Ruta 40: de Bariloche a San Martín de los Andes

Ruta 40: de Bariloche a San Martín de los Andes

En la nota anterior, les contamos sobre nuestro paso por la Comarca Andina. Ahora es el turno de las joyas del sur, algunos de los lugares más turísticos y visitados que tuvimos el placer de conocer en “la baja baja”, como le llaman a los meses de mayo y junio: cuando menos turistas hay justo después de Semana Santa y antes de que arranque el invierno.

Lagos camino a Bariloche

Salimos de El Bolsón con el sol que nos seguía acompañando. La primera parada en esta ruta tan fotogénica fue en el Lago Steffen. Para llegar al mirador tuvimos que desviarnos unos 4 km por un camino de ripio que no estaba bien conservado. Por eso decidimos frenar a almorzar en el mirador y volver a tomar la ruta, sin bajar los 7 km que restaban hasta el lago.

La siguiente escala fue en el Lago Mascardi. La costa esta pegada a la ruta y pudimos acomodarnos fácilmente en un área de descanso, al lado de una parrillita con la mejor vista al lago. Como había mucho espacio y poca gente, Ripio pudo andar suelto y jugar con los troncos de la playa. Mate en mano, vimos un atardecer hermosísimo sobre la espalda del Cerro Catedral. Cuando oscureció, nos metimos en la Kombi, jugamos a las cartas, vimos una película, cenamos y nos fuimos a dormir. Un día perfecto.

Al otro día, volvimos a la ruta y frenamos frente al Lago Gutiérrez a almorzar. Cuando preparábamos la comida, se acercó a charlar un hombre que se presentó como “El Pelado” y nos contó que había ido hasta Alaska en bicicleta, además nos dejó una invitación para ir a su casa cuando quisiéramos.

Bariloche

Después del almuerzo, entramos a la ciudad. Ese día el clima cambió por completo. El veranito se fue repentinamente y empezó el viento y la lluvia. La bienvenida a la ciudad no fue la mejor: a la lluvia y el frío se le sumó que la Kombi empezó a fallar, que nos agarró todo el tráfico de un viernes a la tarde y que se estaba haciendo de noche y no sabíamos dónde parar a dormir. Después de dar varias vueltas, nos fuimos al estacionamiento de la capilla San Eduardo, atrás del hotel Llao Llao. Pasamos la noche bajo un aguacero, adentro de la Kombi todo era humedad, frío y condensación.

Al otro día fuimos al Centro Cívico a hacer un par de trámites ya que en unos días nos íbamos de visita a Buenos Aires y teníamos que resolver dónde dejar la Kombi y darle unas vacunas a Ripio para que pueda viajar en la cabina del avión con nosotros (En esta nota te contamos nuestra experiencia de volar con mascotas). El domingo, nos estacionamos al lado del arco del Centro Cívico y pasamos todo el día vendiendo nuestro libro del viaje y algunas artesanías.

De ahí nos fuimos a Colonia Suiza, un pequeño poblado a unos kilómetros al sur de la ciudad, donde tuvimos dos lindos encuentros inesperados. El primero fue en el camino cuando un auto nos tocó bocina para que frenáramos. Era Nacho, un excompañero de trabajo de Nico que andaba de vacaciones con su novia. Ellos nos recomendaron la cervecería Berlina y hacia allí fuimos. Cuando llegamos, nos encontramos con Natalio, a quien habíamos conocido en Puerto Pirámides unos meses atrás. Ahora estaba trabajando ahí y nos convidó con unas riquísimas cervezas y sidra artesanal. Cuando salimos de ahí, la lluvia seguía sin dar tregua, dimos una vuelta por el Circuito Chico, fuimos hasta Villa Tacul, almorzamos algo y vimos una película. A la noche volvimos para la ciudad porque nos habían invitado a cenar Dana, su marido Gabi y sus tres hijos. Son una familia muy linda, también amantes de las Kombis. Además de comer unas buenas pizzas y panqueques, nos divertimos mucho charlando con ellos. Esa noche dormimos en el patio cervecero en el centro. Al otro día, donde también nos dedicamos a hacer trámites y cosas pendientes que solemos dejar para las ciudades grandes, quisimos dormir en una estación de servicio, como hemos hecho mil veces en este viaje. Pero cuando preguntamos si podíamos estacionar ahí, quisieron cobrarnos $300. Como no pensábamos pagar por eso, volvimos al patio cervecero en la Avenida Pioneros. Lo que nos resultó más complicado en Bariloche fue encontrar lugares tranquilos donde dormir dentro de la Kombi. En los 15 días que estuvimos, dormimos en 8 lugares distintos.

