Perú: arqueología, lagos, playa, oasis, ciudad y mecánica!

Después de recorrer el norte de Perú y de dejarnos sorprender por la cultura Chachapoyas, ingresamos en el Reino del Chimor (territorio comprendido entre Tumbes y Lima) para conocer sobre esta otra civilización pre Inca.

Cuando pensábamos que las rutas desastrosas habían terminado, tomamos la que separa la ciudad de Cajamarca de la costa y nos encontramos con varios kilómetros en obra en donde nos sentimos dentro de una carrera de obstáculos, esquivando los parches que dejaron los arreglos inconclusos, los autos que venían de frente y los que nos querían pasar por la derecha.

Finalmente tomamos la Ruta Moche y llegamos a Huanchaco donde nos reencontramos con el Océano Pacífico después de más de un año sin verlo. Justo llegamos para ver el atardecer en el mar, Nico nos deleitó con una rica sopa de zapallo, coco, curry y jengibre (muy rica pero poco práctica para el intenso calor costeño), llevamos ropa a lavar y nos fuimos a dormir. Huanchaco tiene historia y fama: allí se originó el ceviche, sus comunidades indígenas milenarias crearon los caballitos de totora (embarcaciones hechas de paja que se usan para la pesca y dicen son los predecesores de las tablas de surf) y se convirtió en una reserva a la que llegan surfers de todo el mundo buscando sus reconocidas olas.

Ruinas de Chan Chan

Después de una tranquila noche, al otro día llegamos temprano al sitio arqueológico Chan Chan en las afueras de la ciudad de Trujillo. Chan Chan, que significa “Sol Sol”, es la ciudad de barro más grande de América, se cree que allí vivieron de 20 a 30 mil habitantes. Al llegar nos vimos obligados a contratar un guía ya que en todo el complejo no hay ningún cartel de información. Nos unimos a otras personas y dividimos los costos. Nuestra guía designada fue Susana quien nos llevó durante más de una hora en un viaje al pasado a recorrer la ciudadela para mostrarnos y contarnos cómo vivía la civilización Chimú (900 a 1470 a.C.). El complejo tiene varias partes reconstruidas pero otras tantas originales y está formada por nueve ciudadelas o pequeñas ciudades amuralladas. Además de funcionar como residencia del rey y los sacerdotes, Chan Chan servía como un polo comercial, político y administrativo del reino Chimú, es por eso que también se usaba como lugar de almacenamiento, mausoleo, templo y centro administrativo. Afuera de los palacios estaban los talleres textiles, de orfebrería y carpinterías, y en la periferia, las casas de los agricultores. Hoy solamente se puede visitar el más grande de los palacios.

Algo interesante que nos contó Susana es que cuando el rey de Chan Chan moría, todas sus esposas (¡que eran 90!) también debían morir para acompañarlo en su tumba. Eran enterradas juntas en el palacio y cubiertas con arena. Ese palacio dejaba de funcionar como tal y se convertía en mausoleo, por lo que su sucesor debía construir su propio palacio.

Uno de los mayores atractivos del complejo es su decoración: cada sala hace alusión al mar  y eso se ve en los sócalos que representan redes de pesca, peces, gaviotas, pelicanos, entre otros. A diferencia de los Incas que adoraban al Sol, los Chimú consideraban que la Luna era su diosa y su imagen se puede ver también en varios de los decorados.

El recorrido fue muy entretenido y sin los conocimientos de Susana nos hubiéramos perdido de mucho. Lamentablemente falta infraestructura que proteja el lugar. Susana nos contó que un año atrás cuando azotó la corriente del niño varias zonas se deterioraron y no se volvieron a restaurar ni se hizo nada para evitar que esto suceda nuevamente. También nos dijo que cuando ella era estudiante de turismo existía un mirador que te permitía tener una vista panorámica del complejo pero que hoy ya no funciona y no se sabe por qué; nos hubiera gustado poder apreciar la ciudadela desde arriba para tomar consciencia de su verdadero tamaño. Esperemos que decidan volver a construir uno.

Recorriendo el palacio principal de Chan Chan

Entrada: 10 soles por persona + 40 de guia por grupo de hasta 10 personas

Después de la visita a Chan Chan nos fuimos hacia la Huaca del Sol y de la Luna (que fue el centro del poder del pueblo Moche, 100 a 800 a.C.) porque justo en frente se encuentra el Moche Sanctuary Lodge, otro de los lujosos hoteles que tuvimos la fortuna de conocer gracias a su invitación. Allí pasamos dos noches en los que aprovechamos la piscina, disfrutamos de un rico desayuno, unas confortables cabañas y, sobretodo, de un bellísimo bosque donde pudimos editar nuestro libro con las historias del viaje. Sin muchas ganas de partir, tuvimos que decir adiós y seguir camino, no sin antes visitar varias casas de repuestos porque Dora seguía dando problemas a pesar de todo lo que le habíamos hecho unos días atrás.

