Macas-ciones en Ecuador

Muy pocos turistas conocen Macas, esta ciudad del oriente ecuatoriano que es capital de provincia pero tiene alma de pueblo: todos se conocen y los chismes corren como pólvora. Arquitectura dispareja, clima caluroso y y húmedo y una excelente vista: desde sus calles se puede apreciar el Volcán Sangay y la espesa selva amazónica que la bordea frente al ancho río Upano. Macas no estaba en nuestros planes de ruta, pero nuestro primer encuentro con ella se dio en Noviembre de 2014 durante el viaje de subida gracias a la invitación a través de internet de Gina, Renato y su hija Renata de 5 años. (En esta nota les contamos más sobre esa visita). En ese momento nunca nos imaginamos que Macas iba a batir un récord en nuestro viaje.

Jóvenes en Macas – Noviembre de 2014

Hoy Renata tiene 8 años, varios centímetros de altura de más y dos dientes menos que el Ratón Pérez se llevó hace poco. Gina y Renato siguen teniendo el gran corazón y la generosidad que los caracteriza para recibir viajeros y un excelente gusto para la comida. La Vaca, su restaurante de parrilla argentina que abrieron hace unos años, sigue en pie y mejor que nunca. Llegar a Macas después del voluntariado que hicimos en una finca en Puyo (sobre el que podés leer más acá) fue la mejor recompensa que nos pudieron haber dado. Veníamos acostumbrados a la rutina de levantarnos temprano, trabajar duro toda la mañana, almorzar liviano y pasar la tarde jugando a las cartas sin mucho más que hacer hasta que bajara el sol. En Macas nos adaptamos al ritmo del restaurante que implicaba hacer las compras por la mañana, trabajar al mediodía y a la noche, dormir alguna que otra siesta, salir a dar una vuelta por el parque, acostarnos tarde y, sobretodo, comer rico.

3 años después… El día que llegamos pasamos la tarde en el Café del Parque probando cervezas artesanales

El pan de cada día

Gina y Renato le hacen honra a sus títulos de Chef. Nos deleitaron no sólo con mucha carne a la parrilla con los típicos cortes argentinos, sino con todos los platos de nuestra tierra que ellos adoptaron como propios: milanesas, pastas caseras, tortas, alfajores, helado, flan, budín de pan, dulce de leche y pan casero. Por las comidas, los horarios y el mate bajo el brazo de Renato cada día, son los ecuatorianos más argentinos que hayamos conocido. Hacía mucho que no comíamos tantas delicias juntas y al principio nuestro cuerpo nos hizo saber que estábamos abusando ya que venía acostumbrado a la verdura, pero al tiempo se volvió a adaptar al buffet criollo.

Muy concentrados con Dany y Gaby (otros viajeros) haciendo ñoquis

Además de toda esta demostración gastronómica, nos volvieron a abrir las puertas de su casa a pesar de la multitud ya que estaban de visita Magui, la mamá de Gina, Sammy, la hija mayor de Gina, y Alana, la hija de Sammy de menos de 3 años que es todo un personaje y se robó nuestro corazón. Lejos de hacernos sentir como intrusos, nos recibieron como parte de la familia, nos encariñamos con ellos y nos terminamos quedando un mes y medio en el que pasamos cada minuto juntos, conocimos a sus amigos (como Gustavo, un argentino que a sus 70 años salió de Buenos Aires en un motorhome y llegó a Macas, donde decidió quedarse), salimos de paseo, comimos mucho y nos reímos más.

Durante el mes y pico en Macas nos dimos todos los gustos que quisimos y cocinamos todo eso que extrañábamos y que pensábamos que sólo íbamos a volver a comer en Argentina. Además, nos sentimos confiados para preparar esas cosas que siempre quisimos pero que nunca habíamos hecho como donas, pan dulce y ravioles caseros. El mayor desafío fue lograr el pan francés con esa corteza crocante inigualable que ninguna panadería local ofrece. Renato y Nico se metieron en una cruzada para lograr esa misma consistencia y durante semanas miraron videos, probaron recetas, cambiaron ingredientes, debatieron sobre el horneado, degustaron distintas producciones y finalmente lograron el tan buscado pan francés.

