Ruta 40: desde El Calafate a Los Antiguos

Después de recorrer la Ruta 3 desde Buenos Aires hasta Ushuaia, llegó el turno de la mítica 40. Ya nos habíamos conocido en 2014 cuando arrancamos el viaje y la pisamos en el Norte de nuestro país, pero esta vez fue el turno de conocerla desde abajo.

Previously…

En la última nota (que la pueden leer acá) les contamos sobre nuestro paso por Santa Cruz y Tierra del Fuego. Pero desde allí no tomamos la 40 directamente, sino que nos desviamos hacia el sur de Chile. Desde Río Gallegos atravesamos el país hasta llegar a Río Turbio, un pequeño pueblo minero que hace frontera con Chile. Mientras estábamos abasteciéndonos en el supermercado (ya que sabíamos que el país vecino es más caro), se nos acercó a hablar Alejandro y nos invitó a su casa en el pueblo vecino, 28 de Noviembre.

Hacia allí fuimos y cenamos junto a él y su compañera Paula, quienes nos contaron cómo fue venirse desde Buenos Aires y desde Entre Ríos hasta ese pueblo perdido de la cuenca carbonífera. Cenamos unos ricos capelettis y charlamos varias horas en las que también aprendimos sobre la vida en el campo ya que Alejandro trabajó muchos años en diferentes estancias de la zona.

Al otro día cruzamos a Puerto Natales (Chile) y nos encontramos con Lucero y Javier, otros viajeros kombinautas que además son Guardaparques y estaban haciendo la temporada en Torres del Paine. Los chicos y la familia de Javi que estaba allí de visita, nos recibieron en la casa, nos llenaron la panza de rica comida casera y la cabeza de muchos consejos para visitar el parque. Pasamos unos días con ellos, y después de recorrer el parque, volvimos a cruzar a Argentina para, esta vez sí, comenzar a recorrer la Ruta 40.


No te pierdas la Guía para visitar Torres del Paine en Motorhome


El Calafate

La recibida a El Calafate fue fuera de lo común. Gendarmería nos frenó en la entrada y nos tuvo un largo tiempo revisando cada rincón de la Kombi: tablero, cajones, ropa, billetera y hasta los condimentos. Entre revisión, preguntas (más de curiosos que de rutina) y mucha charla, nos contaron que estaban en un operativo antidrogas ya que en unas semanas se esperaba mucha gente por la Fiesta del Lago que se hace todos los años con artistas internacionales. Con esta información, decidimos visitar la ciudad y escapar antes de que llegara la multitud.

Como el pronostico venía anunciando inminentes lluvias, decidimos esperar a que pasara el temporal para visitar el Glaciar Perito Moreno con el mejor día posible. Mientras esperábamos, pasamos varias noches durmiendo en la costanera frente a la Laguna Nimez junto a Pam y Juan de Respira el Momento y Eli y Pablo de Historias de Hojalata a quienes conocimos en Ushuaia y con quienes venimos viajando juntos. Durante el día nos estacionábamos en el centro a vender nuestras postales, artesanías y el libro y nos fue muy bien. Conocimos gente que iba de visita desde todos los rincones del mundo y compartimos lindas charlas.

La tan anunciada lluvia se fue posponiendo y, cansados de esperar, decidimos ir hacia el parque de todos modos. Justo cuando arrancamos el camino hacia allí, se largó la tormenta. Manejamos unos kilómetros y paramos a dormir al lado de la entrada al parque para ingresar temprano la mañana siguiente. Por suerte el clima mejoró y, aunque no hubo mucho sol, el glaciar nos maravilló. Como llegamos temprano no había nadie y recorrimos las pasarelas sin tumultos. Pasamos todo el día frente al glaciar charlando, tomando mate, viendo los desprendimientos y apostando por qué pedazo iba a ser el próximo en caer. Nico ya había ido de chico pero para mi era la primera vez y lo que más me sorprendió fue que el glaciar estuviera tan cerca! Es un espectáculo único y nos fuimos felices de haberlo podido ver y compartir con amigos.