Pura paz en el Moche Sanctuary Lodge

Laguna Parón

Luego de nuestra fugaz visita a la costa volvimos a la sierra para conocer la famosa Cordillera Blanca. Llegamos al pequeño pueblo de Caraz para buscar información sobre la Laguna Parón pero los empleados de información turística poco pudieron ayudarnos.

Llegar a la laguna nos tomó más de lo esperado, no porque fuera lejos, sino porque como el camino era muy malo decidimos frenar a dormir en la mitad. Al día siguiente demoramos 3 horas para recorrer los últimos 24 kilómetros (con parada técnica para que Dora no recaliente en la lenta subida). El duro camino tuvo su recompensa, al llegar nos encontramos con una laguna de un color turquesa que no imaginábamos y con un cielo completamente despejado que dejaba en evidencia la belleza de la cordillera nevada. Lo increíble de esta laguna andina es que se puede llegar con el vehículo y estacionar frente a ella. Los 4.200 metros de altura se hicieron sentir a penas llegamos, así que decidimos no movernos demasiado el primer día para acostumbrarnos a la altitud. Cocinamos un rico guiso de lentejas, leímos, vimos un atardecer único y un cielo súper estrellado. Al día siguiente hicimos una caminata de 10 kilómetros bordeando la laguna para apreciarla desde distintos ángulos. Cuando llegamos a la otra punta empezó la lluvia y después el granizo, la idea era seguir caminando hacia una segunda laguna pero decidimos que era momento de volver. Allí pasamos tres días en los que disfrutamos de un vista única desde la Kombi. Cuando el sol nos abandonó y el frío calaba profundo, decidimos seguir camino.

Entrada a la laguna: 5 soles

Sol, cordillera blanca y laguna turquesa

Parque Nacional Huascarán

Bajamos de la Laguna Parón, volvimos a Caraz y de ahí enfilamos para otro pueblito llamado Carhuaz. Buscábamos ver la Cordillera Blanca en todo su esplendor y nos dijeron que el mejor lugar para hacerlo era la Punta Olímpica, dentro del Parque Nacional Huascarán. Así que desde Carhuaz hicimos un par de kilómetros para entrar al parque, pero al llegar a la entrada lo único que se podía ver era neblina cubriendo todo. Decidimos pasar la noche ahí junto a la casa de los guardaparques y cruzar los dedos para que al otro día estuviera despejado. Como la noche era fría, los guardaparques nos convidaron con aguardiente para calentar el cuerpo. A pesar de la buena onda, el clima no cambió, los días de sol que nos tocaron en la Laguna Parón habían sido un impasse dentro de la temporada de lluvias que se hacia presente. Resignados, decidimos no entrar al parque ya que no se iba a ver nada e ir hasta Huaráz, la ciudad más grande de la región donde solo frenamos a recargar la garrafa.

Entrada al Parque Nacional Huascarán: 30 soles (oficial) o aporte voluntario (sin ticket).

Huacho

Como un sube y baja, de la montaña volvimos a la costa donde pudimos ver kilómetro a kilómetros cómo iba cambiando el paisaje. Las montañas nevadas fueron dando lugar a la planicie hasta llegar al desierto.

Nuestro objetivo antes de llegar a Lima era conocer las Ruinas de Caral, la ciudad más antigua de América. Tomamos el desvío hacia el sitio arqueológico y a los 5 kilómetros debimos dar la vuelta por el mal estado de la ruta. Estábamos cansados del ripio y de seguir maltratando la Kombi por culpa de los caminos destruidos de Perú. Por ese motivo no sólo nos quedamos sin ir a Caral, sino también habíamos dejado de visitar otros lugares que nos interesaban como Chavin de Huantar, el Glaciar Pastoruri y la Reserva Nor Yauyos.

Antes de llegar a Lima, pasamos por la ciudad de Huacho en donde visitamos el Museo de Arqueología de la Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión (entrada gratuita). Lo interesante de ese pequeño museo es que exhibe una momia denominada El Señor Tatuado de Huacho ya que en su cuerpo se aprecian más de 100 tatuajes.

Ya en la ruta a pocos kilómetros de llegar a la capital, nos paró la policía y antes de que le presentáramos la documentación nos pidió la Verificación Técnica del vehículo. Le explicamos que por tener placa extranjera, la ley dice que quedamos exentos de la verificación que se exige a los vehículos peruanos, por lo que nos empezó a solicitar la argentina (que tenemos vencida hace años ya que no volvimos al país con la camioneta aún y no es requerida fuera del mismo). Después de un buen rato de discusión y de mostrarle lo que decía la ley, se acercó un compañero, nos dio la razón y nos dejó ir. Durante un rato pasamos un mal momento pero afortunadamente lo supimos llevar y salir airosos ya que con seguridad podíamos defender nuestra postura al estar bien informados sobre las normas del país.

