Un viaje a la verdadera Cuba 1: La Habana-Matanzas

Esta es la segunda nota sobre nuestro viaje a Cuba. Te todavía no leíste la primera te recomendamos que empieces por ahí, con toda la información necesaria que tenés que tener antes de viajar! Hace clic acá para leerla.

La Habana

La capital del país fue la primera parada del recorrido de 15 días por Cuba. Desde el aeropuerto hasta La Habana Vieja un taxi cuesta aproximadamente 25 CUC. Al salir todo el mundo te ofrece taxi, nosotros preguntamos por la guagua azul, nos indicaron donde tomarla pero nos advirtieron que pasaba una vez por hora. Como no teníamos apuro preferimos esperar. Finalmente, casi una hora después, pasó una guagua roja que también nos dejaba bien. Por 0,40 MN nos sacó del aeropuerto y nos bajamos en la Avenida Boyeros donde nos tomamos otra guagua (el P12, también 0,40 MN) que demoró casi una hora en llegar al Capitolio en La Habana Vieja. El viaje no es rápido ni cómodo ya que va bastante llena, pero sí muchísimo más económico. Las personas que conocimos en las guaguas fueron muy amables con nosotros respondiendo nuestras preguntas y ayudando a ubicarnos. Aunque claro, no faltó el oportunista que nos cambió algunos CUC por MN para que podamos pagar la guagua quedándose con el vuelto.

Lo primero que hicimos fue ir a tocar puertas para buscar habitación para 3 ya que viajamos con Peter, un amigo que se sumó al viaje por una semana. Primero fuimos a lo de René en la calle Obispo, una peatonal muy turística en el corazón de La Habana Vieja. Él nos dijo que no tenía lugar para esa noche pero que ya nos reservaba para los días siguientes. Además nos acompañó a buscar otros lugares para esa noche. Pensamos “que amable este René” pero después nos enteramos que si alguien te lleva a otra casa es porque muchas veces después recibe una comisión que, obviamente, se la cobran al turista. Después de tocar varias puertas sin éxito porque todos estaban ocupados o eran muy caros para nuestro presupuesto, nos fuimos por nuestra cuenta al Hostal Mango, que habíamos visto por Internet. Para llegar tuvimos que alejarnos un poco de la parte más turística y las calles prolijas de adoquines fueron reemplazadas por calles cubiertas de tierra y escombros. En el hostal tampoco tenían lugar pero nos recomendaron a una vecina que tenía un mini departamento para 3. Un poco encerrado pero muy silencioso, pasamos sólo una noche allí porque ya tenían reserva para los días siguientes.

Las calles alejadas del casco histórico de la Habana Vieja no se ven tan pintorescas.

La primera impresión que tuvimos de esta parte de La Habana Vieja no fue la mejor. A pesar de que yo ya había estado ahí hace algunos años, me chocó un poco ver las calles tan destruidas, sentir el olor a pis y a gas que salía de todos lados, caminar entre la suciedad. El calor agobiante y la caminata con las mochilas al hombro no ayudaron. Cuando nos instalamos, descansamos un rato con el aire acondicionado y volvimos a salir a dar una vuelta, el panorama había cambiado. En realidad todo estaba igual, pero nosotros estábamos cambiados. Al tener ya un lugar donde estar y al haber descansado, salimos renovados y con otra actitud. Caminamos por el centro de La Habana Vieja donde hay edificios antiguos restaurados, restaurantes por doquier y mucha gente tratando de vivir del turismo rebuscándoselas como pueden. Nos advirtieron tener cuidado con los llamados “jineteros”, esas personas que te ofrecen desde alojamiento, restaurantes, taxis, excursiones, cigarros, ron y hasta marihuana. En realidad su “trabajo” consiste en llevarte a algún lugar donde pueden conseguir una comisión. Lo mejor es decirles que no gracias y si necesitás datos de algún lugar preguntarle a los que te hospedan que pueden darte mejor información.

Después de dar unas vueltas encontramos un paladar en donde comimos una hamburguesa, un tortilla de vegetales con pan, un arroz congrí (con frijoles) y tostones (plátano frito) por 50 MN, unos 2 CUC. Pagamos en CUC pero nos quisieron estafar con el vuelto dándonos muchísimo menos de lo que correspondía en MN. Es muy fácil confundirte con las dos monedas ya que los billetes son parecidos así que hay que estar atentos. Por suerte nos dimos cuenta y nos dieron el vuelto correspondiente. En varios lugares vimos como estafaban a turistas de esta forma. Cuando preguntaban el precio les decían 1 (sin aclarar en qué moneda pero era en MN), los turistas, distraídos y probablemente desconociendo la existencia de las dos monedas,  entregaban 1 CUC en lugar de 1 MN, es decir que estaban entregando 25 MN.