A las 17 decidimos volver a la ciudad y fuimos a lo de Mirta, a quien habíamos conocido unos días atrás y muy amablemente nos prestó su ducha y lavarropas.

Al día siguiente hicimos todo lo que nos había quedado pendiente antes de seguir camino: fuimos al supermercado, visitamos el museo de la Administración de Parques Nacionales, pasamos por una chacra a comprar frambuesas orgánicas, fuimos a saludar a Mirta y a Mercedes, una viajera ya instalada allí con la que compartimos unos mates y una linda charla.

Después de una semana de mucho trabajo y con la recompensa de haber visitado el Perito Moreno, salimos en caravana todos para El Chaltén.

El Chaltén

Es un pueblo de montaña muy pequeño que hasta hace poco se mantenía un tanto secreto. Hoy cuenta con variedad de alojamientos, campings, restaurantes y cervecerías artesanales ya que miles de turistas lo visitan todos los años. A pesar de ser un pueblo chico, en El Chaltén hay mucho por hacer. Fue nombrada como la Capital Nacional del Trekking por la gran cantidad de senderos y caminatas que ofrece.

El protagonista indiscutible es el Cerro Chaltén o Fitz Roy que se presenta imponente desde la ruta desde antes de llegar. La caminata hacia su base donde está la Laguna de los Tres es la más popular y elegimos el día más caluroso para hacerla. Los primeros días de Febrero fueron atípicos en la Patagonia: las temperaturas superaron los 35º y los lagos, ríos y lagunas se llenaron. Nosotros aprovechamos para sacar las mejores fotos de las montañas despejadas y hacer las caminatas sin nubes que interrumpieran.

Laguna de los Tres frente al Cerro Fitz Roy

Pero no todo fue ejercicio, también nos tomamos nuestros días para disfrutar entre amigos. Allí volvimos a reencontrarnos con Beto y Juli de Vuelta x America y con Fer y Car de Caravana América. Con ellos festejamos el cumpleaños de Nico donde cada uno lo homenajeó preparando algo rico. Después del almuerzo no faltaron los brownies de Beto y unos churros con dulce de leche que hizo Nico. Entre caminatas y comidas, decidimos bautizar a este lindo grupo viajero como “Respira Historias de Caravana en Kombi por América”.

Una semana después de disfrutar de este paraíso, donde también aprovechamos para vender nuestros libros y tomarnos una cerveza artesanal, volvimos a agarrar la 40 con rumbo Norte.

Gobernador Gregores

El primer pueblo que apareció en la Ruta 40 fue Tres Lagos. Allí el pavimento se acabó y tuvimos que hacer 70 kilómetros de un ripio bastante difícil. En el camino, el cuentakilómetros de la Kombi llegó a los 99.999 km y se reinició a 0. ¿Tenemos un 0km? No, llegamos a los 100 mil kilómetros recorridos! Dora nos demostró que no está lista para parar y se bancó el camino como si fuera una 4×4.

Al llegar a Gregores frenamos a almorzar y fuimos al supermercado a abastecernos ya que en El Chaltén sólo hay almacenes pequeños y todo era mucho más caro.

Esa noche recibimos una muy linda visita cuando frenamos a descansar. Elías es oriundo de Gregores y nos había comprado el libro a través de la página unos meses antes. Cuando vio que estábamos en su ciudad, se acercó a saludarnos, con libro en mano para que lo firmáramos. Su emoción y el brillo en sus ojos al ver la Kombi y escuchar del viaje nos conmovieron.


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Cuevas de las Manos

Un imperdible de la 40 son las Cuevas de las Manos Pintadas. Pero para llegar a este sitio arqueológico hay que desviarse 45 kilómetros por un camino que pareciera llevar al medio de la nada y que, para variar, también es de ripio. Charlando con la caravana viajera decidimos entre todos que valía la pena hacer unos kilómetros de tierra para conocer este lugar. Unos kilómetros antes de llegar, como ya era tarde, decidimos frenar a dormir en el camino y disfrutar de una noche súper estrellada sin el resplandor las ciudades.

