USA: Miami, mucho más que shopping

En estos 2 años y medio de viaje nunca pensamos que Miami iba a ser la ciudad en donde más tiempo nos quedaríamos. Teníamos la idea (o el prejuicio) de que Miami era sólo una ciudad para ir de shopping y tomar sol en la playa. Un lugar donde la farándula argentina se refugia y los paparazis se ganan la vida. Miami era, para nosotros, la meca del consumo, la ostentación descarada y de todo eso que odiamos de Estados Unidos. No nos interesaba particularmente quedarnos mucho tiempo ahí, pero las circunstancias hicieron que estemos dos meses en esta ciudad que nos dio mucho más de lo que pensábamos. Descubrimos algo más en Miami que no esperábamos. El inglés lo dejamos de lado y todo se tradujo al español. Fue como volver a Latinoamérica por un rato. En Miami encontramos un rinconcito en donde nos sentimos cómodos y conocimos gente a la que ahora podemos llamar amigos.

Si relatáramos el día a día de estos últimos meses sería una nota eterna, así que les vamos a contar de forma resumida como fue nuestra estadía en Miami semana a semana.

Semana 1: la bienvenida

Un viernes por la tarde llegamos a Kendall (al sur oeste de Miami), a la casa de Néstor un uruguayo a quien habíamos conocido 7 meses antes en un show de Volkswagen en Los Ángeles (sobre el que les contamos en esta nota). Después de ese show nunca más volvimos a verlo, hablar o tener contacto con él. Por eso nos sorprendió gratamente cuando nos recibió con un gran abrazo, saltos, festejos y mucho entusiasmo. En ese mismo momento organizó un asado con la banda de Volkswagen formada por sus amigos de toda Latinoamérica: Argentina, Uruguay, Cuba, El Salvador, México y Puerto Rico. Fue una probadita de lo que serían el resto de los días allí.

Primera noche de bienvenida en lo de Néstor con el grupo de Volkswagen

El sábado a la mañana madrugamos para ir al Cars & Coffee de Kendall (un típico show de autos que se suele hacer en varias ciudades los sábados a la mañana) donde nos invitaron a desayunar en un restaurante cubano y vendimos algunas postales y stickers. Esa noche fuimos con Néstor y su amigos Junior, Eric y Lissette a dar una vuelta por algunos de los bares de la ciudad. Después de probar unas cuantas cervezas en el centro, terminamos bailando en un boliche de Wynwood, un barrio artístico con mucha onda donde todas sus paredes están cubiertas por murales y grafitis. A las 4 am fuimos a “cenar” para cerrar la noche y nos terminamos yendo a dormir pasadas las 5. Hacía mucho que no salíamos así y fue una muy buena bienvenida a Miami.

Al día siguiente nos costó mucho levantarnos pero nos esperaba un día intenso. Manejamos como una hora para ir a Hollywood (ahí es todo lejos) para juntarnos con un grupo de Argentinos que viven ahí y se juntan todos los meses a comer un asado. Éramos un montón y comimos riquísimo! Ahí también nos encontramos con Ignacio, un Argentino que está viajando como nosotros y a quien habíamos cruzado en Alaska pero con quien no habíamos podido hablar en persona.

La banda de argentina y el asado siempre presente

Cansados por haber dormido poco y llenos de tanta comida, fuimos para Surfside a donde nos íbamos a encontrar con mis tíos y mis primas que venían de vacaciones. Cuando estábamos estacionando la Kombi, frenó un auto al lado del que se bajó Esteban. Él nos contó que seguía nuestro viaje desde que arrancamos y que se bajó antes del taxi para poder charlar con nosotros. Como nos pasa seguido, al haber varios viajeros Argentinos en Kombi, pensamos que nos estaba confundiendo con otros, pero después de preguntarnos sobre algunas cosas que leyó en nuestro blog, nos dimos cuenta de que éramos realmente nosotros! Nos invitó a comer a lo de un amigo que vivía por ahí cerca y como casi nunca nos negamos a nada, fuimos. Su amigo Marcelo es un gran chef y nos preparó una delicia que, a pesar de que estábamos llenísimos, comimos con gusto y no nos privamos del helado de postre y del Fernet. Pasamos varias horas divertidas charlando con ellos y a las 11 de la noche nos fuimos a ver a mi familia que nos esperaban a la vuelta. Como nos teníamos que poner al día ya que hacía más de un año que no los veíamos, nos quedamos charlando hasta las 2 de la mañana. Al día siguiente pasamos el día con ellos, disfrutamos de la playa, nos dimos una ducha en su departamento y a la noche hicimos unas pizzas caseras.