Al atardecer caminamos por el malecón y disfrutamos de la música en vivo que sale de la mayoría de los restaurantes. A la noche nos tomamos un mojito en el restaurante Europa que dentro de los lugares turísticos es de los más baratos. Cada mojito sale 2,50 CUC, pedimos tres y al cobrarnos nos dicen que la cuenta era de 12 CUC. Rápidamente le dijimos que no, que el total era 7,50 CUC.  Se rieron diciendo que era una broma pero sabemos que muchos deben caer en esa y pagar más sin siquiera cuestionarlo o darse cuenta.

El malecón de La Habana, lugar emblemático y de encuentro

Al día siguiente tomamos un buen desayuno en lo de Yanelys y Mercedes con pan, fruta, huevo, jugo y café (muchas casas te ofrecen desayuno pero te lo cobran 5 CUC más, acá estaba incluido) y nos fuimos a lo de René con el que habíamos acordado para quedarnos en su casa las siguientes noches. Cuando llegamos y tocamos el timbre Nico confirmó lo que había sentido el día anterior. René era de esos que hablan mucho y después no cumplen. Nos dijo que la turista que estaba hospedando no se había podido ir porque perdió el pasaporte pero que nos había conseguido otro lugar. Sospechamos que la realidad era que habían llegado unos turistas de Estados Unidos que él nos había contado que iban a su casa pero a los que finalmente había rechazado porque prefería hospedarnos a nosotros. Nos dio bronca en el momento porque no cumplió su palabra, pero a la vez entendimos que él no tenía ningún compromiso con nosotros y que lógicamente prefería alojar a quienes pagaran más por la habitación. Su primo nos llevó a la vuelta donde nos ofrecieron otra habitación más cara de lo que teníamos arreglado pero finalmente pudimos quedarnos ahí dos noches por 30 CUC la noche. A pesar de no tener desayuno, salía lo mismo que la anterior por su ubicación, frente a la plaza Obispo donde se encuentra el famoso restaurante La Floridita, donde solía ir Ernest Hemingway a inspirarse y tomar algunos daiquiris.

Después de instalarnos salimos a dar una vuelta, fuimos al Museo del Ron de Havana Club, visitamos unas plazas muy lindas de estilo colonial y con edificios bien restaurados en pleno centro de La Habana Vieja y visitamos el mercado San José lleno de puestos de artesanías. Después nos alejamos de la parte turística y nos fuimos para el barrio chino que, según los cubanos, no tiene chinos. Ahí comimos unas pizzas en un paradito y un batido de mamey riquísimo y bien fresco para combatir los 30° de calor. De ahí caminamos por afuera del Capitolio que está en restauración y entramos al Hotel Parque Central, subimos como si nada hasta la terraza donde está la piscina y disfrutamos de una vista privilegiada de la ciudad. Recorrimos el Paseo del Prado hasta el malecón donde se nos acercaron unos músicos  que me sacaron a bailar y le dieron ritmo a la tarde (a cambio de unas monedas, claro). A la noche volvimos al malecón con unas cervezas frías y vimos el cañonazo de las 21. La ceremonia recrea un desfile militar de la época colonial que concluye con el disparo de una salva desde uno de los cañones ubicados en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña y fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en Cuba. Desde donde estábamos nosotros no se vio demasiado pero se puede cruzar la bahía hasta el fuerte y verlo de cerca. La entrada a la fortaleza tiene un costo de 6 CUC antes de las 18 y de 8 CUC después de esa hora.

Vista del capitolio y el Paseo del Prado desde la terraza del Hotel del Parque Central

Al día siguiente fuimos a buscar algo para desayunar, nos metimos en un mercado y nos quedamos un buen rato charlando con Anayza, la chica que vendía el pan que resultó ser muy simpática y con la que todavía intercambiamos emails. Nos alegramos mucho de poder hablar con ella porque en general la atención al cliente en lugares no turísticos es muy mala. Si vas a un restaurante turístico o a un hotel te van a tratar como un rey. Pero si te metés en mercados y paladares, por más amable que intentes ser con los que atienden, ellos te miran como si te estuvieran haciendo un favor,  te responden de mala manera y te hacen sentir que no deberías estar ahí. Es como si con su mirada te dijeran: “vos que venís con dólares deberías estar comprando en los lugares caros y no acá”. Es sumamente incomodo. Claro que no nos pasó siempre, pero si la mayoría de las veces. Anayza fue una excepción.