La noche estrellada y oscura nos permitió sacar estas fotos con Juan de Respira el Momento

Al otro día llegamos justo para la visita guiada de las 11. El recorrido por el lugar duró aproximadamente una hora y pudimos aprender la historia de las pinturas y sus significados. A medida que recorrimos la pasarela que bordea los paredones pintados fuimos viendo la gran cantidad de manos grabadas de todos los tamaños, colores y formas (hasta algunas con 6 dedos y otras con 3). Las manos que se ve son negativos, es decir que los antiguos habitantes del lugar apoyaban sus manos contra la pared y, a través de un hueso, soplaban diferentes tinturas naturales, dejando grabado el contorno. También fuimos descubriendo dibujos de diferentes animales como choiques, guanacos y lagartijas y pudimos conocer algo de su historia y creencias al ver los dibujos de gualichos, mujeres embarazadas, fases de la luna y rituales.

Lo que más nos llamó la atención es el increíble estado de conservación que tienen las pinturas y esto se debe gracias a su ubicación dentro del Cañón del Río Pinturas, donde no las afecta el agua ni el sol.

Perito Moreno

Desde las cuevas nos fuimos a la pequeña ciudad de Perito Moreno. Lo que más necesitábamos después de tanta tierra era una ducha, así que nos fuimos directo a una YPF donde nos bañamos, almorzamos y terminamos pasando la noche. Al otro día nos dedicamos cada uno a hacer cosas en nuestras camionetas (cambios de aceite, regular frenos, cargar aire y agua, etc.) y el domingo festejamos con pizzas y tortillas los aniversarios de viaje de cada uno y nuestros 100 mil kilómetros de ruta.

Los Antiguos

Este pueblo nos había generado muchas expectativas. Nos lo habían recomendado y teníamos ganas de conocerlo y, claro, de comer las ricas frutas que producen en las chacras. El camino desde Perito Moreno hasta Los Antiguos es precioso y va bordeando el gran Lago Buenos Aires. Cuando llegamos al pueblo lo primero que buscamos fueron sus famosas cerezas. Pero a cada chacra que íbamos nos decían que la temporada ya había pasado y que ya casi no había frutas. Terminamos comprando unas que no eran tan deliciosas como pensábamos, pero sí baratas. Entre recorridas de chacras llegamos a Abya Yala donde nos recibió su dueña, Guadalupe. Con Nico ya habíamos escuchado sobre su casa de barro y le escribimos para ir a conocerla. Con mucha simpatía y amabilidad, nos hizo un recorrido por su terreno, nos mostró las distintas construcciones y técnicas y nos contó sobre los talleres que da.

En Los Antiguos pasamos dos noches en la playa frente al Lago Buenos Aires. Un lugar de mucha paz  y tranquilidad, menos cuando estuvimos nosotros. La segunda noche que pasamos allá tuvimos que soportar la visita de un auto con el reggaetón a todo volumen que no tenía mucho mas que hacer que estacionarse al lado nuestro durante la noche.

Al día siguiente nos fuimos todos juntos hacia la frontera. La salida de Argentina fue rápida, como siempre, la entrada a Chile un poco más engorrosa. Revisaron las camionetas en detalle, nos hicieron pasar por el escáner bolsos y mochilas y nos sacaron algunos condimentos y legumbres. Unas horas después, entramos en Chile Chico para comenzar a recorrer la maravillosa Carretera Austral. En la próxima nota, se los contamos con detalle.

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2 respuestas a “Ruta 40: desde El Calafate a Los Antiguos

  1. Exelente notas. Cómo siempre.leo las notas y me desespero por salir ya . Son excelentes personas y nos sentimos muy contentos de abrerlos conocidos .les mandamos un abrazo grande Liliana y Walter..

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