Una vuelta por el Litoral argentino

Corrientes

Como les contamos siempre, un viaje sin fechas establecidas está marcado por las oportunidades e imprevistos que nos presenta el camino. Nada está decidido porque todo puede cambiar de un segundo a otro y nosotros estamos abiertos a que eso suceda.

Llegamos a Apóstoles, nuestro último destino dentro de Misiones, con la idea de tomar la Ruta 14 y atravesar rápidamente la provincia de Corrientes bordeando el río Uruguay. Pero nos dimos cuenta que si tomábamos ese camino, en pocos días ya estaríamos en Buenos Aires y nos quedaríamos sin conocer muchos lugares de la provincia incluyendo la capital. Nos miramos y sin mediar palabras entendimos lo que pensaba el otro: tomemos un desvío.

Así fue como decidimos volver a la Ruta 12 para conocer Ituzaingó. Esta pequeña ciudad balnearia está a 90 kilómetros de Posadas y es el lugar elegido por los posadeños para veranear. Nosotros llegamos en pleno invierno pero la disfrutamos de todas formas al estacionarnos frente a la costanera donde aprovechamos la tranquilidad de la temporada baja para concentrarnos y avanzar con la escritura del libro del viaje.


Para leer la nota sobre nuestro recorrido en Misiones hace click acá!


Un día nos tomamos un recreo para conocer la famosa Represa de Yacyretá. El centro de visitantes de la represa ofrece visitas guiadas gratuitas todos los días y desde allí nos llevaron en una camioneta hasta la monumental obra de ingeniería en donde nos mostraron las instalaciones y nos dieron un paseo más técnico que turístico. ¡Imagínense la felicidad de Nico! Al otro día decidimos aprovechar otra de las excursiones gratuitas que ofrece la entidad y fuimos a la Reserva Santa María que se encuentra en parte de los terrenos que se expropiaron durante la construcción de la represa. Nuestro guía nos contó que en la reserva hay más de 250 especies de aves y, entre mates amargos y charlas, pudimos descubrir algunas de ellas.

Después de cinco días rendidores a pura escritura, seguimos viaje –ducha de por medio en una YPF– y llegamos a Ita-Ibaté, un pueblo que parecía desierto ya que caímos un domingo por la tarde. Frenamos a preparar algo para almorzar y seguimos camino hasta Itatí. Allí conocimos la muy concurrida Basílica de Nuestra Señora de Itatí, pasamos la tarde en el parque principal y para el atardecer nos mudamos a la costanera donde estacionamos para dormir.

Al día siguiente fuimos a Corrientes capital donde, para no perder la costumbre, buscamos nuestro lugarcito para pasar la noche en la costanera. Allí nos cruzamos con otros viajeros, conocimos lugareños que se acercaron a saludar y comprar postales y fuimos invitados a un programa de radio local. Además salimos a caminar por el centro de la ciudad que aún conserva varios edificios históricos, visitamos museos y tomamos fotos de los murales que caracterizan a la capital provincial.

Chaco

De la ciudad de los murales nos mudamos a la ciudad de las esculturas: Resistencia. Para llegar debimos cruzar un largo puente sobre el río Paraná y en pocos minutos estábamos en Chaco. La cultura y el arte son el fuerte de la provincia y en Resistencia eso se ve en cada esquina. Lo primero que hicimos fue visitar el predio donde cada dos años se realiza la Bienal Internacional de Esculturas. Más de 500 obras de arte elaboradas en distintos certamenes decoran no sólo este predio sino toda la ciudad, caminando por sus calles pudimos encontrar esculturas de todo tipo de ediciones previas de la bienal.

Al bajarnos de la Kombi en el predio no llegamos a hacer dos pasos cuando se nos acercó un policía con el celular en mano. Durante unos segundos pensamos que habíamos “metido la pata” hasta que Gabriel se presentó y nos dijo que nos venía siguiendo por Instagram y que no podía creer que justo estuviéramos allí ese día. Con un entusiasmo único, nos contó sobre su ciudad y nos presentó a su mujer Silvina y a su hijita Ari quienes nos invitaron a cenar esa noche un rico guiso calentito para combatir el frío. Nuestra idea era sólo pasar la tarde en Resistencia, pero tentados por la invitación y la amabilidad, decidimos quedarnos y hoy tenemos dos nuevos amigos chaqueños.

Pasamos la tarde recorriendo la ciudad, descubriendo esculturas y charlando con otros locales que nos contaron historias de su provincia, se acercaron a comprar postales y nos hicieron reír mucho. En sólo unas horas Resistencia nos mostró lo mejor que tiene: su gente tan simpática y curiosa.

Corrientes

Al otro día volvimos a cruzar a Corrientes capital y seguimos rumbo a Empedrado donde pasamos la tarde en el Camping Municipal y la noche en una estación de servicio de la ruta. A la mañana siguiente frenamos en una YPF a ver el primer tiempo del primer partido de Argentina en el mundial y, un poco aburridos, en el entretiempo decidimos seguir viaje para ver algo que creíamos nos interesaría un poco más que el fútbol: el Santuario del Gauchito Gil. Cuando llegamos nos costó encontrar el famoso árbol donde este “santo pagano” fue asesinado ya que el lugar estaba rodeado por una enorme feria que ofrecía todo tipo de cosas, desde rosarios, cintas rojas y velas para dejarle como ofrenda hasta mates, muñecos y artesanías. Nos defraudó un poco ver todo el marketing que se hizo alrededor de este lugar y nos parecieron mucho más auténticos los cientos de santuarios que vimos en la ruta y en las casas de la gente a lo largo de toda la provincia.