De ahí nos tomamos una guagua y fuimos a la famosa Plaza de la Revolución, donde Fidel Castro solía dar sus discursos. Allí empezó una larga caminata que duró hasta la noche. De la plaza nos fuimos al Cementerio de Colón donde no entramos porque nos quería cobrar 5 CUC a cada uno. El recorrido siguió por el barrio de Vedado, caminamos por la calle 23 donde solía vivir la gente más acomodada y eso se ve en los grandes caserones que ahora muchos funcionan como paladares. Frenamos en uno de ellos que había sido recomendado por amigos, el Burrito Habanero. La carta que ofrecía era muy amplia, curiosa y multicultural: comida china, chivito uruguayo, tacos mexicanos, arepas venezolanas, bandeja paisa colombiana, sancocho panameño, milanesa argentina, y claro, algo de comida cubana. Aunque cuando preguntamos por algunos platos nos dijeron que sólo les quedaba cerdo y pollo. Para darnos un gusto, fuimos a buscar helado de postre. Pero no en cualquier lado, fuimos a la heladería Coppelia. Existe desde hace años, fue una idea de Fidel, ocupa casi una manzana y cada bocha de helado cuesta 1 MN. Es decir que con 1 dólar o 1 CUC podés comerte 25 bochas de helado!! Para entrar tuvimos que hacer un rato de fila bajo el sol y nos premiamos con 5 bochas cada uno de sabores repetidos, que eran los que quedaban.

Con Peter en la Plaza de la Revolución

Seguimos camino hacia la Universidad de La Habana que es una de las más antiguas de América y muy verde ya que sus edificios se enredan con las plantas del lugar. Ahí también hay una tanqueta que llevó Castro como símbolo del triunfo de la Revolución. El tema de la Revolución es constante y omnipresente en Cuba. En los carteles de la calle, las pintadas, los posters, los monumentos, los programas de la televisión, los pizarrones de las escuelas. Sentimos que este país, además de tener un ambiente antiguo porque el bloqueo de Estados Unidos les impidió modernizarse en muchos aspectos, vive pensando en el pasado y que eso lo frena de poder salir adelante. No es que sea malo recordar la historia, pero sí puede ser contraproducente vivir pensando en otras épocas y no hacer nada con el presente o el futuro.

Desde la Universidad fuimos al callejón de Hamel, una calle peatonal llena de esculturas y obras de arte totalmente intervenida por artistas de lo más creativos. De vuelta frenamos en una oficina de ETECSA para comprar una tarjeta de Internet y finalmente poder avisar en nuestras casas que habíamos llegado bien, tres días atrás. A la vuelta nos metimos en el edificio Focsa para subir al restaurante del último piso a sacar fotos de esta parte de la ciudad. Cuando el sol estaba cayendo, entramos al Hotel Nacional (a cualquier hotel hay que entrar con confianza y cara de huésped que nadie los va a echar). Nos sentamos en un banco frente al malecón y descansamos los pies a los que habíamos castigado con 20 kilómetros de caminata en el día. Nos tomamos una guagua y volvimos a la casa donde nos hospedábamos. Los chicos salieron a comprar agua y dar una vuelta y yo me quedé descansando porque me dolía mucho la cabeza y terminé vomitando. Pensé que había sido la combinación de caminar tanto bajo el sol y tomar poca agua, es decir la deshidratación, pero unos días después comprobé que fue más que eso.

Otra vista de La Habana, esta vez desde el restaurante del edificio Focsa

Al día siguiente nos fuimos para Matanzas (más abajo les contamos cómo siguió el recorrido) y una semana después estábamos de vuelta en la capital.

Al regresar a La Habana, fuimos al hostal Mango donde intentamos hospedarnos el día que llegamos, pero tampoco tenían lugar. Nos mandaron a lo de un vecino que alquilaba una habitación un poco sucia (tuvimos que ponernos a barrer nosotros porque había vidrios en el piso) pero nos quedamos porque sólo era por una noche, al día siguiente sí tenía lugar el hostal. En lo del vecino conocimos a otros chicos que se hospedaban ahí, un argentino, un canadiense y un italiano que hablaba como argentino. Después de unas rondas de mates y charlas sobre lo que cada uno había vivido en Cuba, salimos a caminar por la Habana Vieja. A pesar de que ya habíamos recorrido sus calles varias veces, no dejamos de encontrar rincones nuevos y callejones que no habíamos visto. Pareciera que uno no termina nunca de conocer ese lugar que siempre te muestra cosas nuevas. Nos llamó la atención la cantidad de barberías y de lugares de manicure que se ven desde las veredas y el furor con las medias de red que usan la mayoría de las empleadas de hoteles, enfermeras, restaurantes y hasta las del migraciones en el aeropuerto y la policía. También nos encontramos con muchísimas galerías de arte y grandes artistas.

