De regreso en USA

Mientras estábamos en Canadá empezamos a planear un poco la ruta por el este de USA, nos imaginábamos visitando amigos en Boston, recorriendo Nueva York y finalmente reuniéndonos con nuestras familias en sus vacaciones por Miami. Pero esos pensamientos se veían opacados por una frase: “si es que cruzamos…”. Nos daba miedo dar por sentado algo que todavía no era seguro y que iba a depender de la decisión de una sola persona. No queríamos cantar victoria antes de tiempo.

Llegamos a la frontera entre Canadá y Estados Unidos con muchos nervios pero confiados, sentíamos que íbamos a poder cruzar. La última vez que habíamos querido cruzar no nos renovaron el permiso de 6 meses y nos dijeron que sólo podíamos usar los 10 días restantes que nos quedaban de permiso. Esta vez la opción de los 10 días ya no existía porque el permiso estaba vencido, por lo que las únicas dos opciones eran que nos hicieran un nuevo permiso por 6 meses o que nos negaran la entrada. Al llegar al puesto de control, el oficial miró la Kombi y con una cara de desconcierto total nos preguntó si el vehículo era de Argentina. Ante nuestra respuesta afirmativa se quedó pensado y dijo: “no sé cómo ingresarlo al sistema. Necesito un código de dos letras”. No teníamos idea de qué nos hablaba, nunca nos habían preguntado algo así. Le dijimos (adivinando) que quizás el código era AR por las dos primeras letras del país, pero nos dijo que AR era para las placas del estado de Arkansas. Pasaron unos minutos de silencio que parecieron eternos mientras el hombre seguía pensando desconcertado. Finalmente nos dijo que estacionemos para entrar a la oficina a hacer un nuevo permiso. Adentro nos atendió otro oficial (un poco más despierto) que nos hizo las preguntas básicas de rutina: de dónde venimos, a dónde vamos, de qué trabajamos, etc. Le mostramos que teníamos pasajes de avión de salida del país para que, como nos pasó la otra vez, no piensen que nos íbamos a quedar a vivir allí. Después nos acompañó a la Kombi pero no la revisó, sólo nos preguntó qué era el tarro de yerba y le explicamos sobre el mate. No entendió lo que era (nos pregunto si era como la cocaína… ¿?) pero por suerte una compañera suya sabía, así que no nos hicieron problema. De vuelta en la oficina nos selló los pasaportes y nos entregó un nuevo permiso por 6 meses. Una hora después estábamos de vuelta en la ruta, esta vez del lado de Estados Unidos. La alegría reemplazó a los nervios, ya podíamos festejar, ya podíamos imaginarnos todo lo que teníamos planeado sin que en nuestra cabeza apareciera la maldita frase “si es que cruzamos…”

 Salem: ciudad de brujas

Rápidamente nos alejamos de la frontera (por si alguien cambiaba de opinión), atravesamos el estado de Vermont, llegamos a New Hampshire donde paramos a dormir y al día siguiente entramos en Massachusetts.

La primera ciudad que visitamos fue Salem, conocida por sus juicios a mujeres a las que acusaban de hacer brujería, es decir cualquier conducta que no se ajustara a los parámetros religiosos puritanos. Hoy los juicios quedaron en la historia y la ciudad lo aprovecha para explotar el turismo. La mayoría de las tiendas, los museos y el merchandising son alusivos al tema. Algo que nos llamó la atención de Salem es que hay pequeños cementerios por todos lados, la ciudad está plagada de tumbas.

Para recorrer la ciudad caminamos por el Heritage Trail que es una línea roja dibujada en las calles que te llevan por los lugares más importantes. Terminamos el día en el muelle frente al océano Atlántico que hace meses no veíamos y aprovechamos el sol y el calorcito que tanto habíamos extrañando en Canadá.

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Uno de los tantos cementerios de Salem

Boston: de punta a punta

Llegamos a la capital de Massachusetts y lo primero que hicimos fue ir con la Kombi hasta la Universidad de Harvard. Estacionamos a unas cuadras y caminamos por el campus que tantas veces vimos en películas. De ahí pasamos un rato por una biblioteca y más tarde nos fuimos a buscar donde dormir. Después de varias vueltas encontramos un centro comercial cerca de una estación de trenes que iba hasta el centro. Al día siguiente arrancamos temprano, nos tomamos el subte-tren (por momentos va por afuera y por otros por abajo). Nos bajamos en pleno centro de la ciudad y fuimos para el Faneuil Hall y el Quincy Market, dos de los mercados más antiguos que hoy son muy turísticos, tienen varias tiendas, restaurants y puestitos de comida. De allí tomamos el Freedom Trail, que es como el Heritage Trail de Salem y te lleva por los lugares principales. Llegamos hasta el Boston Common que es el parque público principal y el más antiguo de USA. Frente a él está el Parlamento al que pudimos entrar y recorrerlo por nuestra cuenta. De ahí caminamos por el Boston Public Garden que tiene un lago lindísimo y los colores del otoño resaltaban en todos sus árboles. Seguimos camino por Beacon Hill que es un barrio de edificios antiguos y llegamos hasta el puente que te lleva al barrio de Cambridge donde está el MIT (Massachusetts Institute of Technology). Entramos en la universidad, recorrimos sus pasillos como si fuéramos unos estudiantes más y frenamos a descansar un rato y almorzar unos sandwiches en la plaza que está al frente.