Pan dulce bien casero para las fiestas

La Vaca (Lola)

La mayor parte del tiempo lo pasamos en La Vaca. Nico disfrutó su rol de ayudante de cocina en el que aprendió a hacer helado, pastas, panes y tortas varias y terminó de darse cuenta qué es lo que le gustaría hacer en un futuro. Mientras, yo ayudé a Sammy a atender mesas cuando había mucha gente y a hacer lo único que me gusta de la cocina: la degustación. De a poco me fui convirtiendo en esa famosa vaca que está de moda hoy entre los niños y que justamente lleva mi nombre. Como es ley que el que cocina no lava, además me convertí en un lavaplatos bastante eficiente.

Llegamos justo en un momento de renovación del restaurante y Nico aprovechó para hacer uso de sus herramientas y puso estantes por doquier; yo los ayudé rediseñando el logo, haciendo un nuevo menú y entre los dos hicimos una linda sesión de fotos de todos los platos (que luego pudimos comer, obvio). Trabajamos mucho porque justo llegamos para la época más movida, pero no se sintió porque lo disfrutamos un montón. Es tal cual como dicen: “elige un trabajo que te guste y no volverás a trabajar el resto de tu vida”. Los días más tranquilos en los que no había muchos clientes nos la pasábamos entre charlas, risas y sugerencias sobre qué cocinar al otro día.

Sesión de fotos de los platos de La Vaca. Mirá las fotos acá!
Nico haciendo ravioles caseros

OM Shanti[1]

Para darle un respiro a nuestro sistema digestivo, algunas tardes salimos a pasear por Macas. Un domingo fuimos todos a pasar el día a una piscina para combatir el calor entre agua fresca y cervecitas. Pero sin dudas, mi lugar favorito fue el Parque Recreacional. Un espacio súper verde a sólo 3 cuadras del restaurante que lo restauraron hace poco, está lleno de árboles, juegos para niños, un mirador con vista el río Upano y una cafetería que acaban de instalar Marcos y Agus, una simpática pareja de Argentina y Uruguay. Fue el lugar que elegí para hacer yoga todas las mañanas y desconectarme por completo. Un día, un grupo de niños que jugaban por ahí, me sorprendieron al darme cuenta de que estaban muy atentos viendo lo que hacía. Les pregunté si querían que les diera una clase y aceptaron contentos. Esta escena se repitió varias veces con distintos grupos de niños que estaban en recreo y hasta se sumaron las maestras. Una nueva experiencia para mi que disfruté mucho.

Mi rincón en el parque

Aceituna con ruedas

Después de nuestro paso por Macas en 2014, Gina y Renato se dieron cuenta de que viajar y vivir en una camioneta no era algo tan descabellado. Desde hacía un buen tiempo que estaban buscando el vehículo ideal para poder recorrer su país junto a Renata y este apareció justo cuando nosotros estábamos de visita. Los acompañamos a ver la camioneta, a hablar con el mecánico y compartimos ideas sobre el diseño más conveniente para el interior. Al verla por primera vez con ese color verde oliva lo primero que se nos pasó por la cabeza fue una aceituna, y así la llamaron. Su proyecto lo sentimos como propio, entre todos pasamos horas dibujando, midiendo, viendo fotos y tirando ideas para convertir el furgón en una pequeña casa rodante. Nos encantó sentir que volvíamos en el tiempo y estar en esa etapa en la que todo es nuevo y está por arrancar.

Primer paseo de la Aceituna

Fin de año en llamas

El final del 2017 fue un fuego. No sólo por el calor que estaba haciendo, sino por su intensidad. El restaurante se llenó día y noche de clientes que no querían terminar el año sin una comida entre amigos o compañeros de trabajo. A pesar del cansancio, para nosotros fue muy divertido porque las horas volaron.

La noche de Navidad fue muy tranquila, la pasamos rodeados de buena comida que estuvimos todo el día preparando. Para no extrañar tanto nuestros pagos, propusimos que cada uno preparara el plato que quería comer. Con Nico hicimos la típica torre de panqueques que nunca falta en la mesa navideña porteña.

Al otro día, como era feriado, decidimos hacer el primer viaje de la Aceituna y fuimos todos al río en Sucúa, un pueblo vecino de Macas. Hicimos un pic-nic con los restos de comida que habían quedado de la noche buena y pasamos el día ahí bajo la sombra de los árboles.