El lado positivo es que Bariloche nos regaló muchos nuevos amigos, como Maty y Nati, que aparecieron en el momento en que más lo necesitábamos. Veníamos de varios días de vueltas, trámites, frío, una lluvia que no paraba y la Kombi que seguía fallando, esta vez eran los frenos. Maty nos escribió para comprarnos un libro y cuando nos encontramos para entregárselo nos invitó a la casa. En el camino, le dije a Nico que necesitaba tomar un café con leche que me reavivara, estábamos cansados. Cuando llegamos a la casa nos recibió Nati y al ver nuestras caras de agotamiento lo primero que nos preguntó fue si queríamos tomar un café con leche. ¡Parecía que nos había escuchado! Es increíble pero siguen aparecieron regalos que nos da el camino justo cuando más los necesitamos. Esa noche nos quedamos a dormir en su casa bien calentitos y al otro día pudimos arreglar los frenos. Compartimos varios días con ellos entre comidas ricas, mates y mucha charla. Nos dieron una mano enorme y pudimos volver a encontrarnos con ellos unos meses después en San Martín de los Andes.

Marcelo es otro nuevo amigo que se contactó con nosotros para ofrecernos ayuda y nos cuidó la Kombi mientras viajamos a Buenos Aires de visita por 15 días. Además, nos invitó a tomar un clásico chocolate barilochense el día que nos fuimos de la ciudad. En Bariloche también nos volvimos a reencontrar con Cori y Vero de Buscando a mi gente, nuestras grandes amigas venezolanas y pasamos varios días a pura mecánica. Nico las ayudó a resolver algunos problemas que venían teniendo y ellas se dedicaron a prepararnos los platos más ricos; todo esto en el jardín de Dany, un artista (el que hace las estatuas de la chocolatería La Abuela Goye) que nos prestó el lugar para trabajar y dormir. Además conocimos a Flor y Luis, quienes nos hicieron el favor de traernos un documentos que necesitábamos para Ripio desde Buenos Aires y compartimos con ellos una rica cena puertorriqueña.

Para Semana Santa decidimos volver a Colonia Suiza y probar las ventas por ahí. Cuando llegamos no sabíamos dónde estacionar ya que la calle principal donde están todos los negocios y restaurantes es muy angosta. Quien se percató de nuestra búsqueda e indecisión para estacionar fue Diego, que en seguida nos hizo un lugar para armar nuestra tienda rodante. El también es fanático de las Kombi y estaba con su puestito vendiendo productos orgánicos. Ahí nos volvimos a encontrar con Beto y Juli (Vuelta x América), Pam y Juan (Respira el Momento en Kombi) y Cori y Vero y pusimos las camionetas una al lado de la otra formando una gran feria viajera.

Durante los cuatro días de Semana Santa la lluvia dio un respiro y salió el sol, lo que nos permitió vender nuestras cosas y charlar con la gente que durante todo el día pasaba caminando por el lugar.

Allí también conocimos a Adrián y Malen, los dueños del restaurante El Fundo, que nos invitaron junto con el resto de los viajeros, a pasar unas lindas noches post ventas para compartir unas cervezas y comer cosas ricas. La última noche la cerramos en Berlina brindando por la exitosa semana de trabajo. Otra persona que se acercó en Colonia Suiza fue Ana, dueña del camping Ser, quien nos invitó a todos a pasar la noche ahí. Nos fuimos de Colonia muy felices y agradecidos con todos los que nos ayudaron.

Villa La Angostura

Después de más de dos semanas en Bariloche, volvimos a la ruta y nos fuimos a Villa La Angostura. En el camino nos paró un control de gendarmería que nos revisó con un perro. Nunca en todo nuestro recorrido hasta Alaska nos había pasado. El perro parecía estar un poco alterado porque claro, todo adentro de la Kombi tenía el olor de Ripio, nuestro gato viajero. Mientras nos revisaban, frenó un auto al lado y de él se bajaron los papás de Anita, una amiga de Nico de la facultad. Nos quedamos charlando un rato, nos sacamos una foto, el control nos dejó ir y seguimos viaje.