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Boston Public Garden

Volvimos a cruzar el puente que tiene una historia peculiar. En 1958 un joven estudiante del MIT llamado Oliver Smoot decidió medir el puente, pero la unidad de medida que usó fueron los Smoot, es decir su propio cuerpo. Se acostó reiteradas veces a lo largo del puente para ir midiéndolo según su altura (1,70) y el resultado fue 364,4 Smoots y una oreja. Hoy se pueden ver las marcas de los Smoots en el puente y esa medida es utilizada oficialmente en USA.

Una vez del otro lado recorrimos la calle Newbury que está llena de tiendas muy top, boutiques, salones de belleza, restaurantes y galerías de arte. También caminamos por la avenida Commonwealth que tiene varios monumentos incluyendo el de Sarmiento.

De ahí fuimos a Copley Square, una plaza en donde está la Biblioteca Central, el Hotel Plaza (al que entramos para usar el baño que es de lujo) y la iglesia Trinity, una de las más antiguas de Boston.

Por último fuimos hasta el Distrito Financiero donde nos tomamos el subte para volver a la Kombi. Llegamos agotados de caminar casi 20 kilómetros pero contentos de poder haber visto todo lo que queríamos.

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Por las calles de Boston

Rhode Island: mimos de abuelos

Después de un día dentro de la Kombi sin hacer mucho más que descansar de tanta caminata, fuimos a buscar a Hebe, una muy amiga de la abuela de Nico, para ir a Middletown en el estado de Rhode Island donde vive su novio Ron. Él nos dio la bienvenida con unos chorizos a la parrilla con chimichurri y todo. A Ron le encanta cocinar y lo hace muy bien, así que durante los días que estuvimos en su casa nos deleitó con los mejores platos. El día que llegamos salimos los cuatro a recorrer el pueblo, visitamos las playas que en verano se llenan y fuimos a ver el atardecer sobre el mar. Terminamos cenando temprano en un lindo restaurante de Newport. Esta es una ciudad pequeña pero muy turística y está llena de mansiones antiguas y nuevas de los ricos neoyorquinos que van a veranear allí. Las mansiones más viejas ahora funcionan como museos y se pueden visitar. Un día Hebe nos regaló entradas para ir a The Breakers que es la más importante y nos pasamos unas horas recorriendo esa inmensidad de casa.

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Vista de Newport al atardecer

Además del paseo y los ricos platos de Ron, aprovechamos para organizar los próximos días en Nueva York y nos relajamos en el jacuzzi antes de ir dormir. Después de unos días, nos despedimos de quienes fueron nuestros abuelos por un rato, y seguimos viaje hacia Nueva York. De camino pasamos a conocer la Universidad de Yale que nos gustó más que Harvard y cuando estaba cayendo el sol, llegamos a la ciudad que nunca duerme. Pero como en Nueva York hicimos tantas cosas, se los contaremos en otra nota.

hebe y ron
Ron deleitándonos con uno de sus mejores platos

Long Island: acción de gracias a lo colombiano

Después de una semana de caminar sin parar por Nueva York, nos fuimos a Long Island a la casa de Andrés, Diana y su hijo de 3 años, Camilo. Estos berracos colombianos son apasionados por los viajes y nos habían escrito por Facebook para invitarnos a pasar unos días con ellos. Llegamos justo para festejar nuestro segundo Día de Acción de Gracias del año (ya habíamos festejado el canadiense en Ontario y ahora tocaba el estadounidense). Ese día, familia y amigos se reunieron en la casa y comimos pavo y otras cosas ricas típicas de esta fecha. Durante la semana que nos quedamos allí, además de descansar los pies, fuimos un día a ver la gran playa que durante el verano se llena de gente y otro día también fuimos hasta The Hamptons, donde suelen pasar sus vacaciones algunos famosos. Una noche recorrimos las casas mejor iluminadas para Navidad que son todo un espectáculo ya que las luces están coordinadas con la música, la cual transmiten por radio, y es impresionante la producción que tienen. La pasamos muy bien, charlamos mucho con Andrés, Diana y su familia, comimos platos típicos colombianos y volvimos a extrañar su tierra natal, Colombia, que siempre vuelve a nuestros pensamientos.

La lluvia cambió un poco los planes e hizo que nos quedáramos dos días más donde aprovechamos a editar fotos y escribir notas que teníamos atrasadas, además de divertirnos con Camilo y sus locuras.

