¿Cómo frenar después de vivir viajando?

¿Cómo frenar después de vivir viajando?

Si hace un tiempo la pregunta que más recibíamos era “¿cómo hacen para vivir viajando?”, ahora la más recurrente es “¿cómo hicieron para volver y frenar?”

En 2015 volvimos de visita a Buenos Aires después de 1 año de haber arrancado el viaje y escribimos esta nota sobre la vuelta. También en nuestro libro “A 60 km/h” tratamos el tema en un capitulo que llamamos “Sobre el regreso -o cómo enfrentar la vuelta-”. Allí les contamos un poco lo que nos pasó las veces que volvimos de visita y cómo nos sentimos.

Pero esta vuelta fue distinta. En lugar de estar de paso por un evento en particular, decidimos volver con la Kombi y buscar nuestro lugar para frenar un rato. Hacía un tiempo que veníamos sintiendo ganas de bajarnos de la Kombi y tener un lugar propio. Nos llevó unos cuantos meses y kilómetros encontrarlo, pero apareció.

Después de pasar 4 meses en Buenos Aires donde publicamos el libro, salimos en Noviembre de 2018 hacia la Patagonia bajando por la Ruta 3 hasta Ushuaia y subimos por la Ruta 40 hasta San Martín de los Andes. Allí tuvimos la oportunidad de frenar otros 3 meses y vivir un invierno con nieve, algo que nos había quedado pendiente desde que estábamos en Alaska. La Patagonia nos encantó y creemos que sus paisajes son lo más bello que tiene nuestro país, pero sus costos y principalmente su clima hicieron que para nosotros sea más duro instalarnos y arrancar allí desde cero.

Después de pensarlo mucho, volvimos a subirnos a la Kombi y decidimos encarar hacia Córdoba. Finalmente, en agosto de 2019, justo 5 años después de haber arrancado el viaje, encontramos nuestro lugarcito en las sierras cordobesas. Gracias a la sugerencia (y presión) de varios amigos cordobeses, nos instalamos en Los Reartes, cerca de Villa General Belgrano, en el Valle de Calamuchita.

casa los reartes familia
Visita de nuestras familias a penas nos mudamos

¿Cómo terminamos acá?

Realmente no lo sabemos bien. Durante nuestro recorrido por el sur había veces que sentíamos que nunca iba a aparecer ese lugar, que siempre diríamos “¿y por qué no seguimos buscando?”. Pero al llegar fue algo instantáneo. Sentimos que este lugar nos eligió a nosotros, todo se dio de una forma muy simple y rápida. A un mes de haber salido de San Martín de los Andes sin certezas, ya teníamos la llave de la casita que estamos alquilando. Al llegar a la zona del Valle de Calamuchita nos reencontramos con amigos que habíamos cruzado viajando, también conocimos muchas personas lindas de la zona que nos hicieron sentir cómodos desde el primer día, encontramos una casa que era justo lo que buscábamos (el espacio perfecto para los dos y para armar un taller, lo suficientemente alejada para estar rodeados de verde, sierras y mucha paz, pero al toque de un centro urbano), empezamos a recibir varias ofertas de trabajo, y, otro dato no menor fue que Dora, nuestra Kombi, se quedó sin frenos justo frente a una plaza donde había una linda familia con su Kombi (Franca, Fer y Luz de @kombidandoluz, ahora somos vecinos y grandes amigos).

¿Qué estamos haciendo ahora?