Dos días después, todavía muy llenos de todo lo que habíamos comido en Navidad, festejamos el Cumple Gina con más comida: milanesas, torta de zanahoria y Baileys casero para brindar.

La mesa navideña. Éramos 8 pero había comida para 40
Familia y Navidad en la plaza de Macas

El Año Nuevo en Ecuador viene acompañado de muchas tradiciones. Algunos corren la vuelta a la manzana cargando una valija para asegurarse muchos viajes el año entrante, otros ponen billetes dentro del calzado para atraer abundancia económica, algunos encienden velas de colores o usan ropa interior amarilla para mayor felicidad. Los hombres más atrevidos se visten de “viudas” y salen a la calle a pedir caridad por el “viejo” que muere. Pero sin dudas la costumbre más popular es la quema de los monigotes. Los vecinos de cada barrio se juntan para armar varios muñecos que confeccionan con ropa vieja rellena de aserrín y papel. Éste puede ser un personaje famoso de la política, el deporte, la televisión, caricaturas infantiles o hasta alguien cercano a la familia. La noche de año nuevo, cada barrio o familia prende fuego sus muñecos que representan al año viejo. Se trata de una herencia andina que simboliza la eliminación de lo malo del año para dejar espacio para cosas buenas y mejores. Esta práctica se realiza en varios países latinoamericanos, desde México, Colombia y Venezuela hasta en algunas regiones de Argentina y Uruguay. Aunque la costumbre y tradición está más arraigada desde el punto de vista popular en Ecuador.

En Macas, cada barrio armó su propio escenario con varios muñecos, carteles y una temática en particular. La mayoría estaba dedicada a los políticos y a los jugadores de fútbol que dejaron a Ecuador fuera del mundial. Los muñecos más quemados fueron el del presidente Lenín Moreno, el de Jorge Glas, el actual vicepresidente que está preso y el de Rafael Correa. En muchos lugares, antes de la quema se lee un “testamento” en el cual se hace recuento de los sucesos que caracterizaron el año terminado y un jurado va recorriendo los diferentes barrios para elegir a la mejor puesta en escena.

Los muñecos se prenden fuego en despedida al año viejo

Nosotros festejamos en familia comiendo hamburguesas caseras en La Vaca y antes de las 12 salimos a recorrer varios de los escenarios dispuestos en los barrios para ver cómo quemaban los años viejos. Nos quedamos en uno que prometía ser una fiesta total, con una gran escenografía, luces y música en vivo pero la música era muy mala así que nos terminamos yendo a dormir a las 3am.

Más festejos y despedida

Como para no perder el ritmo, el cumpleaños de Renato llegó con muchas empanadas caseras (hicimos tantas que todavía hay varias en el freezer) y un delicioso Cheesecake. Un día decidimos que era hora de seguir viaje. Teníamos trámites pendientes en Cuenca y ansias por empezar a recorrer la cordillera de Perú. Antes de irnos nos encargamos de llevarnos las cosas típicas del lugar: miel de caña y pasamos por una fábrica de chocolate en donde nos regalaron una mazorca y nibs que usamos para los cereales.

Como despedida para el último almuerzo hicimos milanesas de pollo y profiteroles de postre. En la sobremesa estábamos muy llenos de tanta comida pero nos empezamos a acordar de todo lo que habíamos preparado durante este último mes y medio e hicimos una lista. Tuvimos que usar tres papeles:

Lista de las comidas mas deliciosas que hicimos

Macas batió un récord, fue el lugar donde más tiempo nos quedamos en todo el viaje. No solemos instalarnos mucho en cada lugar, nos gusta la ruta y el movimiento, pero Renato, Gina, Renata, Magui, Sammy y Alana nos incorporaron a su familia y rutina e hicieron que dilatáramos la despedida lo más posible. Sabemos que no es una despedida total porque esperamos volver a verlos, tal vez en Macas o quizás sea en la ruta de algún país vecino.

El último día salimos a pasear todos a bordo de Dora. Muy caveDora!

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[1] En Yoga, Shanti significa Paz.

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4 respuestas a “Macas-ciones en Ecuador

  1. Hermoso el viaje, los relatos de las vivencias, disfruto mucho todo lo que van contando.- Para ustedes supongo que lo más lindo es ir dejando una huella en los corazones de la gente con la que van conviviendo y que ellos vayan dejando una huella en sus corazones.-

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