Lima

Con Julio quien nos ayudó a bajar el motor en plena calle

Finalmente llegamos a Lima, ciudad que ya conocíamos y que nos encanta. Esta vez nos recibió en su casa Carlos, quien enseguida nos invitó a almorzar. A diferencia de nuestra visita anterior en donde pudimos recorrer, caminar y visitar, esta vez en Lima nos tocó hacer mecánica. Dora seguía dándonos problemas y necesitaba una nueva revisión. Por segunda vez tuvimos que bajar el motor para cambiar los soportes de la caja y del motor que habíamos cambiado hacía sólo un par de días atrás pero los que instalamos no eran los adecuados. Todo el trabajo que habíamos hecho en Cajamarca lo debimos repetir, pero esta vez en la calle. Por suerte contamos con la gran ayuda y buena onda de Julio, un fanático de los Volkswagen que nos dio una mano enorme. Además, Julio nos llevó a su mecánico quien nos ayudó a cambiar la caja de dirección que ya pedía una entrada a boxes.

Para distendernos un poco de tanto trabajo, un día salimos a caminar por el centro, el barrio chino y a la noche visitamos el Circuito Mágico de las Aguas del Parque de la Reserva (4 soles por persona). El lugar es más lindo de noche ya que todas sus fuentes de agua se iluminan. Dimos una vuelta y aprovechamos el fresquito del atardecer y del agua para relajarnos un poco.

La gente se divierte en el Circuito Mágico del Agua

El domingo nos encontramos con Sofía, otra fanática de Volkswagen y amiga a quien habíamos conocido de casualidad en la ruta 3 años atrás cuando pinchamos una rueda en medio del desierto del norte del país. Ella junto a su familia nos había ayudado a arreglar el pinchazo. Reencontrarnos con ella después de tanto tiempo fue muy lindo. Nosotros en la Kombi y ella en su Escarabajo, fuimos hasta el barrio de Barranco, el más pintoresco, artístico, cultural y bohemio de Lima donde nos quedamos un par de horas charlando frente al malecón. Tras despedirnos de ella, salimos a caminar por el barrio, visitamos una feria de productores orgánicos, nos tiramos a dormir la siesta en una plaza y mientras volvíamos a la Kombi nos frenó en medio de la calle un chico que nos saludó con nuestros nombres. Nos quedamos helados tratando de recordar de dónde lo conocíamos pero no se nos ocurría nada hasta que nos dijo que él nos venía siguiendo por internet. Matías, que es argentino, nos dijo de tomar unos mates así que lo invitamos a nuestra casa-Kombi que estaba justo estacionada en un lugar ideal para disfrutar de un atardecer sobre el mar. Al rato se acercó Paqui, una española residente de la ciudad que nos regaló un cuarto de helado de Lúcuma (una fruta típica de Perú) de la heladería donde trabaja. Los cuatro disfrutamos del helado y de una muy entretenida charla.

Con Sofi y su Vocho en Miraflores

El lunes fue un día atípico, al menos para mi. Mientras Nico luchaba con repuestos en el mecánico, yo me encontré con Carlos (nuestro anfitrión) en un estudio de abogados que trabajaban con él. ¿Qué fui a hacer ahí? Jugué a ser traductora de inglés entre los abogados y un grupo de empresarios chinos que querían cerrar un contrato comercial para comprar harina de pescado en el país. Por esas cosas inesperadas que te regala el viaje terminé hablando de toneladas de Anchoveta y de otras tantas cosas que en mi vida había escuchado.

Paracas

Luego de una semana en Lima seguimos rumbo al sur y llegamos a Paracas. La última vez que habíamos visitado este pueblo costero nada nos había llamado la atención y decidimos seguir de largo, pero esta vez le dimos otra oportunidad. Entramos a la Reserva de Paracas (11 soles por persona) con la promesa de que íbamos a ver muchos animales, playas hermosas y atardeceres únicos, pero nos encontramos con un camino de ripio destruido, playas que distaban de lo que imaginábamos, mucho viento y nada de animales. Lo que menos nos gustó fueron las huellas de vehículos por todos lados que salían de la ruta marcada sin respetar las indicaciones. Menos mal que es una reserva. Con razón los animales no aparecían.