Con Marce y Esteban, dos nuevos amigos argentinos

Un día me fui con mis tíos y primas a pasar el día a Captiva, una isla cerca de Fort Myers muy linda y a la que no habíamos ido con Nico. Como no entrábamos todos en el auto, Nico se quedó descansando en el departamento que ellos alquilaron. Fue la primera vez en todo el viaje que nos separamos tanto tiempo y tanta distancia. El viaje fue largo para hacerlo en un día pero valió la pena. Almorzamos en un lindo barcito frente a la playa y nos quedamos a ver el atardecer. Hasta vimos un delfín nadando muy cerca de la costa.

El resto de la semana aprovechamos la playa y el clima increíble que nos tocó. Esta es la mejor época para ir a Miami porque al ser invierno no hace el calor húmedo y agobiante del verano. También recorrimos algunos restaurantes y panaderías argentinas en búsqueda de trabajo por la temporada, pero sin resultados y nos juntamos con algunas personas como Mayra y Edgard, que nos escribieron en Facebook diciendo que nos querían conocer y charlar sobre el viaje.

Atardecer en Captiva con los tíos y primas de Lola

Semana 2: la grúa

Estacionar en Miami es algo complicado. Cerca de la playa no hay ningún lugar en donde no haya que pagar para estacionar. Como nosotros queríamos estar cerca de Surfside para estar con la familia pero no queríamos tener que pagar por estacionar todo el día y toda la noche, buscamos un lugar por allí para pasar la semana. Después de dar unas vueltas encontramos un estacionamiento por Sunny Isles que era para los clientes de un supermercado y demás negocios de allí. Nosotros pasamos varias noches durmiendo ahí sin problema, pero tanto nos confiamos que un día pasó lo inevitable. Cuando volvimos de la playa la Kombi no estaba. Es la peor sensación que podes vivir viajando así: tu casa desapareció. No teníamos nada encima, ni la billetera, ni los documentos, sólo una silla de plata completamente inútil. No llegamos a preocuparnos demasiado porque sabíamos que lo más probable era que se la hubiera llevado la grúa. Justo en el momento en que descubrimos que la Kombi no estaba, nos encontramos con Germán, un argentino que vive en Miami desde niño y quien no dudó en llevarnos a buscar la camioneta. Cuando llegamos al lugar de la grúa nos dijeron que de los $101 dólares que teníamos que pagar para sacarla, sólo debíamos $1. Pensamos que no estábamos entendiendo bien, “¿cómo que solo debemos 1 dólar?” El hombre nos explicó que alguien ya había pagado los otros 100. Resulta que a uno de los empleados del lugar no le gustó que hayan remolcado la Kombi y decidió no cobrarnos por sacarla. Aprendimos la lección sobre estacionar en Miami: por ahorrarte unos dólares en el parquímetro, podés terminar con tu auto remolcado y teniendo que pagar mucho más. Gracias a la gente y a la magia de Dora, la cosa nos salió barata.

Con Germán sacando la Kombi del estacionamiento donde la llevó la grúa

El fin de semana nos fuimos para Coral Gables, uno de los barrios más lindos de Miami que está a una hora de Surfside. Jorge, un chileno amigo de mi tío desde la infancia, nos invitó a su casa a comer y nos deleitó con unas increíbles patas de cangrejo. Era la primera vez que yo las probaba y me encantaron, pero Nico no se animó. Jorge nos dio una clase para aprender a comerlas y pasamos una noche muy divertida.

Los días siguientes lo pasamos en su casa con él, su mujer Solveig y su hijo Nick, quienes nos hicieron parte de la familia. Aprovechamos a descansar en una buena cama y a recorrer el barrio. Un día salimos a dar un vuelta con Jorge quien nos hizo una visita guiada por la zona. Otro día caminamos unos cuantos kilómetros hasta un parque donde crearon una especie de laguna con el agua del mar. Antes de que mis tíos se fueran, pasamos un día con ellos en la playa y recorriendo el Design District donde están las marcas más top, ridículas e inalcanzables del mundo.