La pausa que hicimos en San Martín de los Andes nos sirvió para pensar un poco qué queríamos hacer para sustentarnos. Si bien todo el camino hasta Alaska nos financiamos con la venta de nuestras artesanías y los últimos meses también con la venta del libro (podes conseguirlo acá), teníamos ganas de hacer otra cosa. Yo (Lola), soy Periodista y antes de salir de viaje trabajaba como Community Manager en una agencia de Marketing Digital. Durante el viaje no trabajé como eso ya que implicaba estar todo el tiempo conectada a internet, algo que para mí no era compatible con la forma de vida que estábamos eligiendo en la ruta. Al regresar, decidí retomar ese trabajo pero de forma freelance. Por suerte conseguí rápidamente algunos clientes y puedo trabajar desde cualquier lado manejando mis horarios. A Nico siempre se le dio bien el trabajo manual y quiso empezar a fabricar juguetes de madera. Invertimos en herramientas, buscamos ideas, hicimos diseños, compramos pinturas y nació Arandú Juguetes. Fueron varios meses de pruebas y aprender cosas que nunca habíamos hecho, pero quedamos felices con el resultado. Hoy ya tenemos nuestro tallercito en Córdoba y nuestra página desde donde los vendemos. Pueden chusmearla acá: arandujuguetes.com.ar

¿Nos costó mucho quedarnos quietos?

La verdad es que no. Frenar en San Martin de los Andes nos sirvió para darnos cuenta que necesitábamos descansar del viaje un tiempo. Además, al tener un proyecto en mente y algo en qué ocuparnos, en seguida nos metimos de lleno con eso. Instalarnos en un lugar diferente del que salimos también ayudó mucho, todo fue nuevo, casi como cuando entramos a un país y tenemos que aprender y adaptarnos a sus códigos. Nos encantó volver a vivir eso y afortunadamente en seguida nos sentimos muy cómodos en Córdoba. Creemos, además, que no fue difícil instalarnos porque todo el regreso en sí fue un proceso de varios meses, no volamos directo desde Alaska a Argentina de un día para otro, sino que la vuelta tomó su tiempo, tiempo que nos sirvió para asimilar todo lo vivido y poder pensar y decidir qué hacer y dónde. Sin dudas el viaje nos cambió completamente y nuestra búsqueda era distinta que al salir. Tal vez si hubiéramos vuelto al mismo lugar del que arrancamos, a hacer lo mismo que antes o sin tener un proyecto en mente, todo hubiera sido más difícil.

La vista de nuestra casita desde el aire.

¿Nos cansamos de viajar?

Nunca nos cansaremos de viajar. Siempre estamos pensando en lugares para conocer, sean cerca o lejos, y nuestra lista de pendientes todavía es muy larga. Pero un viaje largo puede ser cansador. Cuando algo se hace durante mucho tiempo, puede convertirse en una rutina, y eso nos pasó un poco. Aunque suene raro, decidimos romper con esa rutina de viaje quedándonos quietos. Queríamos frenar para poder disfrutar de las cosas simples de vivir en una casa: no preocuparnos por dónde dormir cada noche, poder darnos una ducha caliente siempre que queramos, arrancar con nuestra huerta, tener ciertas comodidades (nada del otro mundo, simplemente un horno y wifi), poder recibir visitas y ser nosotros los anfitriones y, sobre todo ser parte de una comunidad y tener un grupo de amigos de los que no tengamos que estar despidiéndonos constantemente.

Nuestra huerta que arrancamos en octubre
Nuestra huerta que arrancamos en octubre

¿Vamos a vender la Kombi?

No no no, no hagan sus ofertas que Dora no está en venta. Después de 5 años y más de 100 mil kilómetros de rodar se merecía un descanso, pero de todas formas al ser nuestro único vehículo la seguimos usando casi todos los días y muchos amigos que nos vienen a visitar terminan usándola como habitación de huéspedes.

¿Cómo es nuestra vida diaria?

Ahora estamos bien inmersos en la rutina: ¡la rutina de la no rutina! Estamos trabajando mucho en los juguetes y hay días en que no paramos un segundo, pero al tener nuestro emprendimiento propio todo es satisfacción. Como cuando estábamos en ruta, al no tener que cumplir horarios, nos sigue dando igual si es domingo o miércoles. Solemos cortar los días de trabajo un par de veces a la semana para ir al río en bici y por suerte siempre estamos rodeados de amigos y vecinos. Acá no hay que esperar al fin de semana para juntarse a tomar unos mates, lo mejor es cuando caen de sorpresa! También pudimos involucrarnos en la comunidad. Durante varias semanas nos juntamos para organizar una feria local de la que estamos participando con la venta de los juguetes y vamos a cuanta charla y evento haya. Además, dos veces al mes hacemos una compra comunitaria de verduras y frutas donde compramos mayorista y entre todos los que participamos nos juntamos a repartimos los bolsones. Nos resulta muchos más económico que comprar en verdulerías y se genera un lindo momento que nos permite seguir conociendo gente nueva. Puede ver más fotos en nuestras historias destacadas de Instagram

Repartida comunitaria de frutas y verduras

¿Cómo se adaptó Ripio a la vida sedentaria?