Salimos de la reserva y sin ganas de meternos en el centro del pueblo, nos fuimos hacia el final de la calle que bordea la costa, en la punta donde no había nada más que una casa particular y una escuela de Kite Surf. Allí nos estacionamos frente a la playa y tiramos el ancla por una semana. Las mañanas eran nuestras y de las cientos de aves que llegaban a la orilla cada día, flamencos incluidos. Durante la tarde llegaban los aficionados al kite que aprovechaban el fuerte viento que caracteriza el lugar y la noche volvía a ser pura paz. Esos días los aprovechamos para escribir y editar nuestro libro. Nada de sol, nada de arena ni mar, todo escritura. Fue mucho trabajo pero pudimos adelantar un montón y estamos cada vez más cerca de terminarlo, lo que nos genera mucha emoción y satisfacción.

Tranquilidad en las mañana de Paracas

Huacachina

El domingo decidimos irnos para el Oasis de Huacachina. Ya habíamos estado tres veces en este pueblito turístico cerca de la ciudad de Ica, en otro viaje habíamos podido hacer el tour de buggies en los médanos que incluyen sandboard y nos habíamos hospedado en un hostal con pisicna, pero nunca habíamos subido caminando al médano para ver y fotografiar la oasis desde arriba. Como era fin de semana y había tanta gente, después de subir y de dar una vuelta, decidimos irnos a buscar un lugar más tranquilo y menos multitudinario. Llegamos a Nazca donde paramos a dormir en una gasolinera y al otro día, bien tempranito, arrancamos para seguir haciendo kilómetros.

El Oasis de Huacachina desde abajo
El Oasis de Huacachina desde arriba

Camaná

En general no solemos manejar muchas horas por día, pero como el sol y el ruido nos habían hecho madrugar, ese día recorrimos 380 kilómetros desde Nazca hasta Camaná. Esta playa poco conocida para los extranjeros pero muy popular entre los locales estaba vacía por ser temporada baja. Estacionamos frente a la policía que estaba sobre la costa y pasamos una linda noche allí. Al otro día aprovechamos el sol durante la mañana y al mediodía partimos hacia Arequipa. En el camino, un mal cálculo y el medidor de combustible que no marca bien, hizo que nos quedáramos sin gasolina y tuviéramos que hacer dedo hasta una estación de servicio. Una vez solucionado el inconveniente llegamos a la Ciudad Blanca.

Arequipa

Como también ya habíamos estado en esta ciudad unos años atrás, dimos una vuelta rápida, tomamos un almuerzo tardío (y un poco frío porque eran las 4 de la tarde) en el Mercado San Camilo y seguimos viaje para conseguir un lugar donde dormir en las afueras.

Al otro día hicimos varios kilómetros, estábamos tan cerca de Bolivia que no veíamos la hora de cruzar. El camino nos regaló unos paisajes bellísimos en donde vimos familias de vicuñas corriendo y cruzando la ruta. Ellas estaban por todos lados, lamentablemente, la basura también.

Los días posteriores fueron similares: mucha ruta, muchos kilómetros, pocas paradas, noches en gasolineras y llegamos a la frontera con Bolivia donde el cruce y los trámites fueron los más rápidos de estos casi 4 años de viaje.

***

Perú fue el país que durante unas vacaciones en 2013 nos dio la idea de viajar por tiempo indeterminado, país que nos enamoró y que volveríamos a visitar mil veces. Pero esta vez Perú nos agotó. El tráfico, la falta de respeto de los demás conductores, la policía, la basura, los caminos en mal estado y todos los arreglos que tuvimos que hacerle a la Kombi, nos quemaron la cabeza. Por suerte cruzamos mucha gente que nos abrió las puertas de su casa, nos invitó a comer, nos regaló una linda charla, nos dio una gran mano con la mecánica y agradecemos que pudimos llevamos nuevos amigos, recuerdos y paisajes únicos; sin dudas vamos a volver, pero la próxima vez, sin la Kombi.

Anuncios

4 respuestas a “Perú: arqueología, lagos, playa, oasis, ciudad y mecánica!

  1. Muchas gracias por los relatos y fotos, entre otras cosas no sabía que existía un oasis en Perú.- Estaría muy bueno que algún día escribieran una especie de guia para viajar por los países que han visitado, que rutas tomar, ciudades donde quedarse, lugares importantes a visitar.- Tal vez una guia por país y venderlas por internet así algunos de sus seguidores nos animamos aunque sea a visitar algunos de los países.-

    Me gusta

    1. Hola Luis! Nosotros preferimos contar nuestra experiencia en las notas y si alguien se tienta a viajar con eso buenisimo , no hacemos guías porque creemos que cada uno debe hacer su propio viaje y elegir su ruta en el camino, escuchandose y sintiendo lo que le dice cada lugar y momento. Saludos!!

      Me gusta

  2. Hola amigos: Hace un tiempo que estoy siguiendo su viaje. Les cuento que junto a ustedes y su sencillo, apasionante e inspirador relato voy conociendo esta hermosa América nuestra!! Muchas gracias por hacerme sentir esto!!! Por favor sigan viajando!! Abrazo!!! Carlos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s