La playa oculta que encontramos por Coral Hables

Semana 3: los car shows

El viernes (ya el 3ero que pasamos en Miami) nos despertamos en lo de Jorge y vimos en Internet que al día siguiente había un show de autos en North Palm Beach, a unos cuantos kilómetros al norte de Miami. Pensamos que era una buena idea ir para vender algunas de nuestras artesanías y de paso conocer esa zona. Lo llamamos a Néstor, el uruguayo que nos había recibido el primer día y que también es fanático de Volkswagen, para contarle del show y nos dijo que él estaba en Júpiter en la casa de Kenny, (otro de los que habíamos conocido en el evento de California) y que era cerca de donde iba a ser el show. Después del mediodía salimos para ahí y por el tráfico tardamos como 3 horas en llegar a lo de Kenny.

El sábado a la mañana fuimos con Néstor y Kenny a North Palm Beach al show de autos antiguos. Justo cuando nos estábamos estacionando junto con los demás Volkswagen, la caja de cambios se trabó y quedamos en el medio de todo. Con la ayuda de la gente pudimos empujar a Dora y dejarla mejor ubicada. Pasamos todo el día ahí charlando del viaje, vendiendo nuestras cosas y nos dieron el primer premio en la categoría de autos importados. A la tarde volvimos a lo de Kenny quien junto a Néstor nos ayudó a regular el embreague. Una vez más, igual que en California, nos dieron una mano enorme con la mecánica. ¿Por qué será que Dora se rompe sólo cuando hay gente amiga y experta cerca para arreglarla? Los días siguientes lo pasamos en lo de Kenny y su mujer Gía, los muchachos dándole duro a la mecánica y yo a las artesanías con una ayudante de lujo, Nía, la hija de Kenny de 4 años que es una dulzura.

Show de autos Hot Cars & Chilli

El martes nos fuimos para Palm Beach a recorrer esa zona de lujo tan codiciada por los ricos y famosos y visitamos The Breakers, un hotel impresionante frente al mar. El miércoles Nico se despertó con un año más y nos fuimos a pasar el día frente a un río en Clewiston para festejarlo bien tranquilos. Almorzamos ahí e hicimos una torta para celebrar los 29. Yo celebré que me alcanzó en edad.

Al otro día agarramos la ruta para atravesar el estado de este a oeste y llegar a Fort Myers para participar de otro show de autos, el EuroTripper. El viernes a la tarde fuimos al lugar del evento donde hicieron una barbecue que no fue muy concurrida pero que estaba riquísima. Al día siguiente nos despertamos temprano para llegar al parque y aprovechar el día al máximo. Conocimos mucha gente, vendimos de todo y nos reencontramos con nuestros amigos del club de VW de Miami que conocimos la primera noche que llegamos en lo de Néstor. Cuando terminó el evento fuimos a comer con algunos de ellos, Néstor, Yani y Martín (una pareja argentina-uruguaya). Esa noche dormimos en el estacionamiento del hotel donde se quedaron y al otro día nos levantamos temprano para ir al Cars & Coffee que se hizo en la concesionaria de Porsche que estaba a la vuelta. Si bien la Kombi no tenía nada que ver entre tantos autos modernos, rápidos y caros, igualmente nos dieron un lugar y colaboraron con el viaje comprando postales. De ahí nos fuimos con los chicos a la playa en Sanibel y después del almuerzo tardío, nos despedimos, ellos se volvieron a Miami y nosotros a buscar un Walmart para dormir.

Día de trabajo en el Eurotripper

Desde Naples, tomamos la ruta de los caimanes, la misma que habíamos tomado hacía algunas semanas y que en esta nota les contamos y volvimos a Miami donde participamos de otro car show, el famoso Volksblast que se hace todos los años en la histórica calle Sunset Drive en South Miami. Llegamos bien temprano para asegurarnos un buen lugar y hasta las 5 de la tarde no paramos un segundo de hablar con la gente, responder preguntas y vender de todo un poco. Lo bueno del evento es que al ser en medio de la calle y no en un lugar cerrado era visitado no solo por fanáticos de los Volkswagen sino por todos aquellos que estuvieran paseando por la zona. Fue un día agotador pero muy provechoso.

El mejor show de Volkswagen en Miami, el Volksblast

Semana 4: la remodelación

El primer mes en Miami lo cumplimos en la casa de Néstor, quien nos volvió a recibir y donde aprovechamos a lavar ropa, descansar, actualizar el blog, editar fotos, ordenar la Kombi y hacer todas esas cosas “normales” que a veces uno extraña y necesita cuando está viajando así.  También visitamos amigos del grupo Volkswagen. Un día fuimos a lo de René y Betty, dos cubanos que nos invitaron a comer a su casa, nos mostraron su taller lleno de motores y partes de Kombis y Vochos y nos contaron sus muy interesantes historias de vida. Otro día fuimos a comer a lo de Rossi, Jesús y sus padres que nos prepararon una típica comida cubana riquísima con el batido de mango más rico que hayamos probado.