El último día nos fuimos al hostal a dejar nuestras cosas y tuvimos la suerte de que nos tocó una habitación privada por 8 CUC cada uno. Como estaba lloviendo quisimos ir al cine, pero de los 3 cines que pasamos, uno daba obras para niños y los otros dos habían cerrado para siempre, así que nos refugiamos de la lluvia un rato en el mercado San José y después fuimos a almorzar cerca del hostal a lo de Doña Alicia donde los platos son abundantes, ricos y baratos. Gastamos los últimos pesos cubanos que nos quedaban en pan, frutas y batidos, recorrimos por última vez las calles de la Habana Vieja que de noche se parecen mucho a Cartagena de Indias en Colombia, armamos la mochila y nos fuimos a dormir temprano. El miércoles 15, un taxi nos buscó por el hostal después del desayuno y nos llevó al aeropuerto (15 CUC). En 45 minutos ya estábamos de vuelta en Miami.

El brillo de las máquinas en medio de el deterioro de la Habana Vieja

Hospedaje en La Habana:

*Mango Hostel: habitación compartida 8 CUC por persona con desayuno incluido. Calle Damas #709 entre Luz y Acosta, Habana Vieja. http://hostelmangohabana.weebly.com/

*Casa de Yanelys y Mercedes: departamento independiente con 3 camas, AC, heladera, desayuno completo incluido, 30 CUC por noche. Calle Damas #720 entre Luz y Acosta, Habana Vieja. Email: anelysleyva@nauta.cu.

*Casa Kendra: habitación para 3 personas, baño compartido, negociamos 30 CUC por noche. Calle O´reilly #534, Plaza Obispo, Habana Vieja.

Matanzas

Para llegar a Matanzas desde La Habana Vieja de la forma más económica hay que tomarse una guagua (0,40 MN) hasta una rotonda en la ruta (preguntar al chofer o a alguien donde bajarse) y de ahí un camión (30 MN). Tuvimos la suerte de conseguir asientos y una hora y media después ya estábamos en destino. Matanzas no es una ciudad muy turística y quizás fue por eso que nos sentimos muy cómodos ahí. Lo primero que notamos fue la tranquilidad de su parque principal, donde uno se puede recostar en el pasto y disfrutar del aire fresco. Al llegar nos sentamos en la plaza y en seguida se nos acercó un chico a ofrecernos hospedaje. Como no habíamos visto ninguna casa con cartel de alquiler, decidimos seguirlo hasta lo de Manolo, a una cuadra de la plaza. Ahí alquilamos una habitación para los tres por 20 CUC la noche, dejamos nuestras cosas, salimos a buscar un paradito para engañar al estómago y nos fuimos a la parada de bus a esperar el que nos llevara a las Cuevas de Bellamar. Esperamos más de una hora y la guagua nunca pasó, así que renunciamos al plan y nos fuimos a la plaza a descansar. A la noche salimos con Patricio, un argentino que también se hospedaba en lo de Manolo y que estaba recorriendo Cuba en bici, a un bar donde supuestamente se bailaba salsa. Cuando llegamos nos encontramos con un show de stand up muy malo que por suerte ya estaba terminando. Finalmente empezó la música y nos quedamos un rato bailando y yo particularmente intentando aprender unos pasos que una cubana quiso enseñarme sin tener mucho éxito.

Atardecer en la plaza central de Matanzas

El sábado logramos tomarnos el bus a las Cuevas de Bellamar (entrada 5 CUC por persona.  Si querés sacar fotos son 5 CUC más, aunque adentro nadie te controla si los pagaste). Por ser fin de semana estaba lleno de gente. Hicimos una visita que supuestamente era guiada pero al haber tanta gente en el tour se descontrolaba y nadie respetaba lo que el guía había dicho sobre tocar las rocas, estalactitas y estalagmitas. La cueva era realmente impresionante y uno recorre 700 metros caminando dentro de ella. Nos decepcionó un poco que la gente no tuviera nada de consciencia del lugar en que se encontraba y se trepara en lugares frágiles contaminándolos solo para sacarse una selfie. Eso lo vimos en muchas partes. Cuba se jacta de su buena educación, que realmente lo es, pero se ve que hay algo en lo que están fallando: enseñar sobre cuidado del medio ambiente. La gente tira la basura en la calle y a veces resulta imposible encontrar un cesto. No sólo la basura se tira en la calle, sino que podés encontrar restos de comida, agua sucia del lavarropas, escombros y hasta vimos cabezas de animales en medio de la calle en la ciudad.