Después del Santuario visitamos Mercedes donde pasamos la noche en el Camping Municipal que es gratuito, está frente a un arroyo y es muy tranquilo. Lamentablemente la calma se vio interrumpida por un grupo de hombres que persiguió a un enorme carpincho que terminaron matando a palazos. Una imagen que hubiéramos preferido no tener.

Al día siguiente seguimos camino hasta Curuzú Cuatiá donde paramos a almorzar en su Camping Municipal (algo que repetimos mucho en Corrientes) y cruzamos de provincia para empezar a recorrer Entre Ríos.

Almuerzo en el camping de Curuzú Cuatiá

Entre Ríos

La primera parada en esta provincia fue en Federación. Como llegamos en temporada baja no había demasiada gente, pero esta pintoresca ciudad se llena de turistas que buscan relajarse en sus famosas aguas termales. En el Museo de los Asentamientos conocimos más sobre su interesante historia. El primer asentamiento llamado Mandisoví fue fundado en 1777 por el padre de José de San Martín a 12 kilómetros de la ciudad actual. Unos años después fue reubicado a orillas del río Uruguay y cambió su nombre por el de Federación. En 1946 Argentina y Uruguay firmaron un tratado para construir la represa de Salto Grande y los mayores perjudicados por el embalse fueron los pobladores de Federación ya que su ciudad iba a quedar bajo el agua. Por eso debieron construir una nueva ciudad y fueron sus habitantes quienes eligieron el lugar. La Nueva Federación fue construida en tan sólo 16 meses y unos años después descubrieron las aguas termales, es por eso que afirman que “lo que el agua nos quitó, el agua nos devolvió”. El Museo de los Asentamientos estaba dentro de un edificio que antiguamente había sido una iglesia de la vieja Federación. Esta fue trasladada de forma artesanal y reconstruida pieza por pieza con los materiales originales para que los habitantes tuvieran al menos un edificio con el que sentirse identificados.

Después de recorrer la ciudad frenamos a preparar una rica sopa crema de zapallo con pan casero para el almuerzo. A pesar de la paz de la ciudad y del hermoso paisaje, no lográbamos disfrutar del todo porque había algo que daba vueltas por nuestras cabezas: queríamos terminar el libro. Sólo nos faltaban un par de páginas pero nos resultaba difícil concentrarnos. Allí empezamos a sentir la necesidad de estar en un lugar quietos, con acceso a internet e impresora para terminar de resolver lo que teníamos pendiente sin interrupciones. Nuevamente nos miramos y concluimos en que era hora de apurar el paso para llegar a Buenos Aires.

Esa misma tarde pusimos primera y llegamos a Concordia. Pasamos una linda noche acampando frente al río Uruguay rodeados de familias de carpinchos y al día siguiente hicimos la visita guiada a la Represa de Salto Grande. Cuando volvimos al centro de visitantes nos esperaba Matías, quien nos había escrito por Instagram para conocernos. Después de un rato de charla, nos adentramos en la ciudad y visitamos el Castillo de San Carlos dentro del Parque San Carlos. Este caserón que en su época fue una majestuosa mansión hoy se encuentra en ruinas ya que sus dueños originales lo abandonaron, luego se alquiló por un tiempo y finalmente fue saqueado y prendido fuego. Afortunadamente, la ciudad se encargó de restaurarlo y organizar visitas guiadas para que los turistas podamos conocer más de su historia. Por esas cosas de la vida, el guía que nos tocó era amigo de Matías y nos transmitió su gran entusiasmo y vastos conocimientos sobre el castillo y sus exhabitantes. El caserón se hizo conocido porque fue visitado por unas semanas por el aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry quien llegó allí tras un aterrizaje forzoso mientras trabajaba para el servicio postal. El autor de El Principito se inspiró en este lugar para escribir parte de su reconocido libro. Para no hacer tan larga la nota, les dejamos que busquen la historia completa de este lugar que nos fascinó.

En nuestro afán por llegar a Buenos Aires con una nueva meta, dimos una rápida vuelta por las ciudades de Colón y Gualeguaychú y nos despedimos del Litoral.

Legendario Castillo de San Carlos, Concordia
Cruzamos muchas familias de Carpinchos por Corrientes y Entre Ríos

Buenos Aires

No fueron necesarios demasiados carteles para darnos cuenta que habíamos entrado en la provincia de Buenos Aires: la velocidad de los autos dejaron en evidencia que nos acercábamos a la Capital. La última noche antes de llegar a las casas de nuestras respectivas familias dormimos en una estación de servicio de Zárate. Como nos encantan las sorpresas, decidimos no avisar a nadie que estábamos tan cerca y llegamos a cada casa tocando escandalosamente la bocina de Dora. A la mamá de Nico la sorprendimos adentro del supermercado en la góndola de los lácteos y a la mía en la cocina de mi casa.

Desde el día que cruzamos de Brasil a Iguazú todos esperaban nuestro inminente regreso, pero no se imaginaron que el Litoral nos atraparía un par de meses. Finalmente se dio el esperado reencuentro con nuestras familias y aunque teníamos muchas ganas de juntarnos con amigos y parientes, nuestra prioridad era el libro. Durante tres semanas estuvimos pegados a la silla terminando de cerrar los capítulos y sin dejar de pensar en letras, palabras y dudas que se aparecían en cualquier momento del día.

Hoy el libro está en etapa de corrección, nosotros más tranquilos, disfrutando de las reuniones y comidas y esperando ansiosos la devolución de la correctora para poder terminar de diagramarlo y mandarlo a imprimir. En otra nota les contaremos todo lo que estuvimos aprendiendo estas últimas semanas que nos sirvió para autopublicar el libro sin editoriales de por medio. ¡Un trabajo duro pero muy gratificante!

Anuncios

One response to “Una vuelta por el Litoral argentino

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s