Desde el día que salimos de viaje tenemos un asunto pendiente con la Kombi: la cama. Al no haber conseguido las bisagras que sirven para pasar de sillón a cama fácilmente como si fuese un futón, tuvimos que inventar un sistema casero que funciona bien, pero no era lo más práctico. Era algo que siempre quisimos remodelar pero que nunca encontrábamos la oportunidad, hasta ahora. En Miami aparecieron las dos cosas que necesitábamos: los materiales y el experto. El primer día que llegamos a Miami conocimos a Kike, un boricua amigo de Néstor, fanático de los Volkswagen y un carpintero genial. Él se ofreció a ayudarnos con lo que quisiéramos hacerle a la Kombi. Un día fuimos a su taller y en sólo unos minutos convirtió un placard de difícil acceso en tres cajones súper cómodos. Pero queríamos ir por más, así que nos dispusimos a encontrar las benditas bisagras de la cama que en Argentina no se conseguían. Buscamos en varios lugares, preguntamos acá y allá y dimos con la persona indicada: el mago (o como lo llaman en Miami, The Wizard). Él es un argentino que hace años se fue a vivir a Estados Unidos y tiene su taller mecánico de Volkswagen. Lo más interesante es que en el año 70, agarró su Kombi y salió junto a su mujer rumbo al sur. Un pionero en el asunto de viajar en Kombi. Visitamos su taller que está lleno de reliquias y recuerdos y nos regaló un sillón viejo de una Kombi que desarmamos hasta dejar pelado. Con Kike adaptamos esas bisagras a nuestra Kombi y después de varios días de trabajo, la cama nueva quedó lista. Para eso tuvimos que desarmar por completo la anterior, vaciar toda la Kombi, medir, cortar, probar y el resultado fue perfecto. No sólo eso, sino que también Kike hizo placares nuevos que andábamos necesitando para guardar todo lo que siempre estaba dando vueltas. Quedó espectacular. El sillón mucho más cómodo que antes y muy fácil de convertir en cama y los placares nuevos súper prolijos y útiles.

Trabajo duro, buenos resultados

Semana 5: la familia

Uno de los momentos que más esperamos en este viaje era el reencuentro con la familia. Hace casi un año, nuestros padres habían sacado pasajes para encontrarnos todos en Miami. Por el invierno que se acercaba en el norte tuvimos que bajar más rápido de lo que pensamos y llegamos a Miami unos meses antes de la fecha pactada, pero aprovechamos a hacer todo lo que les acabamos de contar. Así que el día se hizo esperar pero finalmente llegó, y no sólo pudimos ver a nuestros papás y suegros, sino también a mi hermana Berni y a Fran el hermano de Nico, quien fue el primero en llegar y que pudo vivir un día en nuestra vida de viajeros. Compartimos con él un car show y resultó un muy buen vendedor de postales contándole a la gente sobre el viaje tan compenetrado como si él mismo lo hubiera hecho.

Cuando llegó el resto del grupo, nos instalamos en una casa que alquilamron por la semana para los 8. Fueron pocos días pero muy intensos en donde no paramos un segundo de hacer cosas y, sobre todo, de reírnos. En un viaje rally fuimos por el día a Orlando a uno de los parques de Disney gracias a que Fran había conseguido entradas gratis para todos. Había muchísima gente y horas de fila para los juegos pero eso no impidió que la pasáramos muy bien. También fuimos a la playa, recorrimos los barrios de Miami, sacamos muchas fotos, fuimos de shopping un día, le hicimos un cumple sorpresa a Nico (un poco atrasado), aprovechamos la casa alquilada y la pileta increíble que tenía y hasta fuimos a ver un partido de básquet de los Miami Heats, donde no entendimos mucho pero nos encantó ver todo el show que hay más allá del deporte en sí. No fue fácil despedirnos porque nos quedamos con ganas de más, pero sí estábamos felices de haberlos visto. Lo bueno fue que dos días después de dejar a todos en el aeropuerto, fue nuestro turno de tomarnos un avión, esta vez con destino a Cuba.

Disney en familia

Semana 6: los trámites

Después de pasar 15 días en Cuba (que ya les contamos en estas otras notas), volvimos a Miami a terminar con los trámites para mandar la Kombi en barco a Colombia.

