Un mes en la Carretera Austral

¿Dónde queda?

La Carretera Austral es una ruta escénica que se ubica en las regiones de Aysén y Los Lagos, en el sur de Chile. Se extiende a lo largo de 1.247 kilómetros que van desde Puerto Montt (al Norte) y Villa O’Higgins (al Sur) y es bimodal: es decir parte terrestre y parte marina. Se puede recorrer de punta a punta por caminos que combinan el ripio y el asfalto y tomando varias barcazas (algunas gratuitas, otras pagas) para cruzar fiordos. En este link podés ver el mapa.

¿Cuándo ir?
Lo ideal es visitarla en los meses de verano ya que en marzo-abril empieza la temporada de lluvias y no se disfruta igual. Nosotros estuvimos un mes (desde mediados de febrero a mediados de marzo) y sólo llovió 4 días y algunas noches. Hubo algunos de mucho calor que nos permitieron incluso bañarnos en ríos y lagos.

¿Qué llevar?

Ya que Chile es un poco más caro que Argentina, es conveniente cruzar con el tanque de combustible lleno y sumar algún bidón extra (sobre todo al Sur porque no hay muchos lugares donde cargar). También es buena idea llevar comida (atención que en la frontera hay varias cosas que no se puede cruzar como verduras, frutas, lácteos, carnes, legumbres, granos y semillas. En este link está la lista completa) y cruzar con la garrafa de gas para cocinar llena ya que en Chile no se puede recargar.

Además es obligatorio contratar el SOAPEX, un seguro obligatorio para vehículos extranjeros contra terceros que es adicional al seguro propio del vehículo, aunque este incluya a Chile en su cobertura (nosotros lo sacamos por 6 meses a través de Internet en esta página).

¿Dónde quedarse?

Uno puede hospedarse en los pueblos a lo largo de la ruta, pero para los que buscan más contacto con la naturaleza, pueden elegir entre los cientos de lugares al costado del camino que son ideales para pasar la noche dentro del vehículo o para acampar con las mejores vistas sin gastar dinero.

Nuestro recorrido

Después de una revisión estricta en la frontera entre Los Antiguos y Chile Chico (Paso Río Jeinimeni) entramos al país vecino el 14 de Febrero y Cupido nos flechó en seguida.

Pasamos el día en Chile Chico y almorzamos frente al Lago Buenos Aires, que del lado de Chile cambia su nombre por General Carrera­. Este pueblo está del lado argentino de la cordillera y hasta 1990 no se podía acceder desde Chile; al estar separado del resto del país siempre estuvo más vinculado a Argentina. A la tarde, antes de que cayera el sol, volvimos a tomar la ruta.

Paso de las llaves

Este es el nombre que lleva el camino que va desde Chile Chico hacia el poblado de Guadal. Son 106 km de ripio (en general en muy buen estado) lleno de subidas, bajadas, curvas y precipicio que nos dejaron del otro lado de la cordillera. Lo mejor: las vistas panorámicas. Vale la pena tomarse el tiempo para recorrerlo tranquilos, ir frenando y sacar fotos.

Antes de llegar a Guadal, hicimos noche en el camino al lado de un río. Cocinamos unas papas y cebollas a las brasas de una fogata que hicimos para disfrutar de la noche de luna llena y al otro día aprovechamos a meternos al agua, lavar ropa y también vadeamos el río entrando unos cuantos metros dentro de la Quebrada del Diablo.

Guadal

Llegamos al pueblo para la supuestas fiestas regionales, pero no había demasiado movimiento ni indicios de festejos. Hicimos noche al lado del muelle, mañana de yoga y de caminata por el pueblo. Visitamos una galería de arte donde sus dueños nos contaron más sobre la historia del lugar. Unos kilómetros después de Guadal, dejamos la Ruta 265 y tomamos la famosa Carretera Austral. En seguida los colores de los lagos nos enamoraron y nos tomamos el tiempo para disfrutar de cada kilómetros frenando a sacar fotos y disfrutar del paisaje.

Confluencia de los ríos Baker y Neff

El río Baker es el más caudaloso de Chile, sin embargo, lo que más llama la atención es su intenso color turquesa. La confluencia es un lugar obligado de visita ya que allí se puede ver cómo se mezcla con el río Neff, cuyas aguas de glaciar más blanquecinas lo transforman en un verde lechoso. Al Baker lo acompañamos en todo su recorrido desde que nace en Puerto Bertrand hasta su desembocadura en el mar en Caleta Tortel.