En La Angostura nos reencontramos con Gonza y Jor, otros amigos a quienes habíamos conocido en Ecuador unos años atrás. Ahora ellos se instalaron en el sur y reciben viajeros en su casa. Allí también volvimos a coincidir con Pam y Juan con quienes veníamos compartiendo ruta desde enero.

Allí Nico se reencontró, de casualidad, con un excompañero de trabajo que se había mudado desde Santa Fe para poner un restaurante. Rafa y su mujer Alejandra nos invitaron a almorzar en Viejos Tiempos y pasamos toda la tarde charlando. Unos días después, nos juntamos a cenar con Tomás, Miguel y Graciela, parientes de Lola que hacía mucho no veía. Sin dudas, La Angostura fue el lugar de los reencuentros.

Camino de los Siete Lagos

Esta ruta escénica de 107 km es muy famosa y en verano súper concurrida. Nosotros ya la habíamos recorrido de chicos con nuestras familias, pero no la habíamos visitado en Kombi, ni en otoño. Los colores que nos regaló el camino nos encantaron y disfrutamos la ruta frenando en cada mirador y sacando miles de fotos. El primer lago que visitamos fue el Correntoso, a la salida de La Angostura. Después bajamos en el Espejo y seguimos hasta el Escondido, que se logra divisar desde un mirador y, como su nombre lo indica, se esconde detrás de los árboles. Decidimos tomar un desvío de 30 km e ir hasta Villa Traful donde almorzamos frente a la playa y Ripio aprovechó a correr y jugar en la orilla. Antes de que oscureciera, volvimos a tomar la Ruta 40 y frenamos al lado del Río Pichi Traful a pasar la noche en un camping libre que era todo para nosotros. A la mañana siguiente todo estaba helado, hasta algunos piletones formados por el agua del río se habían congelado. Aprovechamos la mañana en el camping y cerca del mediodía seguimos camino, pasando por el Lago Villarino, el Falkner y la Cascada Vuliñanco. Tomamos otro desvío y nos fuimos a conocer el Lago Hermoso. Dimos unas vueltas por el pequeñísimo poblado que lo rodea y visitamos una casa de artesanías locales. Al salir, pasamos por el lago Machónico que tiene un gran mirador y finalmente nos recibió el Lacar frente a San Martín de los Andes.

San Martin de los Andes

Cuando llegamos a San Martín de los Andes sabíamos directamente a dónde ir. Sin escalas, estacionamos en un playón que hay frente al Lago Lacar donde se fue instalando una linda comunidad de viajeros: Kombis, Traffics y enormes motorhomes formaban la vecindad. Proyecto Pampa, Ambedo por el mundo, El camino de Magui, Colibri de Abya Yala, Manada con Ruedas, Bondi Hola y Respira el Momento eran parte de la comunidad en ese momento.

Pasamos unos días en el barrio viajero compartiendo cenas, charlas y alguna que otra excursión y el 25 de mayo nos fuimos a la plaza principal a comer locro y vender algunos libros. Esa misma tarde fuimos a Lolog, donde nos encontramos con Mariano y Nicole, otros viajeros kombinautas que decidieron instalarse en estos pagos. Pasamos unos días en su casa y conocimos a sus amigos y vecinos de Lolog.

Cuando terminamos todo lo que teníamos que hacer por el centro, nos instalamos en lo que sería nuestro hogar por los próximos meses: la casa de Norberto, Flor, Nahiara, Abril y Juana, quienes estaban de viaje y nos permitieron quedarnos en su hermosa casa en la montaña para no morir congelados y disfrutar del invierno patagónico. Justo el día que llegamos no paró de llover y al otro día amaneció todo nevado. Felices de poder recibir la nieve bajo techo y con la leña ardiendo en la chimenea. El invierno estaba llegando y nosotros estábamos en el lugar perfecto para recibirlo. Más adelante ya les contemos cómo siguió esta historia de invierno y nieve en la Patagonia.

 

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