USA: bajo el sol de la Florida

A través de las Carolinas y Georgia

Hace rato ya que dejamos atrás el frío de Washington y los campos amplios de las Carolinas para adentrarnos en la Florida, el estado número 23 de nuestro recorrido en USA.

En el camino hasta acá paramos a acampar en el Marion National Forest de Carolina del Sur, un bosque donde nos desconectamos de todo por unos días y disfrutamos de las simples cosas que tiene la vida: el calor de un fogón, un juego de cartas, una rica pizza casera y una noche estrellada.

En el estado de  Georgia pasamos unos días en Savannah donde pudimos darnos una buena ducha en un YMCA (Young Men’s Christian Association). Estos clubes están por todos lados y siempre que pedimos prestado el baño para ducharnos nos dicen que sí, una gran opción que descubrimos en esta costa de USA. También aprovechamos a lavar ropa en una lavandería y, como el día estaba lluvioso y no había mucho para hacer, nos dimos un gusto y fuimos a un buffet chino que, a pesar de ser un día de semana al mediodía, estaba lleno de gente. ¡Buena señal! Después de la panzada de comida, nos fuimos para Brunswick.

Cerca de esta ciudad está la isla St. Simons y, a pesar de que el clima no era ideal, decidimos ir para ahí. A diferencia de otros lugares del estilo, la isla, que está constituida sobre todo por condominios, tiene 41 entradas públicas a la playa. Elegimos una de ellas y estacionamos ahí. Por suerte salió el sol y salimos a caminar por la playa y por la isla que en esta época está vacía y pasamos un par de noches ahí. Si bien es un lugar muy tranquilo, la playa no es la gran cosa ya que durante la mañana el mar crece tanto que no queda un milímetro de arena para estar, y el resto del día la arena queda completamente mojada.

Cuando el clima empezó a desmejorar, volvimos a Brunswick donde fuimos a una imprenta a hacer postales nuevas. Cuando nos las entregaron, una de las empleadas de la imprenta nos dijo que nos las quería regalar ¡y nos pagó toda la impresión! Nos fuimos sorprendidos, contentos y agradecidos. Así nos despedimos de Georgia y entramos en el último estado a visitar en este país. ¿El comienzo del final? No todavía.

Acampando en el Mario National Forest - South Caroline
Acampando en el Mario National Forest – South Caroline

Despidiendo el 2016

Cuando entramos en Florida no nos recibió el típico sol que caracteriza a este lugar, pero sí su pegajosa humedad y su calor. Lo primero que hicimos fue parar en el Welcome Center de la ruta a buscar mapas, información y, obviamente, tomar jugo de frutas gratis aprovechando que estamos en el estado de las naranjas y los pomelos (toronjas). Como era el fin de semana previo a la Navidad, el lugar estaba lleno de gente que entraba y salía, y Dora, por supuesto, llamaba la atención de todos, así que aprovechamos a vender las nuevas postales que salieron como pan caliente. Como se hizo medio tarde y no teníamos ganas de seguir manejando, nos quedamos a dormir en el estacionamiento del lugar.

Al día siguiente fuimos para Jacksonville donde pasamos por los dos lugares que más estamos visitando en esta parte del país: una biblioteca para usar Internet y otro YMCA a darnos una ducha. Los empleados del YMCA eran súper buena onda y estaban tan sorprendidos con el viaje que nos pidieron sacarnos una foto con ellos.

De ahí fuimos a visitar el Fort Caroline National Memorial en la reserva Timucuan donde aprendimos sobre la presencia francesa en la zona, su relación con los nativos y la posterior invasión española. El fuerte de madera que puede visitarse es una réplica del original que hicieron basándose en estudios, pero la realidad es que nunca pudieron determinar la ubicación exacta del mismo.

De ahí tomamos el camino que va hasta Saint Augustine todo por la costa con la esperanza de poder parar en la playa un rato, pero nos llevamos una desagradable sorpresa al ver que todo era privado, lleno de condominios, casas, clubes de playa y prácticamente ningún acceso público.

Saint Augustine es la ciudad más antigua de Estados Unidos y un punto turístico en la costa este de la Florida. No pensábamos quedarnos mucho pero terminamos pasando tres noches durmiendo en el estacionamiento de Walmart. Un día fuimos al Castillo de San Marcos donde hicimos una visita guiada muy interesante por el lugar. A la noche, la ciudad prendió sus luces y caminamos por la peatonal, la plaza y el centro que, según National Geographic es uno de los 10 mejores lugares del mundo donde ver las luces navideñas. El aire festivo se sentía en todos lados: en las luces que iluminaban toda la ciudad al ritmo de la música de la época, en la exagerada decoración y en la gente que pasaba cantando villancicos y desenado a todos una feliz Navidad. A nosotros nos daba gracia, nos sentíamos que estábamos en la película “The Truman Show” donde todo aparenta ser feliz y perfecto. El viernes antes de seguir viaje, volvimos al Castillo a ver una demostración de disparo de cañones de época con actuación incluida de voluntarios disfrazados como españoles.