Cochrane

Es una ciudad pequeña pero de las más grande en la zona Sur de la Carretera. Nuestra idea era dormir en el camino antes de llegar, pero como éramos cuatro camionetas, se nos complicó encontrar un lugar cómodo para todos. Llegamos a la ciudad ya entrada la noche y terminamos durmiendo en el mirador. Al otro día estacionamos en la plaza principal donde vendimos algunos de nuestros productos y aprovechamos a proveernos de comida ya que más abajo no hay muchos lugares donde hacerlo y los precios son más elevados.

La idea era volver a la ruta a la tardecita, pero los incendios que estaban afectando a este sector del país obligaron a los carabineros a cortar la ruta por precaución. Cada año esta zona se ve afectada por incendios forestales que se inician accidentalmente, muchas veces por culpa de turistas que no tienen cuidado. Este año se descontrolaron rápidamente y la falta de lluvias colaboró con su propagación. Desde Cochrane se podía ver la columna de humo saliendo desde el otro lado de la montaña y un horizonte rojizo a pesar de que todavía no era el atardecer. Afortunadamente la noche nos regaló una buena lluvia y al otro día volvieron a habilitar la ruta.

Hasta Cochrane el camino va sobre la montaña y el paisaje es más bien árido. Después se torna más boscoso, tupido y húmedo y acompaña al río. Esto se debe a la presencia del ciprés de las Guaitecas, el árbol representativo de la región por ser fuente de trabajo de los balseros que transportan esta madera por el Río Baker hasta su desembocadura en el Pacífico donde luego se transporta por el océano hasta Punta Arenas desde donde se comercializa a distintas regiones del país.

El ripio desde Cochrane hasta el desvío hacia Caleta Tortel estaba en un estado regular (mucho serrucho en algunos tramos) y el clima seco hacía que se formaran nubes de polvo. Lo que sí encontramos fueron muchísimos lugares hermosos para acampar al costado de los ríos.

Caleta Tortel

Nos desviamos 20 kilómetros de la Carretera Austral por un camino lleno de baches y llegamos a este pueblo tan particular bajo un aguacero que nos obligó a quedarnos dentro de la Kombi casi todo un día. Después del mediodía, la lluvia paró un rato y aprovechamos a caminar por este poblado que no tiene calles ni vehículos: Tortel es un pueblo construido sobre las rocas costeras en el que no existen las calles. Las casas y negocios se comunican por una red de pasarelas construidas con madera de ciprés. Caminamos sobre las pasarelas hasta que no hubo más camino, subimos, bajamos, dimos vueltas, llegamos a una payita, desembocamos en varias casas, encontramos plazas y nos perdimos. Tortel es un laberinto de pasarelas y sus casas están construidas sobre palafitos para evitar la humedad. Hasta hace poco este pueblo estaba aislado y sólo se podía llegar navegando el Baker. Recién en 2003 construyeron el desvío desde la Carretera para acceder con vehículos terrestres.

Pasamos una noche en la Kombi en el estacionamiento donde deben quedar los vehículos antes de ingresar a las pasarelas y al otro día el sol nos permitió apreciar el color verde agua del fiordo que baña al pueblo.

Una vez de vuelta en la Carretera Austral, seguimos rumbo al sur hasta Puerto Yungay. Nos sorprendió que a partir de allí la ruta, a pesar de ser de ripio, estaba en  muy buen estado. Esto es por que no mucha gente elige llegar tan al Sur y el camino no se maltrata tanto. El paisaje también cambia y aparece la frondosa y tupida selva Valdiviana. La lluvia que sufrimos el día anterior había espolvoreado las cumbres de las montañas con nieve y el contraste con el verde de la vegetación le daba un toque único. Este tramo de la ruta fue uno de nuestros preferidos.

Puerto Yungay

Como su nombre lo indica, este lugar es sólo un puerto. No hay pueblo, ni casas, ni nada más que un muelle y una barcaza gratuita que te permiten atravesar el Fiordo Mitchell y seguir camino hacia el fin de la Carretera. Hicimos noche allí y al otro día tomamos el primer ferry que dura 40 minutos para cruzar a Río Bravo.