Casas super decoradas para la Navidad
Casas super decoradas para la Navidad

Washington: ciudad de la memoria

La siguiente ciudad importante que conocimos de la costa este fue Washington, pero antes pasamos a conocer Baltimore que nos gustó mucho. El primer día fuimos al centro y como se complicaba encontrar donde estacionar, manejamos por la avenida donde están la mayoría de las embajadas hasta llegar a la Catedral Nacional. De ahí salimos a caminar por el barrio de Georgetown que es muy lindo, prolijo y colorido. Visitamos su Universidad y el paseo que bordea el río Potomac.

Volvimos a la Kombi y fuimos hasta el Cementerio de Arlington donde son enterrados los soldados que participaron en las diferentes guerras en las que intervino y sigue interviniendo USA. Es impresionante ver la cantidad de lápidas de mármol blanco que cubren ordenadamente todas las colinas de pasto del cementerio. Caminamos un rato por adentro visitando la tumba de los Kennedy, Arlington House una zona elevada del cementerio desde donde se puede ver la ciudad, el anfiteatro que es una enorme construcción de mármol, y por último la tumba del soldado desconocido (donde se enterraron soldados que murieron en distintas guerras y a los que nunca se pudo identificar).

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Cementerio de Arlington

Antes de seguir el recorrido por la ciudad, paramos a almorzar frente al US Marine Corps War Memorial y de ahí nos fuimos al Museo del Holocausto. Por suerte en Washington todos los museos son gratis. Estuvimos dos horas recorriéndolo y nos hizo acordar mucho al Museo Memoria y Tolerancia que fuimos en la Ciudad de México ya que sus instalaciones y material eran muy parecidas.

Justo antes del atardecer llegamos al Thomas Jefferson Memorial, un edificio que parece un gran templo romano circular, con altísimas columnas y en el medio la estatua de Jefferson. Desde ahí se tiene una linda vista del Washington Monument que es un obelisco como el que tenemos en Buenos Aires pero muchísimo más grande.

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Vista del Washington Monument desde el Lincoln Memorial

Al día siguiente, como era domingo y no había problema para estacionar, fuimos con la Kombi hasta la Casa Blanca. Caminamos por ahí alrededor y por parte del Mall que es una plaza de 5 kilómetros de largo que une el Capitolio con el Lincoln Memorial. Visitamos este último que es parecido al de Jefferson pero rectangular. Pasamos por otros memoriales como el de Martin Luther King, el de las Guerras Mundiales y el de la Guerra de Korea y volvimos a la Kombi para manejar hasta el Capitolio. Lo recorrimos por afuera ya que estaba cerrado y fuimos al Jardín Botánico que, además de una gran variedad de plantas, tiene maquetas de los principales edificios de la ciudad hechos con materiales naturales como palos y hojas.

Dora frente al Capitolio
Dora frente al Capitolio

La última parada la hicimos en el Museo Air and Space donde nos sumamos a una visita guiada que se hizo un poco larga y terminamos recorriéndolo por nuestra cuenta. El museo cuenta la historia de la aviación desde el primer avión fabricado por los hermanos Wright (se puede ver el original) hasta las últimas expediciones al espacio. El museo tiene muchísimo material, capsulas de naves espaciales, una estación espacial en tamaño real y muchos pero muchos aviones originales (no replicas), por eso es tan especial y tan visitado. Una de las cosas más raras que vimos fue el helado deshidratado que comen los astronautas en el espacio y que pudimos probar. No está tan mal,  pero me quedo con el artesanal.

Museo Air and Space
Museo Air and Space

Washington es una ciudad linda, con mucho para ver, pero sobre todo, es una ciudad que te deja pensando. Con tantos monumentos y memoriales que hay por todos lados relacionados con las guerras, es difícil no sentirse movilizado y es inevitable pensar la cantidad de vidas que se perdieron en guerras innecesarias en las que se involucra constantemente Estados Unidos.

El tema bélico es algo constante a lo largo de toda la costa este. En las diferentes ciudades y pueblos que pasamos en nuestro camino hacia el sur, está lleno de museos, memoriales y demás relacionados al tema. En Hampton pasamos por el fuerte Monroe que fue un lugar estratégico durante la guerra civil y la 1ª guerra mundial. Y en Richmond visitamos el Virginia War Memorial destinado a los nativos de Virgina caídos en las guerras. Ahí vimos una película donde hacen un repaso por algunas de las guerras intentando justificar la participación de USA en las mismas. El contenido y la información histórica de la película era nulo, pero el fin era claro: quería convencerte de que gracias a que los valientes soldados estadounidenses perdieron sus vidas en el campo de batalla, hoy el pueblo goza de las “libertades” cotidianas como comprarse el auto que quiere, o hacer deportes. La película era claramente lavadora de cabezas. Había otro video más para ver con testimonios de soldados, pero nuestra tolerancia se agotó y decidimos irnos.

Cansados de tanta guerra, seguimos viaje a través de las Carolinas para buscar un poco de paz y del sol de la Florida.

Para ver más fotos visitá este link!

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