Castillo San Marcos
Castillo San Marcos
Noche navideña en Saint Augustine
Noche navideña en Saint Augustine

La siguiente parada fue Daytona Beach donde visitamos una fábrica de chocolate. En realidad el chocolate lo mandaban desde Nueva York y la especialidad de esta tienda era bañar cosas en chocolate, desde frutas, pretzels, galletas para perro y hasta panceta (tocino)! Hicimos una visita guiada de la fábrica donde al final nos dieron de probar algunos de sus mejores chocolates.

Pasamos otra noche en otro Walmart y al día siguiente, 24 de Diciembre, con la Kombi abastecida de comida rica para la semana, nos fuimos al Ocala National Forest a pasar unos días de tranquilidad alejados de todo y de todos. O eso pretendíamos. Cuando llegamos a uno de los puntos que teníamos marcados para acampar, nos encontramos con un panorama desalentador: caminos áridos de tierra, pocos árboles y muchas camionetas de cazadores con todo su gran equipo de caza, perros incluidos. Estas personas y sus actividades nos son de nuestro agrado y sin dudas nos queríamos pasar la Navidad rodeados de ellos. Seguimos camino y llegamos a otros lugares similares donde la situación se repitió. Nada nos gustaba ni convencía. Finalmente fuimos al lago Dorr que era más lindo que los otros puntos que habíamos ido pero donde también había cazadores. Nos alejamos un poco y caminando encontramos un lindo lugar frente al lago, el problema era que no parecía muy fácil llegar hasta ahí con la Kombi. Como no nos divertía mucho estar cerca de los cazadores y sus constantes disparos, decidimos agarrar el machete y hacernos camino. Movimos ramas, limpiamos todo para evitar pinchaduras y finalmente logramos llegar con la Kombi hasta donde queríamos. Dora 4×4 se la re bancó. El lugar estaba a tres escalones del lago y envuelto en naturaleza, lástima que la huella del hombre había llegado hasta ahí dejando varias latas de cerveza tiradas y unos cuantos vidrios.

Como era 24 de Diciembre y en Argentina se acostumbra a festejar la Navidad ese día a la noche, a falta de vitel toné (comida típica de esta época en Argentina, mi mamá hace el mejor!), Nico hizo unas hamburguesas caseras muy buenas y de postre comimos una torta muy rica que compramos en el supermercado. A las 7 de la tarde ya habíamos comido, lavado todo y estábamos metidos en la Kombi porque afuera estaba muy oscuro, los mosquitos nos acechaban y un mapache insistente quería robarse nuestra comida. Nos pusimos a ver una película muy mala que tuvimos que cortar a la mitad y a las 12 Nico sacó una bolsa de caramelos que tenía escondida para regalarme y me alegró la noche. No tanto por el regalo en sí (bueno sí, amo esos caramelos) pero sobre todo por todo lo que tuvo que hacer para que no lo descubriera.

Los siguientes días fueron de pura tranquilidad que se vio interrumpida solo un par de veces por algunas camionetas gigantes que llegaban al lugar, daban la vuelta y se iban. Aprovechamos para hacer aros y pulseras y renovar el stock que teníamos de artesanías para vender, jugamos mucho a las cartas, vimos películas y nos bañamos en el lago que no estaba tan frío.

Atardecer en nuestra playa privada del lago Dorr
Atardecer en nuestra playa privada del lago Dorr

Orlando, Tampa y la calidez latina  

Una semana después volvimos a la civilización que mucho no habíamos extrañado y nos fuimos para Orlando. Antes de llegar a la ciudad pasamos por Lakeridge Winery & Vineyards, una bodega que habíamos leído daba tours gratis. Hicimos un recorrido por la fábrica y al final una degustación de los vinos que se fabrican ahí. Nosotros no somos grandes tomadores de vino, de hecho no tomábamos nunca antes de salir de viaje y no sabemos nada del tema. Pero fue divertido probar los distintos tipos y ver a los que se la daban de expertos en la materia. Un poco entonados volvimos a la Kombi a preparar algo de comer y de ahí a nuestro “hotel” de siempre, el estacionamiento de otro Walmart.