Villa O’Higgins

La llegada al último pueblo de la Carretera Austral fue dificultosa. Unos kilómetros después de cruzar el fiordo, Beto y Juli de Vuelta x América, se quedaron sin embrague en su camioneta. Esperamos un rato a que se enfríara para ver si volvía a funcionar pero no hubo caso, así que Pam y Juan de Respira el Momento se quedaron acompañándolos mientras nosotros fuimos a buscar a Pablo y Eli de Historias de Hojalata que estaban más adelante. Como ellos tienen la misma camioneta y Pablo es mecánico, pensamos que iba a poder ayudar con el problema. Hicimos cincuenta kilómetros y los encontramos recién en O’Higgins. Le comentamos a Pablo el problema y dijo que no había nada que hacer mas que reemplazar todo el kit de embrague y para eso debían remolcar la camioneta hasta el pueblo. Fuimos a buscar a un mecánico que junto con Pablo fue a buscar a los chicos con un camión para remolcarlos. Cuando llegaron y desarmaron se encontraron con un diagnostico complicado: había que cambiar el embrague y pedir el repuesto, pero para eso había que mandar la pieza original; no se podía pedir con el código ni había forma que la enviara sin ver la muestra. Además, como estábamos en uno de los pueblos más aislados del país, todo demoraba el doble. Entre averiguaciones, idas y vueltas, poco internet y muchos problemas de comunicación, finalmente lograron mandar la pieza y conseguir el repuesto gracias a Andrea, la chica de información turística, y a su papá que es el piloto del avión que viaja una vez por semana a Coyhaique (la ciudad grande más cercana). Cuando llegó el repuesto, se dieron cuenta que no les servía: les habían mandado uno equivocado. Unos días más de espera y finalmente el problema quedó solucionado y pudieron volver a la ruta.

Por suerte, el lugar eran tan lindo y tranquilo que la semana de espera se paso rápido.

En esos días estacionamos frente a la biblioteca donde su estufa a leña nos refugiaba del frío, visitamos el cartel que indica el fin de la Carretera, caminamos hasta los miradores del pueblo, compartimos muchas comidas, charlas y mates con nuestros amigos y hasta nos dimos una ducha al aire libre con 8 grados centígrados.

Este pueblo de sólo 600 habitantes fue para nosotros un lugar muy especial porque allá conocimos a alguien que nos cambió el viaje. Un día un gatito que pasó caminando frente a la Kombi decidió subirse y hacerla su hogar. Nadie se hubiera imaginado (nosotros tampoco) que nos iba a conquistar. Desde el primer día fue pura dulzura. Le dimos de comer y durmió metido en la cama con nosotros. Nuestros amigos nos ayudaron a cuidarlo, nos dieron consejos y regalitos para él. Queríamos bautizarlo con un nombre que caracterizara lo que habíamos vivido y por eso lo llamamos Ripio. Todos quedamos fascinados con el nuevo integrante de la familia que se adaptó rápidamente a la vida sobre ruedas.

Nos despedimos de O’Higgins, volvimos por el mismo camino y llegamos hasta Cochrane para estacionarnos en la plaza principal. Ripio, que durmió todo el viaje en mis pies y sobre mis piernas, aprovechó a gastar energía corriendo, trepando árboles y jugando por todos lados. En Cochrane pasamos cuatro días junto con Pam y Juan vendiendo nuestras artesanías mientras esperábamos al resto del grupo que se sumaron una vez resueltos los problemas mecánicos.

Parque Patagonia

Saliendo de Cochrane, nuevamente los cuatro vehículos en caravana, nos desviamos 10 km de la Carretera Austral para conocer el Parque Nacional Patagonia, fundado por Douglas y Kristine Tomkins quienes donaron las tierras al Estado chileno para crear el parque y ayudar así a la recuperación y conservación del área. Visitamos el centro de visitantes que tiene mucha información del lugar, su historia, sus antiguos pobladores y su fauna. Se trata de un museo interactivo que invita a los visitantes a pensar en el impacto y la huella que cada uno deja en el mundo. Nos quedamos pensando en cómo afecta la sobrepoblación, el cambio climático y la contaminación que producimos a nuestra tierra. También recorrimos la huerta orgánica que cultiva todo lo que se consume dentro del parque y recibe una decena de voluntarios cada año. Todo es impecable, organizado, interesante y gratuito. Vale la pena el desvío.

Puerto Bertrand

Volvimos a hacer el camino que ya habíamos hecho hasta la Confluencia de los ríos Baker y Neff y entramos en Puerto Bertrand, ya que a la ida habíamos pasado de largo. Como estaba lloviendo no pudimos recorrer demasiado y nos refugiamos todos en Batata, la camioneta de Juli y Beto. A la tardecita seguimos unos kilómetros más para dormir frente al Lago Bertrand que, a pesar de la lluvia, mantenía su color verde brillante.