De vuelta en la ciudad, a la noche fuimos al teatro de la plaza principal a ver otro show cómico. Después del de la noche anterior no le teníamos mucha fe pero nos sorprendió gratamente. El teatro estaba completo y el cómico era muy bueno. Creo que éramos los únicos turistas en la sala y a pesar de que muchos chistes eran internos, nos divertimos y aprendimos bastante. La gente se reía a reventar, se reían de ellos mismos, de lo que tienen y de lo que no tienen. Nos gustó mucho ver ese lado de su gente. La gente real, autentica, que no intenta ser simpática para venderte algo, transparentes, realmente alegres, disfrutando. También nos llamó la atención que muchos de los chistes estaban relacionados al sistema socialista y a Fidel Castro, pero que esos chistes no se terminaban de decir, sino que el final quedaba abierto para que la gente los completara en sus cabezas. Las señoras que teníamos atrás a las carcajadas decían: “Uy lo van a meter preso!”.

Después de la obra nos encontramos nuevamente con Patricio y Giovanni, un italiano que también conocimos en lo de Manolo, y vimos dos shows musicales callejeros muy diferentes, uno con música más religiosa autóctona y el otro de rock. A pesar de ser una ciudad muy pequeña, Matanzas tiene bastante oferta cultural. No por nada alguna vez fue llamada la “Atenas de Cuba” y competía con La Habana en vida cultural. Matanzas es conocida también por su Teatro Sauto, declarado Monumento Nacional en 1978, hoy restaurado por fuera pero cerrado, donde en su momento se presentaron artistas como Enrico Caruso, Anna Pavlova y hasta el mismo Diego Rivera dijo que reconoce Matanzas por este teatro.

El domingo teníamos pensado ir a pasar el día en la playa en Varadero que está a sólo media hora de Matanzas pero cuyos precios aumentan consideradamente por ser uno de los lugares preferidos para el turista. Ya teníamos todo preparado para disfrutar de un día de playa pero amaneció nublado y con algo de lluvia. Pensamos tomarnos un camión para Santa Clara y seguir viaje para lo que debíamos tomarnos varios medios de transporte. El tema es que los domingos no suele haber demasiados choferes y podíamos llegar a esperar horas entre un camión y otro. Así que volvimos al plan original y a pesar del mal tiempo nos tomamos una guagua (10 MN) a Varadero. Caminamos por la plaza tratando de que la lluvia no nos arruine el día, almorzamos en un lugar recomendado por Manolo donde los platos de 60 MN eran muy abundantes. Unas horas después nos tomamos otra guagua (esta nos salió sólo 2 MN) y volvimos a Matanzas a pasar la última noche en este lugar.

Los colores de Varadero en plena tormenta

Hospedaje en Matanzas:

*Casa de Manolo: habitación con 3 camas, baño privado, AC y heladera a una cuadra de la plaza a 20 CUC por noche. Calle Manzano (77) #28805 entre Ayuntamiento y Sta. Teresa. Email: manolonav@nauta.cu

 

Seguí leyendo la segunda parte  del recorrido por Santa Clara, Cienfuegos y Trinidad en esta otra nota.

 No te pierdas el video de Cuba acá y las fotos las podés ver haciendo clic acá!

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4 thoughts on “Un viaje a la verdadera Cuba 1: La Habana-Matanzas

  1. Hola, viajare a Cuba en un par de días y quisiera saber mas sobre como llegar en guagua desde la Habana hasta matanzas y luego de regreso de matanzas a la Habana el mismo dia, de ante mano muchas gracias

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    1. Hola!
      Tenes que tomar dos guaguas, la primera se toma a pocas cuadras de la calle Obispo en el centro y la segunda en el mismo lugar en la carretera donde te deja la primera. Pregunta ahi en la habana que te van a decir el numero de guagua que tenes que tomar ya que no lo recordamos. Insistí en que queres ir en guagua porque sino quieren venderte el viaje en taxi!!
      Saludos

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