Al otro día dimos un par de vueltas por la ciudad, recorrimos el downtown, el lago Eola que está en medio de la ciudad, fuimos a una galería de arte y a la tarde nos encontramos con Andrés y su hija Andrea, dos chilenos radicados en Orlando que nos dieron la bienvenida de la mejor maneja: nos invitaron a comer y nos prestaron un departamento para que pasemos las siguientes noches. El 31 de Diciembre fuimos a conocer a Fabiana, una Argentina que nos había escrito por Facebook. Ella y su marido Al nos recibieron en su casa con buenas charlas y unos ricos platos de comida. Terminamos pasando todo el día con ellos, vimos una película y un rato antes de las 12 volvimos al departamento desde donde se veían los fuegos artificiales de varios de los parques de Disney. Con muchas historias y con sueños cumplidos, se fue el 2016. Sin brindis, en un año nuevo muy diferente a otros y en un lugar distinto, empezó el 2017.

El 1° de enero salimos con Andrés y su mujer colombiana Teresa a festejar el comienzo de año con un buen desayuno. El resto del día aprovechamos que estábamos en el departamento prestado para descansar y dejarlo bien limpio y a la tarde salimos a dar una vuelta por la ciudad. Al otro día recorrimos Old Town, una especie de parque de diversiones abierto con juegos y tiendas de estilo retro. Allí todas las semanas hay shows de autos antiguos. De ahí nos fuimos para Disney Springs, un paseo peatonal lleno de tiendas y restaurantes que es como estar dentro de uno de los parques de Disney. Como siempre, nos divertimos sin gastar plata caminando por ahí, entrando a los negocios y cazando muestras gratis. Esa noche dormimos en Walmart, fue una noche bastante ruidosa porque estaba lleno de camiones y al otro día, como no teníamos mucho para hacer, nos fuimos a una biblioteca. Cuando estábamos ahí, nos llamó Teresa para avisarnos que tenía otro departamento libre para prestarnos y que nos había conseguido entradas con descuento para algunos parques.

Con Andrés y Teresa en Orlando
Con Andrés y Teresa en Orlando

Al día siguiente, después de una buena noche de descanso en una cama muy cómoda, Teresa nos llevó a SeaWorld. Pasamos todo el día en el parque que, por suerte, estaba bastante vacío. Vimos los shows de delfines, orcas y lobos marinos que en realidad no era lo que más nos interesaba, pero además nos subimos a las 3 montañas rusas del parque que, para nosotros, fueron lo mejor de todo. Encima casi no había que hacer fila así que nos bajábamos y nos volvíamos a subir varias veces seguidas. Al día siguiente el cuerpo nos pasó factura porque estábamos muy contracturados, pero valió la pena porque fue divertidísimo. Una de las montañas rusas que la habían inaugurado hace poco era la más rápida, la más alta y la más larga de Orlando. Llega a 100 km por hora y tiene una caída de 90 grados. Adrenalina pura.

En Mako, la montaña rusa más rápida, alta y larga de Orlando en SeaWorld
En Mako, la montaña rusa más rápida, alta y larga de Orlando en SeaWorld

Después de una semana en Orlando nos fuimos para Tampa. Ahí recorrimos el barrio Ybor donde está lleno de bares, restaurantes y fábricas de habanos gracias a la comunidad de cubanos que hay en la zona. Nuestra idea era ir al día siguiente al Cars & Coffee, una reunión de autos que se hace una vez al mes, pero la lluvia que no paró en toda la noche hizo que la reunión fuera un fracaso y seguimos camino para el Fort De Soto. Cuando llegamos, la lluvia era tan fuerte que decidimos no entrar y seguimos manejando hasta encontrar una biblioteca donde refugiarnos. Después de un par de horas ahí adentro y cuando ya no sabíamos que hacer, José Hernández se cruzó en nuestro camino. Sin parentesco alguno con el autor del “Martín Fierro”, este simpático salvadoreño se acercó a nosotros y nos invitó a comer. Fuimos a un lugar riquísimo donde los platos eran enormes y muy sabrosos. De ahí fuimos a su casa a dejar a Dora descansar y nos llevó en su auto a conocer la playa de Clearwater que es muy linda pero había un viento terrible. También fuimos para St. Petersburg donde caminamos por el centro y fuimos a tomar un café para combatir los 3 grados centígrados que se hacían sentir (lo más increíble es que el día anterior habían hecho 30 grados).