Puerto Tranquilo

El camino desde Bertrand a Tranquilo fue de puro serrucho. Pero el paisaje nos hizo olvidar un poco el mal estado de la ruta. La Carretera bordea el lago General Carrera (el más grande de Chile y el segundo más grande de Sudamérica después del Titicaca) por 70 km mostrándote sus diferentes tonalidades.

Cuando llegamos a Puerto Tranquilo estacionamos frente a la playa y al otro día, bajo un sol radiante, hicimos el tour a las Capillas de Mármol con la empresa Turismo Don Hugo. El recorrido por el Santuario de la Naturaleza se hace en lancha ­–dura aproximadamente una hora– y va bordeando distintas formaciones rocosas de piedra caliza que, por la erosión del agua del lago fueron dejando al descubierto el mármol. El capitán nos llevó adentro de las cavernas y alrededor de las rocas gigantes que emergen del agua mientras el guía, Nelson, nos divirtió mostrándonos formas curiosas en las rocas (aunque había que tener mucha imaginación y creatividad para verlas).

Al terminar el tour volvimos a la ruta, pero a los pocos kilómetros, Batata volvió a quedar varada. Beto se quedó esperando ahí, y como no teníamos señal de teléfono, nos fuimos hasta Coyhaique (que estaba a 150 km de ahí) a conseguir una grúa. En el camino se encuentra la Reserva Nacional Cerro Castillo, otro punto interesante de visita en la Carretera donde se pueden hacer varios senderos y, si se tiene suerte, ver huemules.

Coyhaique

Beto, Batata y la grúa llegaron a Coyhaique a las 2.30 de la mañana mientras nosotros los esperábamos en el taller mecánico para, al día siguiente, empezar a meter mano. Mientras los chicos le daban a la mecánica nosotros nos fuimos a vender a la plaza y visitamos a Kabir y Bea en su gimnasio Aventura Aysén. A ellos los habíamos conocido en El Chaltén y nos ofrecieron el baño y las duchas del gimnasio, además de un terreno para estacionar las Kombis y pasar la noche.

Coyhaique es la ciudad más grande que visitamos en todo nuestro recorrido por Chile, así que aprovechamos también para ir al supermercado y conseguir algunas cosas que necesitábamos. Una noche nos fuimos a comer unas hamburguesas con cerveza artesanal para festejar que superamos los 1.000 kilómetros de ripio (cualquier excusa es buena para comer unas ricas hamburguesas).

Pasamos cuatro días en Coyhaique en los que descubrimos una muy linda ciudad de casas de madera rodeada de montañas rocosas que en invierno se convierten en pistas de esquí. La última noche fuimos al taller mecánico y compartimos unos chorizos al disco con el resto del grupo.

Al otro día volvimos a la ruta con Pam y Juan y frenamos a unos 60 km de la ciudad a disfrutar el día de sol en una playa de río. Nos bañamos en el agua y aprovechamos a lavar ropa. El lugar era muy lindo pero estaba muy sucio, lleno de basura, botellas y papeles.

 Puerto Cisnes

El miércoles amaneció nublado y nos fuimos hacia Puerto Cisnes. Antes de llegar pasamos por la Piedra del Gato, la parte más difícil de construir de la Carretera por los valles estrechos y las grandes formaciones rocosas. Frenamos a almorzar en otra linda playa frente al Río Cisnes, que estaba mucho más limpia y menos concurrida que la anterior. El camino hacia Cisnes es muy verde y serpentea por valles hasta el pueblo que se ubica a orillas del canal Puyuhuapi. Dimos una vuelta por el pueblo, despachamos unos libros a distintos puntos de Chile en el correo y pasamos la noche frente a la costanera.

Al otro día pasamos por Puyuhuapi, una pequeña localidad de influencia arquitectónica alemana y pasamos por la entrada del Parque Nacional Queulat, cuyo mayor atractivo es el ventisquero colgante. Como el día estaba lluvioso y muy nublado, decidimos seguir viaje y hacer noche en la plaza de La Junta.