Decidimos hacer esto porque si volvíamos manejando todo el camino de vuelta por México y Centroamérica, al llegar a Panamá la carretera se corta y hay que mandar la camioneta en barco a Colombia sí o sí. Cuando subimos, tuvimos la suerte de poder viajar en el Ferry que en ese entonces estaba funcionando desde Cartagena (Colombia) a Colón (Panamá). Pero ahora que ya ese Ferry no está disponible, la única forma de cruzar los vehículos es en un barco de carga. Por eso, para acortar un poco el camino, decidimos mandar la Kombi directamente desde Miami ya que los trámites y el precio es casi el mismo y además teníamos muchas ganas de estar de vuelta en Sudamérica.

Durante todo ese trámite, idas y vueltas, vaciar la Kombi, volver a armarla dentro de las valijas, limpiar, ordenar, etc., Néstor nos siguió hospedando en su casa y se convirtió en un amigazo con el que siempre vamos a estar agradecidos. De hecho, todo el barrio nos recibió tan bien que uno de los vecinos organizó una comida de despedida unos días antes de irnos. También volvimos a juntarnos con amigos que habíamos conocido en este tiempo en Miami como Marcelo, el chef que siempre nos volvió a deleitar con platos riquísimos.

Los vecinos despidiendo a Dora

Semana 7: el RV

Después de dejar la Kombi en el puerto, quedamos homeless (sin casa), así que nos tomamos el tren y un bus y volvimos a nuestro segundo hogar, lo de Néstor. Pero como ya habíamos estado varias semanas viviendo ahí y él comparte su casa con la familia de Eric y Lissette, decidimos que era hora de buscar otro lugar así no molestábamos tanto. Buscando en Internet algo para alquilar encontramos por Airbnb un lindo motorhome estacionado en el patio de una casa. Como estamos tan acostumbrados a vivir en un espacio reducido nos gustó mucho la idea y también nos daba más libertad que alquilar una habitación sola porque contábamos con nuestra propia cocina y baño. Además la casa tenía un patio muy lindo con pileta. Ideal para disfrutar de nuestra última semana en Miami.

Cuando llegamos a la casa todo fue un poco confuso. La dueña no estaba y nadie nos recibió, tuvimos que esperar un rato en la puerta hasta que llegó otro de los huéspedes que nos hizo pasar. Sin que nadie nos dijera nada, nos instalamos solos en el RV (como le llaman acá a los motorhomes, la sigla viene de Recreational Vehicle) y aprovechamos lo que quedaba de la tarde al aire libre. A la noche llegó la dueña María Gabriela y Eloín, el encargado de la casa y charlamos un rato con ellos, ambos oriundos de Venezuela.

Si bien el RV es bastante viejito (aunque más nuevo que Dora), le falta mantenimiento en algunas cosas, estaba lleno de hormigas y tenía un problemita con el baño, a nosotros nos resultó súper cómodo y considerablemente más grande que la Kombi. Durante la semana que nos quedamos ahí hicimos artesanías para renovar el stock para llegar a Colombia con muchas cosas nuevas para vender en Semana Santa. También disfrutamos del sol y la pileta, editamos fotos, nos pusimos a escribir el libro del viaje que ya estaba empezado pero un poco abandonado y pasamos largas horas charlando con Hugo y Ila, los vecinos del motorhome de al lado (sí, hay dos RV en el patio), que son de Argentina y Brasil y también tienen una Kombi.

El sábado 1 de abril nos despedimos de todos y volvimos a lo de Néstor a pasar la última noche en Miami. Salimos con él y su novia Meili a comer y al mediodía del día siguiente, Néstor nos llevó al aeropuerto donde nos despedimos de él súper agradecidos y con la promesa de volver a encontrarnos en Colombia.

Con Ila y Hugo en el motorhome, nuestro hogar transitorio

Como les contábamos al principio, Miami nos terminó dando mucho más de lo que esperábamos. Y como siempre decimos, hay que vivir un tiempo en un lugar para llegar a conocerlo bien. Seguramente hubiéramos conocido todavía más de habernos quedado más tiempo, pero no somos de echar raíces fácil y ya Dora nos estaba pidiendo volver a la ruta. A un año de haber entrado, nos despedimos de Estados Unidos cerrando una etapa del viaje y comenzando otra, la del retorno. La tan esperada vuelta a Sudamérica, nuestra Sudamérica que tanto se hizo extrañar.

 

 

 

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