Almuerzo con José, nuevo amigo salvadoreño
Almuerzo con José, nuevo amigo salvadoreño

Ya de noche volvimos a su casa donde nos quedamos a dormir y al día siguiente fuimos a comer un típico desayuno gringo con huevos, panceta, tostadas, jugo de naranja, creppes y todos los pancakes que pudiéramos comer. Durante el día descansamos de tanta comida hasta juntar fuerzas y hacer lugar para ir a la tarde a Five Guys, una cadena de comida rápida donde tienen las mejores papas fritas (las fríen en aceite de maní).

Por suerte al día siguiente el clima mejoró y fuimos temprano para Busch Gardens, un parque de diversiones lleno de montañas rusas no apto para impresionables. Al ser de los primeros en llegar, aprovechamos que no había nada de gente y pudimos recorrer todo el parque de punta a punta subiéndonos a cada juego dos veces seguidas. Al mediodía frenamos para comer unos sandwiches, recargar energías y volver a dar la vuelta entera al parque donde nos subimos a todos los juegos otra vez. También tomamos un tren que va por una especie de sabana donde vimos varios animales sueltos como jirafas, rinocerontes, cebras y antílopes. Una especie de mini safari. A las 5 de la tarde cerró el parque y nos fuimos a descansar a la Kombi. Estábamos agotados pero felices recordando cada una de las montañas rusas, todas diferentes e increíbles. Si te gustan tanto como a nosotros, este es el mejor parque para visitar. Pero hacelo en temporada baja porque cuando se llena las filas deben ser interminables!

 

Safari en Busch Gardens
Safari en Busch Gardens

Por la costa del Golfo

Al día siguiente de ir al parque, arrancamos para la playa. Hacía casi un mes que entramos a Florida y todavia no habíamos puesto un pie en la arena. La primera playa que conocimos fue Siesta Key, una de las mas recomendadas por tener el agua transparente y la arena blanca y finita. De ahí fuimos para Venice Beach, una playa que está llena de conchas, caracoles y dientes de tiburón.

Al día siguiente fuimos a Fort Myers donde frenamos en el restaurante Route 80 cuyos dueños dedicaron su vida a los Volkswagen y todo el restaurante está decorado con todo tipo de objetos relacionados. A la tarde fuimos para las playas de Fort Meyer y terminamos en Bonita Springs viendo un lindo atardecer sobre el mar (hace cuánto que no veíamos uno!). También aproveché para hacer Yoga, aunque me llevé de recuerdo unas picaduras de algun bicho de la arena.

La última playa que visitamos en la costa del Golfo fue Naples. No llegamos hasta el centro de la ciudad sino que nos quedamos por el norte donde pudimos estacionar y pasar el día en la playa. A la tardecita pasamos por un YMCA (el más grande al que hayamos ido) y nos dimos una ducha rápida para seguir camino. Esa noche paramos a dormir en un Walmart lleno de palmeras y de otros motorhomes.

siesta key
Siesta Key, un paraíso

 El camino de los caimanes

Para ir de Naples a Miami tomamos la ruta Tamiami donde pasamos por parte de los Everglades. Nos llevó casi todo el día hacer ese camino, no porque fuera muy largo, sino porque había mucho para ver. Toda esa zona está llena de caimanes y de pitones. Por suerte con las serpientes no nos cruzamos, pero los caimanes están por todos lados. Frenamos en el Shark Valley National Park donde un guardaparques nos contó un poco más sobre ellos, sus diferencias con los cocodrilos y nos dijo que hoy día hay tantas pitones que pronto va a ser un problema. Además nos mostró la piel de una pitón y una foto de una luchando con un caimán. ¿Adivinen quién gana?

A casi un mes de haber entrado a la Florida, llegamos a Miami, destino final de esta parte del viaje por Norteamérica. Hace una semana que estamos acá y no paramos de hacer cosas pero eso se los contaremos en la próxima nota.

Caimanes en los Everglades
Caimanes en los Everglades
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5 thoughts on “USA: bajo el sol de la Florida

  1. Todo lindisimoooo , menos la montaña rusa a la que subi en el legendario Italpark y crei q. me moria , toos chochos menos yo !……….y con muchsimos años menos !!!!

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  2. Hola! Argentina viviendo en Miami acá! Ayer se encontraron con el tío de mi esposo, un Venezolano llamado Edgar. El puso la foto en su Facebook y vine a ver de qué se trataba. Que lindo viaje! Espero que lo disfruten mucho! Ya veo que han visitado mis lugares favoritos en la Florida. No se olviden de los parques de los cayos y las recorridas y ferias echas por los Miccosukee. Saludos!

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