Villa Santa Lucia

Una costumbre que tenemos es que siempre al llegar a un nuevo pueblo lo primero que hacemos es visitar su plaza principal. Cuando llegamos a Villa Santa Lucía quisimos hacer eso pero lo que en el mapa figuraba como plaza eran montañas de escombros y tierra. Dimos una vuelta y nos dimos cuenta que había algunas casas destruidas y nos dio la sensación de que faltaba parte del pueblo, sin duda algo había pasado allí pero no entendíamos qué. Tomamos una calle rodeada por dos terraplenes de tierra y desembocamos en la puerta de una casa grande de dos pisos. Un cartel en la entrada indicaba que era “La Casa de la Bandera”. Afuera había un auto abierto y la puerta de la casa estaba entre abierta y tenia las llaves puestas. Todo parecía indicar que alguien iba a salir a recibirnos, pero estaba desierto, como si se hubieran ido de un momento a otro. Caminamos hasta la entrada donde había varios carteles y nos enteramos que en Diciembre de 2017, hace tan solo un año atrás, la mitad del pueblo quedó tapado por un deslave que se desplazó por la montaña 6 km hasta el centro del valle. La avalancha de roca, barro y escombros destruyó las casas y la infraestructura publica dejando 22 muertos. Dentro de la zona de desastre, la casa de la bandera es la única que quedó en pie. Sus 5 habitantes sobrevivieron a la tragedia. Dentro de la casa encontramos una especie de museo con fotos, recortes de diario, información sobre el hecho, consecuencias, testimonios y objetos rescatados. Nos impresionó ver cómo era el pueblo antes y cómo todo quedó cubierto bajo el barro. La plaza principal que habíamos querido visitar había sido inaugurada unos meses antes de aluvión y ahora sólo queda un pedazo de techo y una placa conmemorativa a los fallecidos. Nos fuimos de Santa Lucía en silencio y conmocionados.

La Casa de la Bandera rodeada de nada. Antes era un barrio normal

Futaleufú

En Santa Lucía dejamos la Carretera Austral y tomamos el desvío hacia Futaleufú. Antes de entrar al pueblo, frenamos al lado del Río el Espolón donde pasamos la noche. Como nos gustó mucho el lugar, nos quedamos un par de días allí disfrutando del buen clima. También nos volvimos a encontrar con Beto, Juli, Eli y Pablo que ya habían podido solucionar los problemas mecánicos en Coyhaique y compartimos una noche de fogón y pollo al disco. El domingo fuimos para Futaleufú, un pueblo tan chiquito y prolijo que parece una maqueta. Hicimos un par de trámites y cuando todo estuvo listo, cruzamos la frontera para volver a nuestro país después de un mes de haber salido.

La Carretera Austral son miles de kilómetros de paisajes hermosos, glaciares, cascadas, ríos, fiordos, cuevas, lagos de todos los tonos de azul y verde y lugares ideales para acampar en medio de la naturaleza, pero también implica caminos duros, mucha tierra y ripio. Implica asegurar contra la vibración las puertas, techo y cajones y desinflar un poco ruedas antes de arrancar; y al llegar a un lugar ponerse a sacudir y limpiar todo, ajustar tornillos flojos, regular frenos, volver a acomodar lo que se desbarató. Es resignarse a que todo esté cubierto de polvo, a que se abran placares y se sacuda todo. Sin embargo, es un lugar imperdible y tiene que estar en la lista de pendientes de todo viajero, para nosotros esta aventura valió completamente la pena.

En resumen:

-Hicimos 1.703 kilómetros, de los cuales 1.117 fueron de ripio.

-Estuvimos 32 días.

-Entramos desde Argentina por Chile Chico. Ingresamos a la Carretera a la altura de Puerto Bertrand, bajamos hasta Villa O’Higgins y subimos hasta Villa Santa Lucía desde donde salimos de la Carretera por el desvío hacia Futaleufú.

-Tomamos una barcaza gratuita desde Puerto Yungay que atraviesa el Fiordo Mitchell para poder llegar a O’Higgins.

-El lugar en el que más nos quedamos fue Villa O’Higgins (una semana).

-La ciudad más grande que visitamos en todo el recorrido fue Coyhaique, capital de la región de Aysén.


No te pierdas el VIDEO del recorrido entrando acá!

Para ver muchas más fotos del recorrido por la Carretera, seguinos en Facebook o Instagram!

Anuncios

3 respuestas a “Un mes en la Carretera Austral

  1. Que bueno que hayan venido por la Patagonia Austral, Ruta 40 en Santa Cruz (ARG) y Carretera Austral (CHL), me gusta mucho lo que escriben. Gracias!
    Va un fuerte abrazo desde Rio Gallegos – Patagonia Austral Argentina.
    Luis

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s