Está feliz. Lo dejamos que entre y salga cuando quiera. Durante el día se la pasa durmiendo en su sector del sillón y a la noche suele salir a cazar. A veces nos trae unos regalitos no aptos para impresionables (lauchitas, cotorras, cuises, lagartijas, sapos y hasta liebres). Uno de sus hobbies es dormir la siesta dentro de las camionetas de amigos que nos visitan. Lo vemos que disfruta mucho, recorre el barrio, trepa árboles, a veces nos acompaña al río y siempre vuelve a casa. Está en su salsa.

Este fue un resumen de lo que andamos haciendo desde septiembre 2019, cuando decidimos bajarnos de la Kombi y volver a vivir en una casa sin ruedas. ¿Será para siempre? Mmm no, para siempre es demasiado tiempo. Ya veremos que nos depara el futuro. En principio, en unos meses vamos a hacer un viaje en familia del que ya les contaremos más. Y para los viajeros que andan con miedo de volver, les decimos que cada cosa tiene su momento, que no “quemen etapas”, que controlen la ansiedad (yo en  viaje pensaba mucho: “qué vamos a hacer cuándo volvamos” y nunca me imagine esto, así que mejor no hacerse la cabeza), que busquen con paciencia que todo llega y que elijan lo que realmente su corazón les diga (cursi pero real). ¡Hasta la próxima nota!


6 respuestas a “¿Cómo frenar después de vivir viajando?

  1. Hola, siempre es una alegría saber de ustedes. Más saber que están bien y felices. Durante años seguí y disfruté el viaje de ustedes, vi lugares que no sabía que existían, me quedaron muchas imágenes en mi cabeza, una de ellas es la foto de la aurora boreal en Canadá cuando volvían de Alaska junto a otra kombi. Mi abuela, una luchadora, una mujer sin educación que crió sola a sus hijos porque enviudó joven decia: SABER VIVIR ES LA CLAVE, QUE VIVIR CUALQUIERA SABE, creo que ustedes están cumpliendo con la frase. Un abrazo grande desde Uruguay y les deseo lo mejor de corazón.

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    1. Hola Luis! Muchas gracias por tu mensaje y buena onda. La aurora fue un momento único en el viaje, a nosotros también nos marcó!
      Tu abuela tenia toda la razón!!
      Gracias por viajar con nosotros! Te mandamos un beso grande! Nico y Lola

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  2. Es una maravilla lo que han viajado, soy un adulto de 68 años y viajé durante 5 meses solo en mi auto wolswagen vento año 98 por la patagonia de mi país, soy Chileno y deseo el año 2021 llegar Alaska quiero su libro un abrazo.

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    1. Hola Victor!! Muchas gracias por tu mensaje. Sin dudas la Patagonia, tanto chilena como argentina, son maravillosas. El verano pasado recorrimos la Carretera Austral!.

      Te cuento que el libro sale u$s 17 y el envío a Chile u$s 20. En total son 37 dólares y se paga por PayPal con tarjeta de crédito (te mandaremos un link al mail que nos digas con la solicitud de pago).

      El libro se envía por correo postal y el tiempo de entrega varía entre 20 y 25 días hábiles, según el destino.
      Se entrega bajo firma a quien se encuentre en el domicilio que nos indiques y cuenta con seguimiento (dentro de la Argentina mediante el sistema Track&Trace y fuera del país a través del correo del país de destino). Cualquier cosa escribinos!

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