place to take pictures and enjoy it before it got cover again.

Before arriving to the Denali NP we stopped to sleep in the way. We found a great spot near the road and in front of a river to see the Northern Lights. We had a late dinner and try to stay up until 2 am to see them, but no luck. It was too clear to see them and the moon light wasn´t helping. You can usually see the Auroras at the end of August or September and it was mid August.

The next day we arrived to the park and the rain returned. As we didn´t feel like taking a hike we stayed at the Visitor Center and then spent the night in a rest area outside the park. The following day was very sunny so we decided to hike for a couple of hours and could see the Denali all day long. The third day we took the park´s bus to get into the areas were you cannot take your private vehicle. The trip was 8 hours longs roundtrip and, in spite the bad weather we could see a lot of animals like moose with their big antlers, a grizzly bear with her cubs and several caribous.

A very special story

The next city to know and the far nothr we were going to get was Fairbanks. But before arriving we stopped at a place that all travelers must visit: the magic bus. In 1992 the young Chris McCandless decided to break with the system, abandon his family and the life he had with only one purpose: travel around USA and Canada and entering into the wildest part of Alaska. When he arrived to the interior of Alaska in the late winter he discovered an old bus that was frequently used by hunters as a refuge. He spent the summer there and when he decided to return to the city he found himself trapped by the growned rivers that were impossible to cross. He wasn´t prepare to that and he died of starvation. His body was found days later inside the bus. His story was described in a book that then became a movie call “Into the Wild” directed by Sean Penn. The original bus is still in the same place but is very difficult to get there in winter and impossible in summer. To make the film they made a replica of the bus with a small museum inside with pictures of him and parts of his personal diary. That was the one we visited. For some people he was a hero, other couldn´t understand him and criticized him. The important thing, I think, is that before dying he discovered what he was looking for, that “happiness is only real when shared”.

Fairbanks: our north

Most people that we met in Alaska asked us the same question: “are you going up to Prudhoe Bay?”. Is as far north as you can get by road and the idea was tempting. But many people also told us that the road was not in good conditions and we preferred to preserve the bus. We couldn´t destroy it because we have many miles left. So Fairbanks was as far north we were getting.

We arrived to the city with the fucking august rain that was following us and spent two days parked in Walmart that was full of vans and RVs. One day we went around the city and visited the Pioneer Park were there we found houses of the golden rush days, museums, art galleries, games for kids, etc. We were so lucky that that day they were celebrating the anniversary of a military plane and there were free hotdogs, drinks and cake.

Greetings from the North Pole

Near Fairbanks there is a little town call North Pole were all the year is Christmas. The light posts in the street look like candy sticks and the street names are all related to this holiday like Saint Nicholas, Christmas, etc. And of course in the North Pole there is Santa´s house. Actually is a gift shop where every year arrive thousands of letters from kids all over the world asking for their presents. It was very funny to read some of those requests. We also sent postcards to our families in Argentina which they received a couple of weeks later with the stamp of the North Pole. They loved the surprise!

Alaska Highway: the most famous highway

From North Pole we kept on driving and took the Alaska Highway. The road is very important because it was built in 1942 in only 8 months with a military purpose. After the Japanese attack to Pearl Harbor, the governments of USA and Canada decided to built an accessible and safe way between Alaska and the others states of USA. The road has an extension of 2.450 kilometers and was built by 11 thousand soldiers and 16 thousand civils that had to put up with very hard life conditions risking their lives every day. First the had to battle the mud of the spring that brought lots of complications in the construction. With the summer the hot weather and the mosquitoes arrived. Winter was no better, temperatures went down to -60º. Besides they had to fight with illnesses and bear the loneliness in that abandoned area of the map. There are several museums that show the story of the construction of the road with pictures, films and even original pieces of those days. We could drive all of those 2.450 km discovering the small villages that back in 1942 were transformed from overnight.  

Bye Alaska!… and now what?

The two lasts stops before crossing to Canada again were at Tok (before named Tokio but change after the Second World War) and Chicken (named like that because there are many chickens). At Tok we went to the public library to use the Internet to talk to our families and in Chicken we stopped to sleep and fill the fuel tank. Although we didn´t want to say goodbye to Alaska, the cold weather was starting to appear. The long clear days were gone and the rain wasn´t helping. Everything indicated that it was time to keep on moving. We were so happy because we could enjoy all the gifts Alaska had given us for more than a month. Its many glaciers, its incredible animals and marine wildlife, its great Denali, its admirable salmons, its pioneer history, its wild interior, its people.

Alaska was from the time we started, the aim of this trip. Not because the dream was finished because we had been fullfill it all over the way thanks to the people we met and the places we have been. But Alaska is the end of the map. And after feeling all the adrenaline of crossing the last frontier and realized how far had we get, the question appeared: “and now what?”. We felt that the trip was ending, we had to start going down and that felt like going back home and saying goodbye to this life that we had been living for the last two years. But that wasn´t what we wanted, not yet. so we grabbed the map again and contemplated other options. Alaska was a place of thinking and analyzing. All the time we were suggesting new ideas and destinations. There were so many options that was difficult to decide, the good thing is having that freedom to choose between alternatives that are created by ourselves. And that was how we marked a new route, this time the bus is going south but with some stops in places that are in our list.  

To see more pictures click here and don´t miss the video here!

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4 thoughts on “USA: los regalos de Alaska

  1. Ya nuevamente en ruta desandando caminos… Sera, u cambiaros estos…
    Será viaje directo a BsAs???
    Ya qué tendremos que recalcular tienpos. Lucy Nico muy buen regreso, RLP.

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  2. Como siempre, queridos chicos, fantastico todo el relato de Alaska.Egoistamente, como buena vieja que los reextraña,me alegro que esten bajando.Tambien me gustaria verlos muy, pero muy pronto, pero no tengo que pensar en mi, sino en ustedes, que hasta ahora, y estoy segura que en todo el futuro viaje han estado conociendo tantas cosas extraordinarias,y han cumplido su sueño de llegar hasta alla arriba.Sigan viajando,disfrutando y escribiendo,que asi tambien viajamos nosotros.Un beso mas que grande para los dos.

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  3. Hola chicos, hace poco descubrí su página por que algún pariente suyo lo comentó en uno de los foros que frecuento, la verdad que los felicito, me leí todo el viaje y es una experiencia única! Mas allá de los lugares y los paisajes, la cantidad y calidad de gente que conocieron. Ahora quiero seguir leyendo, así que quiero el Kombipalsur!!! así sigo con esta linda costumbre de leer sus vivencias. Un fuerte abrazo!!!

    Horacio.

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